La Rioja

Igor Fonseca: «Necesitamos un marco jurídico estable para el sector agrario»

Igor Fonseca (Bilbao, 1971) es ingeniero técnico agrícola y licenciado en Enología por la Universidad de La Rioja. Desde hace unos días, también es el secretario general de ARAG-ASAJA en la región en sustitución de José Antonio Torrecilla. Llegó a la organización agraria en 2015 como coordinador técnico, tras ocho años como director general de Agricultura y Ganadería en el Gobierno de La Rioja.

Actualmente, Fonseca se dedica a «consolidar» los servicios que el sindicato presta a sus asociados. Para ello, cuenta con once sedes repartidas por toda la comunidad y cerca de cincuenta trabajadores. No es poca cosa, ya que entre sus cometidos también se encuentra el diseño de políticas para «mejorar la calidad de vida y la rentabilidad de las explotaciones». Es un no parar.

– ARAG-Asaja ha renovado recientemente su Junta Directiva y tiene un nuevo equipo. ¿Cómo se está desarrollando esta nueva etapa?

Algunas de las personas han continuado de la anterior Junta Directiva, por lo que se combina la experiencia con lo nuevo, que aporta frescura, ganas de trabajar, ilusión… es un equipo bien integrado, representativo de todos los sectores y de toda La Rioja. Confío plenamente en él para desarrollar un programa adecuado a la organización.

– También hay un nuevo presidente, Eduardo Pérez, ¿qué han hablado en estos días?

Eduardo está convencido de que la agricultura debe reinventarse todos los días y que no se puede seguir aplicando la misma receta que hace treinta años. Por eso, está comprometido con la formación y la innovación en el sector agrario, aunque también está muy preocupado por tener una buena interlocución con la administración.

– Sustituye a José Antonio Torrecilla, un dirigente histórico de la organización. ¿Pesa?

Pesa mucho y es una gran responsabilidad. He tenido la posibilidad de trabajar con José Antonio durante muchos años, tanto en mi papel en la Administración como en la organización agraria, y es una persona con una humanidad tremenda, un compromiso increíble con esta casa y él la ha hecho casi de la nada. Va a ser complicado estar a la altura de las expectativas que ha generado.

– Sobre ese paso anterior por la Administración… algunas voces críticas consideran que sus nuevos cargos se deben a una puerta giratoria. ¿Cómo lo valora?

Quizás lo cómodo, en mi caso, hubiera sido regresar a la Administración desde la vida política sin perjuicio de que yo consideraba que se me presentaba un nuevo reto como es aportar mis conocimientos a la organización para mejorar el sector agrario. Existen opiniones de todos los colores, pero a mí me gusta trabajar siempre con honestidad, creo que así lo vengo desempeñando antes, durante y así lo haré en el futuro. Mis conocimientos como técnico en la Administración y como político voy a ponerlos en esta organización para su mejor éxito.

– Recientemente, ha habido una expulsión de varios miembros de ARAG-Asaja. ¿Se han acabado con ella los problemas internos?

Los miembros de la asamblea, por importante mayoría, decidieron la expulsión de estos socios por entender que estaban atentando contra los intereses y fines de la organización. No puedo decir otra que «absoluto respeto» y, como personas ajenas a la organización, son ya libres de hacer y decir lo que estimen conveniente.

– ¿Qué retos tiene el campo riojano por delante?

En primer lugar, dar un marco jurídico estable para el sector agrario, ya que somos los más intervenidos en la economía de cualquier país y más en Europa. Lo necesitamos para asegurar la viabilidad de las explotaciones. Por otro lado, hay que asegurar la puesta en valor en la cadena de valor del agricultor y ganadero porque están sometidos, además de a la climatología, a las presiones bursátiles, de mercados internacionales y lobbies, incluso nos encontramos con nuevas agresiones de grupos ambientalistas o animalistas que ponen en cuestión la producción agraria.

– Si tuviera que quedarse con una reivindicación, ¿cuál sería?

Se está hablando estos días… debemos hacer el esfuerzo todos los representantes de los agricultores y ganaderos para proponer a las fuerzas políticas que trasladen el fin de las nuevas plantaciones de viñedo de 2030 a 2050.

– Otra negociación importante en la actualidad se refiere a la nueva PAC, ¿cómo se afronta?

El presupuesto cada vez es menor. Estamos muy lejos de los años 80 cuando la PAC contaba con el 80 por ciento del presupuesto comunitario. Ahora, apenas llega al 40 por ciento. ¿Qué pasa? Que no sólo se reducen los fondos destinados al medio rural y a la agricultura sino que se ponen más requisitos, por lo que el apoyo real a las explotaciones es cada vez menor en un marco donde la mayoría de los productos agrarios (cereales, leche, pollo, cerdo, frutas…) tienen los mismos precios que hace treinta años, incluso menores.

– El propio Eduardo Pérez comentaba que ahora se aprendía con un tutorial de Youtube, ¿cómo va a impulsar el sindicato la innovación?

Tenemos un equipo técnico que se está reciclando continuamente y esto lo queremos trasladar, a través de un contacto continuado con nuestros asociados, para que se apliquen las nuevas tecnologías en el campo.

– Otro de los problemas que tiene el campo es la falta regeneración. Los jóvenes no se dedican a ello. ¿Qué solución tiene?

Sería muy complicado luchar contra la falta de relevo generacional si no vemos rentabilidad al sector. Si no encuentras una rentabilidad y no hay calidad de vida en los pueblos, el relevo generacional va a ser muy complicado. El éxito no sólo está en incrementar la prima económica por cada nueva incorporación sino por implementar otras medidas fiscales y servicios en el medio rural.

– ¿Cómo se pueden incorporar más mujeres a la agricultura?

Históricamente, la mujer ha tenido un segundo papel en la explotación aunque era quien tomaba las decisiones. El papel de la mujer, por suerte, cada vez es más patente y cada vez hay más titulares de explotaciones. No hay tanta distancia en los declarantes de la PAC entre hombres y mujeres como personas físicas. Eso es un paso de la mujer para asumir ese riesgo en la dirección de la explotación. Hoy por hoy, gracias a las nuevas tecnologías y a la mecanización del sector, una mujer puede perfectamente ser titular y dedicarse a esta actividad.

– Sobre la rentabilidad del sector… ¿hay miedo a un frenazo en las ventas de vino de Rioja?

Atravesamos una caída de ventas el año pasado del 7,3 por ciento que ya se preveía por la escasa cosecha del 2017. La caída tiene que ver, sobre todo, con la venta de vino joven y, aunque enero no ha sido un mes muy halagüeño, esperamos que repunte para mediados de junio y tengamos una recuperación notable. Era algo previsto y, para eso, los acuerdos en materia de control de plantaciones y en materia de controles de campaña ayudarán a aliviar la situación.

– ¿Qué incidencia puede tener el Brexit sobre el campo y la ganadería riojana?

Reino Unido significa el treinta por ciento de nuestras exportaciones de vino, por lo que hoy por hoy sería recomendable seguir cuidando ese mercado sin perjuicio de hacer prospecciones en otros. Puede afectar a otros sectores como frutas y hortalizas, que son un sector donde Reino Unido es su destino.

– Desde 2003 que comenzó a desempeñar puestos relacionados con el campo, ¿cómo ha cambiado?

Se ve una mejora desde el punto de vista técnico, los agricultores están más comprometidos con la sostenibilidad, lo que tiene que ver con el bienestar, el medio ambiente, la salud pública y el bienestar animal. También desde el punto de vista de la rentabilidad, el control de los consumos y los costes de explotación. En los últimos años, se ha trabajado en esta línea y en diseñar nuevas identidades de calidad que puedan diferenciar el producto riojano. El agricultor es cada vez es más consciente de que no puede producir cualquier cosa sino lo que le pide el mercado.

– Y de echar la vista atrás, a mirar hacia delante. ¿Cómo ve el futuro del campo riojano a medio plazo?

Soy optimista. Existe un gran interés en el relevo generacional, más que en otras comunidades autónomas, y los productos con marchamo de calidad como el vino de Rioja, las peras de Rincón de Soto, las IGP y las DOP… añaden un valor diferenciado al agricultor y ganadero. Con adecuadas políticas, la agricultura y la ganadería en La Rioja tienen futuro.

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