El Gobierno de La Rioja da un paso más allá en la fase de tratamiento del coronavirus, decretando un escenario de «contención reforzada» tras el aumento de casos positivos registrado durante las últimas horas en la región, alcanzando un total de 144 afectados.
Durante una rueda de prensa ofrecida por el portavoz del Gobierno, Chus Del Río y la consejera de Salud, Sara Alba, se ha comunicado la suspensión de las clases presenciales en todos los centros de la región (también las actividades extraescolares) a partir de este miércoles, incluyendo todas las etapas educativas. 70.000 alumnos en total: 65.000 escolares y 5.000 universitarios permanecerán sin acudir a las aulas durante estos próximos quince días.
Y la pregunta es: «¿Qué hacemos con los niños?» La suspensión de la actividad docente trastoca los planes de muchas familias que se encuentran con dificultades para el cuidado de sus hijos, teniendo en cuenta que dejarlos al cuidado de los abuelos no es actualmente lo más recomendable, puesto que las personas mayores son el sector más vulnerable frente al COVID-19. Pero no hay muchas más opciones. Los abuelos son los salvadores. Hasta ahora ellos llevaban y recogían a sus nietos del colegio, pero ahora tendrán que ocuparse de los pequeños durante todo el día.

«Nos los vamos a llevar los quince días a nuestra casa, y nos turnaremos con los otros abuelos. Sabemos que los niños son los más transmisores y nosotros tenemos más factor de riesgo, pero no hay otra solución», cuenta una abuela.
Otra opción es, para muchos, hablar con sus superiores y buscar una solución: «Yo he hablado con mi jefe para pedirle que me ayude. Mi padre murió, mi madre está enferma y tampoco tengo suegros, así que… ‘¿qué hago?’ Entiendo la medida tomada por el Gobierno, pero ha sido muy rápida», explica una madre.
Algunas personas opinan que «estas medidas se tenían que haber tomado antes» y otras creen que «son muy radicales pero necesarias, aunque ¿qué pasa con los parques, supermercados o bares? Si toman estas medidas que las tomen bien y nos aíslen a todos».
Una situación que lleva a ensalzar, más si cabe, el papel de los abuelos. Ellos son los más valientes porque «de algo hay que morir. ¡Para qué tener miedo… con miedo te mueres antes! Además, yo lo paso muy bien con mi nieta, soy más niño que ella», señala un abuelo muy juvenil.



