La Rioja

El discurso de investidura del alcalde Pablo Hermoso de Mendoza

Este es el discurso completo realizado por Pablo Hermoso de Mendoza en la sesión en la que se le ha proclamado alcalde de Logroño.

Buenos días. Compañeros y compañeras de corporación, familiares, amigos y amigas, ciudadanos de Logroño y de otras localidades de La Rioja que nos acompañáis en el acto de hoy. Gracias por estar aquí.

El pasado 26 de mayo la ciudadanía de Logroño y de La Rioja votó y expresó con claridad en las elecciones municipales y autonómicas su deseo de cambio y de alternancia política, tras 24 años de gobierno de Partido Popular en La Rioja y ocho años de gobierno en la capital riojana. El cambio ha llegado. Agradezco que a esta voluntad de cambio se hayan sumado más grupos políticos en la corporación y agradezco a su vez el talante, la cordialidad y la amabilidad de quién, no habiéndolo hecho, defiende democráticamente otras opciones políticas.

Los seis alcaldes que me han precedido en esta etapa democrática de la historia de España: Miguel Ángel Marín, Manuel Sáinz, José Luis Bermejo, Julio Revuelta, Tomás Santos y Cuca Gamarra han hecho un Logroño mejor. Su servicio público, su entrega y su liderazgo han contribuido a que Logroño avance. El Logroño de 2019 es sin lugar a dudas un Logroño mucho mejor que el Logroño de 1979. Cuarenta años de democracia, libertad, estado social y democrático de derecho, de avance, de bienestar y de progreso en una España unida y constitucional, en una España diversa y plural. Hemos avanzado, la ciudadanía de Logroño ha contribuido también a ello. Seamos plenamente conscientes de este logro común.

Nos toca a esta nueva corporación dar el siguiente paso, abordar la llegada de la tercera década de este siglo XXI. Debemos asegurar el avance y la prosperidad, generar nuevas oportunidades para los que vendrán, dar voz a aquellos más frágiles y más vulnerables y escuchar con atención. El año 2021 está cerca y debemos trasladar una imagen de Logroño conectada con el futuro.

Por ello, crear, crecer y cuidar representan la clase de acciones que estarán en el centro de las políticas que durante los próximos 4 años van a guiarnos y vamos a promover y estimular. Siento de manera acuciante que hemos de emprender acciones transformadoras que nos permitan estar con una voz propia y diferenciada en las conversaciones más interesantes de este siglo; las tienen que ver con la tecnología, la educación, la innovación, las nuevas formas de expresión cultural o la construcción de un urbanismo, una movilidad y una vida ciudadana amable y sostenible. Siguiendo esta llamada al hacer estoy aquí y por eso me he propuesto para ser vuestro alcalde.

También siento, y con la misma intensidad y urgencia, que hemos de proteger muchas cosas valiosas que nos singularizan y nos representan: la huerta, nuestra excelente gastronomía, el cine en la calle y en los barrios, las exposiciones de cualquier arte, la lectura, la conversación enriquecedora, el cuidado de nuestros mayores y de nuestros menores, los horarios de ocio y trabajo razonables, los espacios públicos para la gente, la belleza de nuestro paisaje, la arquitectura, las calles con menos ruido y menos humos, las alamedas sombreadas, los paseos en bicicleta. Todo un conjunto de maneras valiosas de vivir y convivir que pueden estar amenazados.

Hablo del coraje de resistir, de perseverar y de encontrar la fortaleza para que aquello que consideramos valioso permanezca y no sea arrumbado por intereses económicos que nada entienden de la calidad de la vida y las relaciones entre las personas concretas que vivimos aquí y ahora. Cuidar de esa clase de cosas es cuidarnos a nosotros mismos, es cuidar de nosotros y del futuro que queremos construir y darnos. Y cuidar de nosotros es una forma excelente de ser nosotros.

En este mundo dominado por las redes y sus configuraciones digitales, mucho de lo que hacemos, mucho de lo que nos pasa, de lo que somos, de lo que terminarán siendo nuestros hijos depende de decisiones que se toman en lugares remotos, que afectan radicalmente a nuestros modos de vida, a la naturaleza y calidad de los empleos, al modo en el que consumimos, a la manera en la que disfrutamos del tiempo libre o a la calidad y frecuencia de nuestras conversaciones.

Por lo tanto, esta ciudad media en el norte de España, en el sur de Europa, Logroño, la ciudad que amamos, también está llamada a competir en un mundo de gigantes, a encontrar y proponer un modo de ser y estar en común. Un sugestivo proyecto de vida en común, decía Ortega. Se trata también de esto: del comercio de proximidad, de las tiendas de barrio, de los hortelanos que quieren vender sus productos directamente al cliente final, de la cocina con mimo, del deporte y los paseos saludables, de la atención a los ancianos o de las bibliotecas escolares y ludotecas con horario de ampliados en el mundo de Amazon, Airbnb, Instagram, You Tube, Google o Facebook. ¿Qué podemos interponer aquí y ahora, en este Logroño de finales de la segunda década del siglo XXI, entre nosotros y las fuerzas gigantes de la globalización que amenazan nuestros modos de vida, desde la vida vecinal, la gentrificación de nuestros centros históricos, hasta la educación de nuestros hijos para construir ese sugestivo proyecto de vida en común?

Podemos entre todos construir un Logroño cosmopolita, abierto, inclusivo e igualitario, con una aguda conciencia de sí, capaz de hablar con una voz propia y con la energía necesaria para ser un actor reconocible en sectores avanzados de la
actividad económica contemporánea. Todos nosotros, juntos, podemos hacerlo.

CREAR

Pero, ¿quiénes somos nosotros?. Somos una ciudad que envejece. Nos hacemos mayores y nuestros jóvenes se marchan. Somos un “nosotros” escaso que casi no se reproduce y que en los próximos diez años empezará a tener cada vez más problemas para disponer de las personas necesarias para mantener la actividad económica.

Para crear la riqueza necesaria debemos ampliar este “nosotros”. Generar las condiciones económicas que permitan a nuestras empresas crecer, configurar los incentivos necesarios para que nuevas empresas vengan y podamos atraer gente.

En el pasado reciente fueron muchos los que vinieron desde muy lejos, desde Sudamérica o Centroamérica, desde Pakistán, Marruecos, Rumanía u otros lugares de Europa para trabajar con nosotros y, en muchos casos quedarse y ser parte de nosotros. Necesitaremos que en el futuro sean muchos más. Necesitamos un Logroño que crezca en población y que haga posible, gracias a su capacidad de creación económica, atraer a los más capacitados, a los más interesados, a los más creativos, a los más audaces y emprendedores, estén donde estén. Una ciudad inteligente es la que es capaz de atraer, enlazar y comprometer a los mejores, los que más quieren, los que más anhelan, los que sueñan y proponen. Con frecuencia tenemos que escuchar voces alertándonos de los peligros de la inmigración. Pero necesitamos gente que venga aquí. Y vendrán. Vendrán unos u otros en función de la economía que seamos capaces de construir y desarrollar y, por ende, de la clase de empleos que esa economía sea capaz de crear.

Pero también debemos hacer que las familias de cualquier clase, se trate de familias tradicionales, monoparentales, gays o lesbianas o de redes afectivas, puedan disponer de la ayuda necesaria para poder satisfacer su deseo de tener hijos. A veces puede ser necesario disponer de pisos que los jóvenes puedan disfrutar pagando un alquiler muy moderado, otras de guarderías y lugares donde poder dejar a nuestros hijos con tranquilidad mientras nos dedicamos a nuestros menesteres, pero siempre necesitaremos avanzar en políticas que alienten y faciliten la corresponsabilidad, la coeducación, la perspectiva de género, la igualdad. El cuidado de las nuevas generaciones y de todas las tareas asociadas con ello nos concierne a todos, hombres y mujeres. Debemos afanarnos en construir esta cultura igualitaria en cuanto a los deberes para con los que vienen. Este es un reto que deberemos ser capaces de resolver, porque la alternativa, el no conseguirlo, es algo que llena nuestro futuro de desesperanza.

La creación económica debe estar en el centro de las políticas municipales. Necesitamos una sólida clase creativa, con confianza en sí misma, alentada por el poder político y apoyada por la administración, capaz de empujar una economía que pueda competir en sectores tecnológicos e industriales de vanguardia y, por ello, capaz de atraer a personas formadas y ambiciosas a este lugar en el que vivimos.

La creación económica necesita de reconocimiento basado en el mérito y de cauces de interlocución prácticos y útiles con la administración y el gobierno político de la ciudad, que deberán asegurar algunos de los recursos básicos para el despliegue de esa clase de actividades. Hemos de desprendernos de los prejuicios culturales acerca de lo que somos o no capaces de hacer y de todo aquello que, desde la administración, pueda suponer un retraso en el desarrollo de cualquier actividad prometedora. Somos capaces, os lo puedo asegurar. Lo he visto y lo he vivido. No tengo dudas sobre ello y no debemos tenerlas. En esta ciudad hay muchos proyectos maravillosos, hombres y mujeres que creen y que crean. Algunos sectores económicos emergentes que apuntan ya mucho más que maneras. Sectores que se desarrollarán en los próximos años y nos permitirán sentirnos orgullosos de lo que, colectivamente, hemos sido capaces de hacer. Pueden los que creen que pueden y vamos a hacerlo.

Digo esto porque, con frecuencia, el crecimiento se ha visto cercenado por la falta de impulso y fe políticas, por la escasa vinculación entre los recursos movilizados y el logro, por la ausencia de objetivos claros y, también, por la inexistencia de un modelo de ciudad capaz de articular con sentido las capacidades, talentos y potencialidades de los recursos humanos, técnicos y empresariales existentes. Pero sobre todo, ya lo he dicho, porque debemos desarrollar una sólida confianza en nosotros mismos. Sin foco, dirección y confianza en nuestras capacidades y talento nada será posible. No valen las excusas ni la resignación. Cuando se apuesta por todo, se cosecha poco o nada. Los ratios de población, envejecimiento, actividad industrial y comercial, talento emigrado, etc, nos muestran hasta qué punto debemos poner foco en lo importante para poder crecer en población, en actividad económica, en empleo industrial, en dinamismo comercial y turístico. Debemos crecer.

CRECER

Las ciudades medias como Logroño deben preocuparse por seguir creciendo, por generar la suficiente economía y riqueza como para poder hacer sostenible y mejorable este Estado de Bienestar en su ámbito. La suficiencia económica parte de la generación de una actividad económica vigorosa y de unas políticas que alienten, tanto la creación como la redistribución de rentas, de forma progresiva, para que nadie quede atrás.

Somos una ciudad que necesita seguir creciendo en población hasta alcanzar a ciudades vecinas como Pamplona, Vitoria, Burgos. Debemos generar los instrumentos necesarios para unir a nuestra buena calidad de vida la posibilidad de un desarrollo profesional adecuado que haga que nuestros jóvenes puedan optar y elegir entre desarrollarse profesionalmente en esta tierra o partir y formarse fuera, para luego, quizá, retornar con todo ese bagaje y aprendizaje adquirido.

Debemos pensar en cuáles son las herramientas necesarias para desarrollarnos en este siglo XXI siendo competitivos y disponiendo de un entramado empresarial vinculado a estas nuevas realidades. Hemos de ser capaces de aprovechar todas y cada una de las capacidades de mujeres y hombres.

CUIDAR

A su vez debemos cuidarnos, cuidar y cuidar a los que cuidan. A veces descuidamos lo que amamos, quizá porque está ahí y no nos damos cuenta, y de ese modo, lo que está unido y conectado, se desune y aleja. El cuidado, el mimo, la atención a los detalles, la preocupación por la gente creo que tiene que ver con volver a conectarnos de forma profunda entre nosotros. Me gustaría construir entre todos una unidad de propósito que nos guíe y articular la conversación continuada y próxima que la haga posible. Con el descuido los lazos se aflojan. Hemos de volver a conectarnos. A enlazar entre sí los diversos colectivos existentes en la ciudad: los profesionales y funcionarios que trabajan en el Ayuntamiento de Logroño con la representación política, para poder así aprovechar al máximo su talento y capacidad en aras de un mejor servicio público, de un Ayuntamiento al servicio de los conciudadanos; al Ayuntamiento con las personas más vulnerables y frágiles, aquellas que sufren y padecen mayores dificultades de integración social y están en situaciones de pobreza o marginalidad o en riesgo de poder estarlo; y también al Ayuntamiento con los proyectos comunitarios que en la ciudad emergen y cuya mirada alimenta y nutre buena parte de las posibles soluciones que necesitamos y, con seguridad, necesitaremos. Todo ello requiere escuchar con cuidado, atendiendo a lo que se dice, pero también a lo que se calla, y haciéndolo más allá de los cauces institucionales de participación, de manera continuada y práctica. Cuidar es cultivar una cierta forma de pensar y de estar atento; es atender con cuidado.

UNA ACTITUD: VAMOS A UNIR A LA GENTE QUE QUIERE UN LOGROÑO MEJOR

Por otra parte, estamos aquí para construir sobre lo ya construido. Para unir a la gente que quiere un Logroño mejor. Logroño debe aspirar a ser abierto y cosmopolita, a ser una ciudad donde la pluralidad y la diversidad son alentadas y bienvenidas, una ciudad que aprovecha el caudal de las diferencias para conseguir logros más ambiciosos y hace del librepensamiento, el diálogo finalista y la creatividad dimensiones esenciales de una idea común de dirección y sentido. Las sociedades cerradas temen la novedad, impiden la innovación, limitan la creatividad, juzgan y rechazan la diferencia y lastran y se cierran a las posibilidades de crear, crecer y cuidar.

Debemos configurar una ciudad donde la acción política huya de los dogmas, el pensamiento sectario, las verdades absolutas, los clichés, los chismorreos, el “conmigo o contra mí”, donde la cultura política se centre en vincularse a un ambicioso y sugestivo proyecto de ciudad; donde diversas, múltiples y variadas formas de concebir y concebirse se vertebran alrededor de un deseo y proyectos compartidos. Nada une más a la gente que aspirar a un proyecto de ciudad de la que sentirse orgullosos, de la que poder formar parte. Desplegar un sólida confianza en nosotros mismos depende de la calidad de nuestras conversaciones, de la elevación cultural que nos permitamos, de ambicionar metas elevadas y superiores, de pensar que nosotros podemos, que tenemos la capacidad, la competencia y la autonomía para hacerlo viable. Nada ni nadie nos sobra. Debemos asegurar por tanto las condiciones básicas para posibilitar un diálogo continuado y finalista que haga posible un trabajo en red uniendo a la gente sobre la base de ambiciosos proyectos compartidos. Y creo que los tenemos.

Caminar hacia la Capitalidad Verde Europea, un Logroño más verde, en el que poder circular con tranquilidad e incluso placer, en bicicleta, patinete o andando, capaz de integrar en ese modelo de movilidad a su área metropolitana, más cuidado, menos ruidoso y mejor iluminado, capaz de alentar actividades económicas en los ámbitos más avanzados, como los de la Economía Verde, las tecnologías del lenguaje, la inteligencia artificial, las industrias culturales y creativas, la gastronomía y turismo de excelencia, la nanotecnología, la biotecnología, la transformación agroalimentaria, con una huerta metropolitana capaz de abastecer de productos frescos y naturales a sus habitantes y restaurantes, en los que poder disfrutar de una cocina popular bien elaborada, pero también de una oferta relevante de gastronomía de vanguardia, atenta a las necesidades de sus mayores y con espacios educativos y bibliotecas abiertas de la mañana a la noche, con una oferta cultural continuada, amplia, plural y estimulante, que puede ser un factor, junto con sus bodegas, paisaje y otros ya mencionados para atraer un turismo de calidad. Todos ellos pueden ser la clase proyectos que nos enlacen en una red de aprendizaje y colaboración que nos permita a todos crecer mejor. Aprendiendo.

Una sociedad abierta es la que encuentra sus propios cauces de realización, pues dispone de las capacidades para desarrollar esa idea común de sentido y propósito que le posibilita hablar con una voz reconocible en un mundo cada vez más ruidoso. Este es el Logroño que me gustaría poder convertir en algo más que un sueño. El que me gustaría que fuera ahora un sueño compartido con todos vosotros. El que en el futuro fuera un logro del que sentirnos todos orgullosos. Del que algún día podamos decir con satisfacción: fuimos capaces de hacerlo, mientras disfrutamos de una botella de vino, en agradable compañía, sentados o reclinados en una de las campas o jardines de la ribera del Ebro o el Iregua.

Hagámoslo. Que así sea.

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