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El Rioja

En continua ascensión por las laderas de José Luis

Iñigo Berzal entre los viñedos de Baños de Ebro

Los veranos de su adolescencia los pasó ladera arriba, ladera abajo, recorriendo una viña de su padre en Baños de Ebro plantada a casi 500 metros de altitud en Las Mugas, límite con San Vicente de la Sonsierra. Con desgana y rebeldía, Iñigo Berzal se decía a sí mismo y a su familia que el campo y los vinos no iban a ser cosa suya. Casualidades de la vida que su cabeza dio un giro de 180 grados y se decantó por el módulo de Enología que más tarde le llevaría a estudiar Ingeniería Agrícola. Los vaivenes de la edad.

Lo cierto es que su decisión marcó un antes y un después en la actividad vitivinícola que su padre y sus dos hermanos ya desarrollaban con anterioridad. La entrada de Iñigo en el sector fue el detonante para pasar de una pequeña bodega en el centro del pueblo donde tan solo se elaboraba un cosechero de maceración carbónica a un espacioso lugar a las afueras, rodeado de viñas, y con una capacidad de elaboración que su padre nunca hubiera imaginado.

Iñigo posa en el balcón de su bodega con Baños al fondo.

«Una pena que no tuviera tiempo ni de conocer la idea del proyecto, porque hubiera sentido un gran orgullo tanto de lo conseguido por sus hijos como por mi incorporación al sector», rememora. La actual Bodega Dominio de Berzal cuenta con una veintena de años a sus espaldas y un total de nueve vinos sacados de sus 50 hectáreas en propiedad, con sus diferentes zonas, suelos, climas y orientaciones que permiten crear esa gran diversidad en su botellero.

Destaca la última creación, cómo no, proveniente de esa viña que tanto desdén le provocaba a Iñigo. El nombre que iba a adquirir ese vino estaba claro. «Chiguito, súbete ahí a las laderas», le repetía su padre de chaval. «Laderas pa’ aquí, laderas pa´allá». Y el nombre de su padre José Luis tenía que estar presente como homenaje. Así que ya lo tenía. El pasado julio saltaba al mercado ‘Las laderas de José Luis’ como uno de los primeros vinos comercializados bajo la categoría de ‘Viñedo Singular’. Apenas una partida de 2.000 botellas de un tempranillo que Tim Atkin ha calificado con 95 puntos. «Durante la cata, no soltaba nuestra copa de las manos».

Tierra arcillosa calcárea por lo somero, suelo más cascajoso al pie de la ladera por la escorrentía del agua. Y unas vistas de ensueño con el Castillo de Davalillo sobre un mar de viñas. Más al fondo, el de San Vicente de la Sonsierra. Aquí las fronteras geopolíticas pasan un poco desapercibidas. «De una viña a otra contigua has podido cambiar de comunidad autónoma y ya ni reparas en ello». Porque lo que más valora la gente de la zona es que este patrimonio vitícola no desaparezca.

¿Qué ocurre con esa propuesta del PNV para tener potestad sobre la gestión de Rioja Alavesa? «Desconozco un poco lo que pretenden, pero creo que esa propuesta no va a llegar a buen puerto. Aquí lo que buscamos es que el paisaje no desaparezca, motivando a los viticultores a revalorizar esta zona con el trabajo que ello conlleva, porque no cuesta lo mismo producir un kilo de uva aquí que en Rioja Oriental, por lo que también se debe buscar esa diferenciación. Si con ese cambio buscan ofrecer una alternativa de diferenciación, no me parece mal; pero si es por intereses políticos o comerciales, no lo veo», sentencia Iñigo.

Atrás queda su viñedo singular en el término de Baños, pero antes de volver a entrar en Álava toca pisar asfalto riojano. Los cerca de 250.000 kilos de uva que cada año entran en bodega proceden de nueve variedades distintas, cuatro de ellas foráneas (Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Prieto Picudo) y plantadas alrededor de las instalaciones en diferentes surcos, «para ver sus comparaciones tanto en las hojas como en los racimos». Su destino es el ‘7 varietales’, aunque el carácter se lo otorga la maturana que, junto a la garnacha y el graciano, componen este «vino especial».

El ‘Viñedo Singular’ de Dominio de Berzal.

En ese catálogo de limitadas creaciones florece ‘Parcelas’. Unas ochocientas botellas cien por cien viura procedentes de pequeños y sinuosos corros de viñas que caracterizan el paraje de Rioja Alavesa. Elaborado en huevos de hormigón para obtener esa microoxigenación y que las lías aguanten más tiempo en suspensión, este vino también ataca fuerte en el paladar del ‘Master of Wine’ británico (94 puntos en 2020).

Sostenible, sí; ecológico, no

El corquete y los cestos llevan más desde priemros de octubre a cobijo en Dominio de Berzal, esperando a la cosecha 2021. El último en cortarse ha sido el graciano, que siempre se resiste un poco. Apenas ha habido selección en campo y hacía tiempo que Iñigo no veía ni un solo grano de uva blanca sin botrytis, una calidad que se ha mantenido también en las tintas aunque aquí se haya notado más carga y menor graduación.

El trabajo previo en la viña se ha hecho notar, «todo gracias a unos tratamientos preventivos y eficaces aplicados en el momento adecuado». Porque Iñigo no está en contra de lo ecológico, aclara, sino que apuesta por lo sostenible: «Hacemos una producción integrada porque usamos productos que dañen lo menos posible el medio ambiente, sin herbicidas… pero un cultivo ecológico en esta zona es inviable, antirrentable, porque ya conozco a gente que lleva varias cosechas perdidas».

«¿Y hasta qué punto lo ‘eco’, que tanto está de moda, es respetuoso?». Iñigo no solo se cuestiona su viabilidad en los terruños de Rioja Alavesa, sino sus efectos medioambientales porque los tratamientos en sus viñas durante esta primavera se aplicaban cada siete u ocho días, mientras que los ecológicos recibían sulfato de cobre y azufre cada cuatro o cinco. «¿Quién contamina más?». Ante años complicados como este, con una meteorología adversa y un mercado incierto, Dominio de Berzal no arriesga. Próximo reto: afrontar una campaña navideña inusual con el cliente final como foco principal.

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