La Rioja

Las lágrimas del «sí, quiero»

Nos hemos hecho mayores. Qué tiempos aquellos en los que una sociedad azotada por la crisis económica tomaba las plazas. Lo llamamos ‘el 15-M’, por aquello de dotar de identidad a unas protestas que desembocarían políticamente en el fin del bipartidismo. Podemos y Ciudadanos llenaron las urnas de votos para entrar en casi todas las instituciones del país. En algunos sitios determinantes, en otros irrelevantes, el tablero político cambió en Logroño, La Rioja y España de la noche a la mañana.

Al albor de aquellos gritos de «sí se puede» y del hartazgo de varias generaciones que se sentían engañadas, nació el germen político de una joven riojana que vivía en Berlín. Raquel Romero. Entonces ‘exiliada’ y ahora diputada, se ha convertido en apenas unos meses en nuestra particular reina del baile. Y como ocurre en los ascensos fulgurantes, donde casi todas las cámaras enfocan hacia el mismo punto, la presión se ha vuelto insoportable. Los focos siempre acaban quemando.

Este martes, explotó. No podía más. «¿Qué hago?». El peso de los días históricos. Romero se derrumbó en la soledad de su escaño sin un pañuelo cerca. Lágrimas de verdad. Lágrimas de impotencia. Toda la presión de un parlamento sobre sus hombros mientras a su espalda se disputan varios asientos en el futuro Gobierno presidido por Concha Andreu, esa mujer socialista que necesitaba su voto para romper con veinticuatro años de poder del PP en la comunidad.

A escasos minutos de que arrancara la votación, la diputada de Podemos lloraba desconsolada en su cómoda butaca del antiguo Convento de La Merced. Abandonada a su izquierda y a su derecha, sólo su fiel escudero, Mario Herrera, le sonreía desde una planta más arriba. Ella intentaba devolverle el gesto, pero los mensajes que recibía en su móvil le iban minando una moral que ha intentado mostrar impertérrita desde que fue nombrada candidata de la formación morada. Y la fachada se desmoronaba. Todos tenemos nuestro momento de debilidad.

A punto de hacer saltar la investidura de Andreu por los aires debido a las disputas internas entre los miembros de Podemos La Rioja y los dirigentes del partido en Castilla La Mancha que se quieren colocar en la tierra con nombre de vino, Romero salió del hemiciclo en busca de consuelo. Amagó con abandonar el Parlamento sin mirar atrás, pero encontró la tranquilidad en las palabras de sus compañeros. Ya valía de espectáculos. Poco a poco, fue recobrando el semblante y hasta la sonrisa.

Llegó el momento de la votación y su «sí» hizo descender las pulsaciones de todos los presentes a niveles más bajos que las de Indurain en reposo cuando ganaba el Tour de Francia. «Pues ya está». «Por fin». Y aplausos. Y alegría socialista. Y alegría comunista. Y alegría progresista. Primer gran escollo de la legislatura salvado. Ya tenemos presidenta. Ahora nos falta el Gobierno. Los líos vendrán solos. Incluso acompañados.

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