Crisis del Coronavirus

Los sanitarios del COVID-19 hablan: «Esto ha sido como un mal sueño»

Los sanitarios del COVID-19 hablan

Héroes sin capa, pero sí con bata. Ángeles sin alas o, simplemente, sanitarios en pie de lucha. Los apelativos son numerosos y todos siguen el mismo cauce hacia el agradecimiento y homenaje de la ciudadanía por su esfuerzo y valentía arrojados entre mascarillas y EPI. Tras convulsas semanas de frenética actividad, hospitales y centros de salud parecen, por fin, respirar. Cifras de casos activos y fallecidos bajo mínimos, las UCI se relajan y en el Hospital San Pedro, desde el pasado 24 de mayo, ya no hay más pacientes en las camillas de intensivos.

Todo gracias a ellos. Los que han estado en primera línea de guerra desde el comienzo y los últimos que abandonarán la trinchera. Sus compañeros de fatigas han sido diversos, desde el «miedo», hasta la «ilusión», pasando por la «desesperación», el «insomnio», la «emoción», el «valor» y la «superación». Estos son algunos de los rostros del personal sanitario riojano que se ha dejado la piel en los momentos más críticos y que ahora aborda una nueva fase.

Emma Lodosa.

«El miedo ha estado presente en todo momento. Cuando tuve tos en marzo y me hicieron mi primera PCR. Cuando llegaba a casa con mis tres hijos pequeños o cuando tenía que atender a un niño con fiebre y ponerme el EPI. O cuando mi hermano, policía en Madrid, nos dijo que estaba infectado. Miedo también por mi madre asmática, así como por mis cuñadas y mi marido, todos ellos sanitarios», relata Emma Lodosa, pediatra en el Centro Médico de Alfaro.

«El coraje ha sido mi gran aliado para coger fuerzas y seguir trabajando. Solo quiero olvidar esta pesadilla, que espero no regrese porque he pasado tanto miedo que sigo bloqueada, incapaz de reiniciar mi vida con cierta normalidad y reencontrarme con algún familiar o amigo», apunta la pediatra.

Ascensión Aicua con su hija enfermera Isabel Nuin.

«El contacto sanitario con los pacientes de los entornos rurales ha sido y será siempre más cercano». Así lo manifiesta la médico del Centro de Salud de Rincón de Soto, Ascensión Aicua, quien recalca la «gran movilidad de las asociaciones del municipio a la hora de donar recursos para comprar mascarillas y EPI, lo que ha permitido tener un colchón importante de cara a los suministros de material sanitario».

La «tensión», sin embargo, ha estado ahí en todo momento, «cogiendo a su vez confianza en los municipios donde no fallecían personas». La Atención Primaria ha sido una de las grandes amenazadas en esta crisis con la saturación de todo su personal. Ahora, las administraciones se han puesto de acuerdo y han defendido por unanimidad la importancia de ofrecer una buena cobertura sanitaria en los Centros de Salud.

Delia Merino.

«La sensación más impactante que recuerdo fue ver la soledad de las personas mayores en situación crítica y sin poder ser acompañadas o despedidas por sus familiares. Es más, en ocasiones esas despedidas eran en presencia del personal sanitario y eso, realmente, da mucha pena», asegura Delia Merino, enfermera en el Hospital San Pedro. Al igual que ella, Rosana Fernández recuerda con tristeza «leer las cartas de familiares a los pacientes con Covid, muchas de las cuales no llegaron a tiempo.

Rosana Fernández.

«Tenía constantemente la sensación de que estaba en una guerra. Realmente ha sido una auténtica enfermería de guerra la que hemos practicado durante estos meses», recalca Rosana. Situaciones de máximo estrés físico, pero también psicológico que han podido paliar gracias a «la gran asistencia psicológica recibida». Delia apunta que con estas experiencias «se aprende a regular las emociones y entrenar la mente para estar alerta y a la vez buscar momentos de relajación y bienestar para escapar del dolor».

Soledad Hernáez.

Soledad Hernáez, auxiliar de enfermería en el Hospital de La Rioja, recuerda los primeros días de la pandemia «como si estuviera trabajando en un hospital de campaña, sin saber adónde acudir», mientras que para María Jesús, otra compañera auxiliar del mismo complejo, «todo esto ha sido como un mal sueño». Un mal recuerdo del que todavía no pueden bajar la guardia porque el virus aún no se ha ido.

Natalia Montero.

Sin perder la compostura, las figuras más jóvenes han afrontado la entrada en esta profesión a zancadas y no a pasitos como esperaban. El aprendizaje, aunque aplicado directamente a la práctica, ha sido «enorme». Natalia Montero es una de las muchas enfermeras recién graduadas que ha entrado en el universo sanitario por la puerta grande: «Esto nos ha ayudado a quitarnos los miedos y nervios de las primeras veces porque la situación te obliga a aprender muy rápido».

Nerea Miguel.

«Momentos duros» en los que el trabajo en equipo y el compañerismo se convierten en «fundamentales», resalta Natalia coincidiendo con su compañera Nerea Miguel, también enfermera en el Hospital. En su caso, ya cargaba con dos años de experiencia profesional pero «nunca trabajando de esta forma, con tanta rapidez, viendo cómo no dejaban de ir pacientes a la UCI».

Todo ello, también las «pequeñas historias de familiares y reencuentros bonitos» que se guarda para sí misma, reflejan la magnitud real de una epidemia global. Para Nerea, sin embargo, ellas no son heroínas: «Nos ha tocado hacer nuestro trabajo, para lo que hemos estudiado, aunque en condiciones excepcionales. Tal vez podríamos haberlo hecho mejor, pero creo que hemos dado lo mejor de nosotras dada la situación».

Javier Manuel Enjuto.

Jóvenes y otros más experimentados. Todos han aportado. Es el caso del cardiólogo jubilado Javier Manuel Enjuto, reclamado para formar parte de esta lucha aunque fuera de las trincheras. Su labor se ha centrado en contactar vía telefónica con pacientes infectados y familiares. «Tras cuarenta años de profesión, vivir una pandemia así era algo inimaginable. Para mí ha sido una motivación especial regresar a lo que es mi vocación», señala.

Destaca como «lo más significativo» el «grado de aceptación de esta triste realidad por parte del ciudadano riojano». «Lo cual demuestra la capacidad de resistencia y resignación de las personas». Y un recuerdo. «No sabemos en qué momento nos encontramos de la pandemia. Por tanto, cómo ni cuándo terminará. Seguimos aprendiendo cada día. Logramos unos resultados envidiados por otras comunidades autónomas, ponderados y puestos de relieve por el Ministerio de Sanidad. Hay que ser responsables para que no haya vuelta atrás».

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