El Rioja

El alma más reivindicativa de los varietales en el corazón del Najerilla

Recorre esa tierra rojiza del valle del Cárdenas con la misma ilusión y sentimiento que lo hacía aquella niña que salía del colegio dispuesta a ayudar en lo que por aquel entonces era el encuentro social y familiar del año. Un despliegue en toda regla de viandas de la zona para afrontar jornadas de corquete y cestos, siempre con la vista puesta en si saldría buen o mal vino, porque antaño los kilos no importaban.

Acompañada de su tío Pedro, Pilar Martínez Alesanco se adentra en las cinco hectáreas de viñedo que divisan desde lo somero del monte el pueblo de Badarán. “A esta todavía le quedan cerca de veinte días o un mes, pero mira las uvas qué bien se han criado”, le comenta mientras tantea los racimos de maturana tinta. En esa viña conviven también tempranillo tinto y blanco y Pilar discierne con total perfección entre unas y otras hablando del tamaño de las bayas, la textura de su piel, la tonalidad del mosto al estrujarlas, la forma de los racimos o el brillo de las hojas.

“Este paisaje terroso y en altura es un patrimonio que se debe respetar”, en plena frontera de la DOCa Rioja y con las antiguas variedades que en su día resistieron a ser arrancadas. “Debemos crear un perfil en Rioja con los vinos de nuestra tierra más que centrarnos en importar tendencias”, considera la enóloga de Bodegas Martínez Alesanco. Lo único que le falta a esta viña es convertirse, oficialmente, en ‘Viñedo Singular’, porque a ojos de Pilar ya lo es.

“Solo porque no tiene más de 35 años no está dentro de la categoría, pero todos los demás requisitos los cumple de sobra”, apunta. Por eso, prefiere coger ella el timón, ir a su ritmo, crear a su gusto, con su propio protocolo, porque su entrada en esta nueva etiqueta de Rioja quiere que sea “sobre calidad, sobre verdad”.

Y así surge Nada que ver, uno de los vinos estrella de Pilar, elaborado en base a la confianza puesta sobre el terruño y la diferenciación de las variedades minoritarias que despertó un rayo de euforia en la familia Martínez Alesanco allá por el 2004. No sería hasta tres años después cuando la maturana tinta recibiera el reconocimiento merecido, «gracias también al respaldo de la Universidad de La Rioja promotora del proyecto de recuperación».

«La variedad y yo nos hemos aclimatado mutuamente, nos hemos conocido en campo y bodega. El estudio previo era clave, barajando qué altitudes le favorecían más (porque es una variedad pirazínica que si no consigue el punto de maduración óptimo puede suponer un defecto más que una virtud) y controlando sus producciones, que en ningún caso superan los 5.000 kilos por hectárea. Luego ya tocó domarla en bodega, hacerla a mí, a través de una fermentación en barrica desfondada, viendo qué roble le podía ir mejor», explica la enóloga.

‘Et voila’, un resultado de escándalo que dejó a la vista «su gran potencial», el cual sería reconocido años después con diferentes galardones y etiquetas. «Ahora ya tengo más viñedos de maturana, a diferente altitud, con distinta posición y exposición, con terrenos clásicos y otros más pobres. La excelencia siempre está en entender el vino de otra forma, ver su ADN a través del pámpano, las hojas y el racimo. A partir de ahí, es un juego de vinos entre lo que quieres sacar y lo que puedes», señala Pilar.

No ha sido fácil lidiar con las tradiciones familiares. El cambio de paradigma hacia una viticultura centrada en producir menos o en hacer un vino ecológico no era algo que tuviera cabida en las mentes de sus antecesores. Pero esta cuarta generación de bodegueros en la familia es tozuda y tenaz. «Después de probar mis vinos sabían que algo bueno estaba haciendo». Un espíritu reivindicativo que ha acompañado siempre a Pilar y le ha permitido rodearse de nuevas apuestas vinícolas.

Garnacha centenaria.

Los varietales son la columna vertebral de su trabajo y ahí toma gran peso una pequeña viña plantada, según los primeros registros, en el 1905 a escasos metros de las nuevas instalaciones de la bodega. Destinada antaño a Reservas y Gran Reservas, en 2016 se lanzó al mercado «un vino mas de patrimonio que de tendencia como están ahora las garnachas, un vino que refleja al cien por cien lo que han sido siempre las garnachas del Najerilla, un vino muy franco tanto en campo como en bodega», señala.

Una parcela que también se resiste a formar parte de los ‘Viñedos Singulares’ de Rioja: «Me interesa que la gente conozca y valore el vino por lo que es, además de que luego se pueda ubicar dentro de la categoría como sello de garantía con otros distintivos de calidad. Pero ya decidiré cuando está listo para formar parte de esta lista».

Muchas glorias a sus espaldas, pero Pilar todavía esconde un as tras la manga. Su última apuesta es un espumoso blanco de calidad a través de una garnacha tinta en la que ha invertido sus dos últimas campañas. «La idea es sacarlo estas navidades como un Reserva, pero todavía queda mucho aprendizaje dentro de esta cultura de elaboración de espumosos porque quiero crear un vino con carácter de Rioja, diferente y fino». Cuestión de tiempo. Cuestión de filosofía.

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