La Rioja

Los testimonios del miedo: mismas situaciones, mismas preocupaciones

Si eres mujer, seguramente puedas contar alguna experiencia como las que acompañan a estas líneas. Si eres hombre, seguramente tengas una madre, hermana, tía, prima, amiga, compañera o conocida que te haya contado una historia similar. Pasan casi a diario, por desgracia, sin que le podamos poner remedio a corto plazo. En el largo, ojalá. Cuestión de educación. «Sola, borracha, quiero llegar a casa», que cantan las manifestaciones del 8-M.

Para indicar los puntos del ‘Mapa del miedo’ en La Rioja, las mujeres han dejado varias pinceladas de esas situaciones que han vivido recientemente o viven y no se pueden borrar de la memoria. Por ejemplo, los vecinos de La Senda del Cubo -cerca del cuarto puente en Logroño- han tenido que colocar farolas ellos mismos: “En un edificio hay más de seis chicas adolescentes y lo pasan fatal al volver a casa, sobre todo en invierno. A veces, hasta los adultos”.

Otro caso. Una joven logroñesa nos ha relatado que por detrás del Ayuntamiento, junto a La Enseñanza, suele haber “merodeadores solitarios”: “En una ocasión, me persiguió un hombre de origen árabe, llegó a agarrarme del brazo y gracias a una pareja mayor me dejó en paz y huyó. Justo pasó un coche patrulla, le avisamos y la pareja me acompañó después a casa”.

“No ha sido la única vez que me ha tocado pasar miedo por estas calles. En otra ocasión, volviendo de la plaza de toros, un individuo me gritó de todo y me tuve que ir hasta casa corriendo”, añade, comentando una historia similar a la de otra logroñesa que nos escribe para indicar una situación que le ocurre con frecuencia.

Esta ocurre en Avenida de Burgos, entre la gasolinera y La Ballena Azul: “Apenas hay tránsito de coches y está desierto por la noche. Lo peor es si hay un hombre volviendo a casa a la vez que tú y va por detrás… Instintivamente andas más deprisa intentando dejarlo atrás, pero en esta recta es muy difícil y se pasa mucho miedo”.

Un exhibicionista

Otra chica señala que un día, mientras hacía deporte por el Parque del Iregua, se encontró con un exhibicionista que le asaltó: “Me esperó cuando volvía, en la zona estrecha de la depuradora, y vino a mi encuentro mientras se masturbaba. No había nadie más y pensé que podía pasarme lo peor”.

Ese pensamiento es algo que se repite en cada uno de los relatos. El miedo. Y ante eso, parecidas soluciones. Lo cuenta otra joven logroñesa: “En el parque de Las Gaunas, un hombre me siguió cuando iba hacia casa hasta que empecé a llamar a mi novio para que me acompañara”. El móvil, el gran aliado en esas situaciones, como también reconocen dos chicas que viven en la zona de Escuelas Pías y San Millán.

“Por allí solo ves gente trapicheando y alguna vez me he sentido observada y seguida. De nada sirve la comisaría, ya que no está en servicio durante la madrugada. Siempre llevo el móvil en el bolsillo con el número de algún familiar a punto de marcar o incluso voy hablando por teléfono por si algo me pasara”, dice una, mientras la segunda se centra en la calle La Cigüeña: “Siempre tengo que llamar a algún familiar para que me acompañe cuando voy a casa por la noche”.

Mismos miedos, mismas situaciones, mismas soluciones y mismas ganas de ponerle fin al problema.

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