La Rioja

La otra versión del desalojo de Doce Ligero: «Somos gente civilizada»

El número 18 de la avenida Doce Ligero de Artillería vivió el pasado jueves el último episodio de una larga serie de conflictos y sucesos ocurridos en los últimos años. Los Bomberos tuvieron que desalojar por una de las ventanas a las dos familias residentes en el inmueble, después de que la escalera del rellano se viniera abajo.

Cuatro días después, una de las familias desalojadas atiende a NueveCuatroUno para precisar algunas «imprecisiones» que entonces se cometieron al referirse a las últimas siete personas que residían en el edificio y que ahora el Ayuntamiento ha reubicado en alojamientos provisionales hasta que encuentren una alternativa residencial.

Ante la fachada del edificio, tapiada con ladrillos para impedir que nadie acceda al mismo, Goizargi (32 años) y Antonio (34) subrayan que «nosotros no hemos roto nada, ni hemos robado ni somos drogadictos; somos personas civilizadas y nunca hemos tenido ningún problema con nadie: ni con los vecinos de otros edificios ni con los propietarios de este». Lo hacen acompañados de dos de sus hijos: uno en edad preadolescente y otro que este mismo lunes cumple su primer mes de vida. En el interior de la vivienda aún permanecen varios enseres personales («entre ellos, la cuna del bebé»), que no saben «si podremos recuperar».

«Desde hace meses -aseguran- ya no ha vuelto a haber problemas con los toxicómanos que subían a consumir en la cuarta planta», provocando incluso un incendio en ella. «Nosotros mismos tuvimos que echarlos, porque ni la policía ni el Ayuntamiento hacía nada con ellos y no queríamos a toxicómanos subiendo y bajando por las escaleras, cruzándose con nuestro hijo». «Tapié las viviendas que usaban para consumir y así acabar con el problema de los drogadictos, además de limpiar el patio interior para vivir en condiciones dignas», señala Antonio.

Esta familia decidió ocupar uno de los pisos del inmueble (el 2ºD), al «atravesar una mala situación económica». «Solo tenemos una ayuda de 400 euros y no encontrábamos un alquiler en ningún sitio. Nunca hemos querido acabar en estas condiciones (en su vivienda no tenían luz ni agua corriente porque los toxicómanos se llevaron las tuberías, los cables y los tubos de gas), pero cuando no tienes adonde ir y tienes niños no te lo piensas y solo miras por los que tienes detrás». Goizargi señala que «nos metimos en una casa del banco, sabiendo que no hacíamos daño a nadie, sin negarnos nunca a pagar un alquiler dentro de nuestras posibilidades, no hemos querido tener una casa gratis».

Este matrimonio permanece en las dependencias de Salvatorianos mientras adecúan la que será su próxima vivienda: «Es del banco y lleva varios meses de reformas. Nosotros somos los primeros interesados en que esto acabe». Y aunque entienden y comprenden «la preocupación que han vivido los propietarios del número 18», defienden que «no pueden tachar a todos por igual».

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