La Rioja

Camprovín, 27 años como campeones del chorizo

En Camprovín no se andan con chiquitas: que hacen chorizos, pues los hacen a lo grande. Tan grande, que llevan 27 años ostentando el récord Guinness del chorizo más grande del mundo en una sola tripa natural. Y es que a la vez que Sevilla tenía su Expo o Barcelona sus Juegos Olímpicos, en 1992, un grupo de amigos de la Peña La Bellota se venía muy arriba y lograba encontrar una tripa de 29,7 metros.

«Vinieron los notarios de Guinness y certificaron que habíamos alcanzado el récord mundial», recuerda Iván Ibáñez, presidente de La Bellota y al mismo tiempo gerente de La Alegría Riojana, empresa de embutidos de la localidad y fabricante del histórico chorizo. «La tradición que había en el pueblo es que al terminar la música, ya de madrugada, se iba a asar chorizo en las cuadrillas; pero en aquella época entramos varios jóvenes en la peña y nos propusimos hacer algo especial: fue la primera vez que se hizo en horario de mediodía», añade.

Para lograrlo tuvieron que remover ‘Hungría con Camprovín’. «Encontramos dos tripas de cerdo húngaro largas, de 27 metros y de 29,7 la más grande, con la que logramos el récord. ¿Por qué en Hungría? Allí hay animales más mayores y por tanto su tripa es más extensa», relata Ibáñez. ¿Pero, cómo asarlo? «Nos hicieron una parrilla para ello, de 15 metros de largo, y lo asamos al sarmiento».

Desde entonces conmemoran el hito con una jornada festiva que en esta ocasión se celebra este domingo 11 de agosto. Todo con su protocolo y parafernalia pertinente: «Empezamos a las doce y media con la bajada del chorizo desde la fábrica La Alegría, por la carretera, hasta la entrada del pueblo, donde se lleva a cabo el asado sobre unos 20 metros de sarmientos», explica el presidente de la peña.

Aunque la fiesta está adaptada a los tiempos: «Se hacen varios chorizos de unos 15 metros y luego se asan chorizos normales; en total se reparten dos mil raciones. Es el día más multitudinario en el pueblo», admite Ibáñez. Una jornada que une tradición y homenajea también la historia de esta localidad donde a principios del siglo XX ya estaban en marcha empresas de embutidos: en una zona especialmente adecuada para su curación por su emplazamiento, con los aire frescos del monte.

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