El Rioja

La guardiana entre el viñedo: Alejandra Rubio

Alejandra Rubio Gil suma diecinueve vendimias a sus espaldas. Una mujer de campo que calza sus botas invierno y verano. Ella es una de las dos mujeres que, durante la vendimia, trabaja para el Consejo Regulador como técnica (más comúnmente conocida como veedora).

Figuras claves en el proceso de vendimia, estos técnicos llevan a cabo un trabajo muy dinámico y son los que velan porque la calidad del Consejo Regulador sea la adecuada. Son los guardianes de la calidad. El primer paso de una cadena que certifica el futuro del vino.

El día a día de Alejandra en esta época de vendimia consiste en recoger muestras de maduración de la uva para, semanalmente, emitir un boletín que sirva a los viticultores como guía para comprobar la evolución de la viña y decidan el momento óptimo del arranque de su vendimia, persiguiendo la máxima calidad de la uva.

Muestras que, según la zona, se trasladan para su estudio a la Estación Enológica de Haro, la Estación de Viticultura y Enología de Navarra (EVENA) en Olite o La Casa del Vino en Laguardia. Desde los años 90 son 57 parcelas de Navarra, La Rioja y Álava las que sirven de muestreo para desarrollar este trabajo y así comprobar el histórico de la evolución de la uva.

Alejandra explica que, una vez en la viña, recogen cien bayas por cada parcela, tres ramos por racimo de distintas orientaciones y de distintas partes del racimo: «Después, pesamos lo recogido y extraemos diferentes parámetros como el posible grado alcohólico o el Ph de la uva. Además, en los tintos, tenemos en cuenta el IPT (Indice de Polifenoles Totales), los que sirven para medir de una manera objetiva el color del vino, los antocianos y la intensidad colorante».

Para estos técnicos, el trabajo de vendimia es totalmente diferente al del resto del año. Alejandra Rubio destaca que es «mucho más rápido e inmediato». «Fuera de la época de vendimia tomamos muestras de vino en las bodegas, tanto de depósito como vino que ya está terminado para sacar al mercado. Además, realizamos aforos a las bodegas para comprobar las existencias de vino y estudiamos el viñedo joven, el que está entrando en producción», añade.

Las mujeres y el vino

Alejandra, mientras nos cuenta su día a día en la viña, deja caer el dato de que solo hay dos mujeres entre los ocho técnicos que se han contratado este año para la vendimia. Pudiera parecer que el sector del vino es cosa de hombres, pero Alejandra Rubio explica que este dato puede llevarnos a error: «El equipo de apoyo que hay detrás de nosotros es mayoritariamente femenino».

Y es que las mujeres van ganando poco a poco protagonismo en el sector vitivinícola. El vino ha dejado de entender de géneros. Ni en consumo ni en profesión. Claro ejemplo de ello es Alejandra, quien explica que «la presencia femenina en el mundo del vino va ganando peso en todos los ámbitos, no solo en el laboratorio».

A lo largo de la historia, las mujeres han contribuido, de un modo silencioso, a hacer del vino el producto tan reconocido y valorado que hoy es. Tradicionalmente, eran las mujeres las que se ocupaban de las labores del campo y de los cuidados de la vid.

Pero esto ya es historia. Cada vez más mujeres participan de este mundo, ya sea como propietarias de bodegas, sumilleres, enólogas, ingenieras agrónomas, o también en trabajos de exportación, marketing, comunicación, enoturismo, relaciones públicas. Ahora, ellas, están presentes en todos los procesos de la larga vida del vino.

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