El Rioja

Nos vamos de cata

Tarde de cata en el Consejo Regulador. Sobremesa de miércoles, hora taurina, las 5. Como un goteo íbamos apareciendo los catadores invitados al evento que debíamos seleccionar los vinos finalistas para el Concurso de Vinos de Cosecheros de La Rioja 2019. Muchos conocidos, otros no tanto… Caras de desconfianza ante ‘el nuevo’ -un servidor de ustedes- entre los más veteranos, ya avezados en estas lides de desentrañar los secretos más íntimos de un vino. ¡Y encima periodista! Imagínense ustedes mi situación, no quedaba otra que callar y agachar ligeramente la testuz. Eso sí, el oído bien abierto. Aquí hay nivel, pensaba para mis adentros, y del bueno.

Javier Pascual, director técnico del concurso, había tenido la deferencia de invitar a NueveCuatroUno para formar parte del jurado de diez catadores que debía hacer la primera criba en las 89 muestras que participaban en el concurso –representando a 37 bodegas– divididas en 32 tintos, 27 rosados/clarete y 30 blancos.

Sólo pensar en 89 copas de vino me parecía una labor dura, ¡pero catarlos todos se me antojaba imposible! En fin, el momento de pánico pasó rápidamente cuando en la previa a la cata nos dividimos en dos grupos: uno se encargaría de los blancos y otro de los rosados. Los tintos también nos los repartiríamos. Buffffff… Si no ocurría nada raro, volveríamos a casa por nuestro propio pie.

Tintos, rosados y blancos. ¡A por ellos! Los componentes del elenco de catadores eran en su mayoría componentes del Consejo Regulador, auténticos profesionales y toda una garantía de competencia en el asunto que nos traíamos entre manos; junto a ellos bodegueros, sumilleres y algún que otro periodista dábamos el toque de color al variopinto grupo, dando cabida al mundo del consumidor. Comentaba Javier, antes de lanzarnos a la vorágine vinícola, que la evolución del concurso desde la primera edición hasta la vigesimonovena que nos ocupaba había sido enorme, y que era muestra de cómo han cambiado los tiempos en la DOCa: “En la primera edición eran unos cuarenta tintos y solamente cinco blancos, en la 2019 han alcanzado en número a los tintos; y no solo en número, la calidad de los vinos blancos es absolutamente espectacular”.

Una vez en nuestro “puesto de cata”, comenzó el baile. Porque aquello era un verdadero baile de botellas en tandas de seis. En un primer momento por parejas, en agradable diálogo ahora que esta palabra está tan de moda, se desechaban aquellos vinos con falta o con un nivel que no considerábamos acorde al nivel de la cata. En este envite caerían no menos de 15 etiquetas. Etiquetas artesanas al cien por cien, quede claro, la cata era ciega y únicamente un número defendía el trabajo la anónima bodega. Con velocidad de crucero –pero con auténtico esmero, doy fe– se valoraron los supervivientes juzgando cuatro parámetros: color, aroma, sabor e impresión global.

Tras la elección de blancos y rosados, turno de los tintos. Los movimientos de los diez catadores, con admirable simetría para un neófito como yo, eran prácticamente calcados. Aireación de copa valorando el color más tarde, luego el trabajo de la nariz y, finalmente, el vino alcanza la boca en el epílogo decisivo. Todos a una. La escupidera, vieja amiga, llegaba finalmente en nuestro auxilio una vez que el vino había sido diseccionado con la meticulosidad de un cirujano vitivinícola. Un momento de reflexión y vista fija en la tabla de puntuaciones. Vamos a por otro.

Cuando damos por terminada la tanda, vistazo a todas las valoraciones por si conviene afinar alguna. El trabajo bien hecho dignifica al hombre, y una cata hecha con esmero lo hace con el catador. Dura labor ésta, ¡quién me lo iba a decir! Y así hasta que pasadas dos horas los 89 vinos tenían, numéricamente, nombre y apellidos. Ya teníamos los finalistas.

Terminamos la tarde con un tentempié donde repusimos fuerzas comentando lo vivido, o mejor dicho, lo catado. En líneas generales el grupo mejor valorado fue, de largo, el de los blancos. Los tintos dejaron la impresión de que la cosecha ’18 no había sido excesivamente generosa con ellos, y con los rosados -salvo honrosísimas excepciones de gran calidad- se rogaba “a quien correspondiera” un mayor cuidado en su elaboración porque algunos de ellos parece que estuvieran allí únicamente para rellenar el portfolio de la bodega.

Una última apreciación personal antes de dar paso a la final y a sus resultados. Los enólogos, entusiastas de este mundo y verdaderos «animales de cata», quizás centran sus miradas en un primer momento en los defectos de los vinos, mientras los periodistas y aficionados, más complacientes y menos técnicos, damos prioridad a las bondades y las virtudes, sin llegar a aquellos matices tan sutiles. En la suma de las puntuaciones de unos y otros está la virtud, el mundo real, quiero pensar.

Seis hombres buenos

Una mujer y cinco hombres buenos, en este caso, conformaron el jurado de la final celebrada este domingo en la logroñesa plaza del Mercado. Miki Vidal por la Cofradía del Vino de Rioja; Fernando Moreno, enólogo y periodista; Francisco Galarreta, enólogo representando a la Asociación de Enólogos de La Rioja; Javier Moral, enólogo y técnico del Consejo Regulador; Juan Marcos Gutiérrez, sumiller, y Mari Cruz Ayala, enóloga y profesora de Enología del Instituto F.P. La Laboral.

Y los ganadores del Concurso de Vinos de Cosechero de La Rioja 2019 organizado por la Fundación Caja Rioja han sido…

TINTO

– Primer premio: Murmurón. Sierra Cantabria (San Vicente de la Sonsierra).
– Segundo premio: Mocete. Cooperativa Nuestra Señora de Vico (Arnedo).
– Tercer premio: Pérez Urrecho. Viñedos Pérez de Urrecho (Galbárruli).
– Cuarto premio: Cortecillas. Alfonso García Hernando (San Asensio).
– Quinto premio: Chirimendo. Castillo de Mendoza (San Vicente de la Sonsierra).

ROSADO/CLARETE

– Primer premio: Ilurce. Viñedos Ilurce (Alfaro).
– Segundo premio: Florentius. Florentino Martínez (Cordovín).
– Tercer premio: Solana de Ramírez. Solana de Ramírez (Ábalos).
– Cuarto premio: Campolosa. Cooperativa San Miguel (Ausejo).
– Quinto premio: Muñarrate. Solabal (Ábalos).

BLANCO

– Primer premio: Muñarrate. Solabal (Ábalos).
– Segundo premio: Señorío de Valbornedo. Cooperativa Señorío de Valbornedo (Navarrete).
– Tercer premio: Quirus. Quiroga de Pablo (Azofra).
– Cuarto premio: Marqués de Treviño. Fernando Treviño (El Cortijo).
– Quinto premio: Zurbal. Zurbal (Briones).

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