El Rioja

Interés arquitectónico por los antiguos calados riojanos

«Una forma de fomentar el uso de estas edificaciones y evitar su inutilización y derrumbe para poder mantener la historia de nuestros antepasados». Con estas palabras, el arquitecto Ángel Pascual defiende la puesta en valor de los antiguos calados riojanos, ubicados en los barrios de bodegas de numerosas localidades, a través del impulso de nuevos usos o actividades para no perder una parte de la identidad vitivinícola de la región.

Este viernes el Colegio Oficial de Arquitectos de la Rioja (COAR) ha acogido las II Jornadas sobre los Barrios de Bodegas que albergan ciclos de conferencias, exposiciones disponibles hasta el 3 de noviembre, una mesa redonda y una cata de vinos de la Bodega Ojuel para finalizar la jornada.

Uno de los problemas que afecta a la identificación de estas edificaciones es, según Pascual, la delimitación del espacio que ocupan, «porque al estar bajo tierra cuesta acotar el territorio para saber dónde y cómo actuar». Es por ello que el COAR organiza estas jornadas para dar visibilidad a los trabajos de investigación realizados en 2018 por diversos arquitectos sobre la situación de doce barrios de bodegas.

Pascual ha sido el encargado de analizar los calados del municipio de Cordovín. Destaca que, de las 120 construcciones que se hallan entre los dos barrios de la localidad, «tan solo el ocho por ciento se emplean para la elaboración tradicional del vino», mientras que en la mayoría de casos están en desuso o se usan como merenderos.

Por su parte, el también arquitecto Pablo Ruiz ha comparado las diferentes tipologías de los barrios de las bodegas de Nalda, Islallana y Arnedillo para llegar a la conclusión de que «es necesaria una regulación que vele por el mantenimiento de estos calados, muchos de ellos, orígenes de las grandes bodegas de la zona».

Estas tradicionales bodegas se caracterizan por contar con dos alturas y estar, generalmente, ubicadas en ladera para favorecer así la vinificación. De la zona superior, destinada al pisado de la uva, se descendía por unos conductos hasta las cubas, donde se producía la fermentación del vino antes de proceder a su almacenaje.

Las entradas por la zona inferior se caracterizan por ser accesos angostos de gran altura que conducen a bóvedas de cañón de materiales como adobe, madera o ladrillo. Mientras, las chimeneas o tuferas, ubicadas en el fondo del calado, eran los únicos sistemas de ventilación de la bodega.

Los arquitectos participantes en estas jornadas lamentan que sean tan pocos los calados que todavía se mantienen en pie como lugar de elaboración del vino, pero «es evidente que sus propietarios los consideran un problema porque no dan más que gastos y no les pueden dar su verdadero uso», apunta Pascual. Es por ello que algunos consideran que la salida enoturística para estas construcciones podría ser una solución para evitar su desaparición.

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