El Rioja

Hoy vendimiamos… la malvasía de Ostatu

La malvasía es una variedad minoritaria en Rioja, pero con unas características que la hacen peculiar y perfecta para ensamblajes.

Al abrigo del monte Palomares y con Laguardia al fondo, me recibe Gonzalo Sáenz de Samaniego en su espectacular viñedo de Valcavada. Tengo que decirlo, el entorno es de esos que enamora y te hace amar el vino, una postal para enmarcar y llevártela a casa. Dicho queda. La mañana está fría y la cuadrilla trabaja a destajo hace ya un par de horas, “la malvasía viene estupenda”, me dice Gonzalo a modo de recibimiento.

Este viñedo sigue la filosofía clásica de las plantaciones entradas en años: “La finca fue plantada en 1958 respetando lo que siempre se ha hecho, en el pequeño hondón del centro se hincó tempranillo tinto, y en la zona alta las variedades blancas, en este caso viura y malvasía. El suelo es muy delgado, enseguida aparece la roca, de caliza y arcilla, arenas blancas. Un suelo bastante ligero y muy sufrido”. Son tres hectáreas en total en un medio donde se ha respetado el bosquete natural que existe alrededor con encinas, espinos, monte bajo, matas y arbolado.

A caballo entre la Laguna del Prado y la Laguna de Carravalseca, en la viña el viento sopla con fuerza. “Mira Fernando, mi familia compró este viñedo en 1987 porque vimos que tenía algo especial. Es un orientación norte de libro, frío, incluso algo arisco. Pero ya lo ves, es tan bonito que te atrapa”. Y así nos quedamos los dos, disfrutando mientras los hombres del corquete siguen a lo suyo, vendimiando la viura y la malvasía.

Seguimos nosotros a lo nuestro también, hablando, algo que resulta más llevadero que el ir y venir llenando canastos. “Buscábamos algo diferente y lo encontramos, no te digo más que es donde traemos a los clientes para probar los vinos y que disfruten del entorno. Estando aquí ya tenemos algo ganado, ¿verdad?”. Sin duda, hay que jugar las bazas que tenemos a mano…

Una variedad peculiar y delicada

En este suelo tan característico de la zona, la malvasía da lo mejor de sí. “Cuidado, la malvasía es una variedad que da mucho, pero es peculiar, tremendamente delicada. En este viñedo está situada en la zona más aireada porque es una uva muy proclive a la podredumbre por su piel fina. Hay que trabajarla bien de deshoje, que se airee, y regular bien la carga para que no tenga problemas de botrytis. Aquí producimos unos 6.000 kilos, no más. Es generosa en su aporte de una calidad diferente a la viura, con la que se complementa muy bien. Destacaría su carácter glicérico, suma un carácter muy graso del que carece aquélla”. En vendimias tardías o con años húmedos es muy propensa a la enfermedad porque tiene un hollejo muy delicado.

Pero posiblemente sea la nariz la que más caracteriza a esta variedad y lo que la hace estupenda pareja de baile de la viura. “Y luego esas notas de fruta blanca, sientes el albaricoque, las grosellas blancas”, apunta Gonzalo, “de fruto seco como el pistacho o el cacahuete, la almendra, un perfil aromático curioso. Complementa a la viura que es más seca en boca, más corta”. De la conjunción a partes iguales nace su vino Lore, un blanco que llega con seis meses de barrica y potencia en la copa.

Tienen estos hombres de viña un deje muy curioso cuando andan por el viñedo -permítanme ustedes la digresión-, caminan “olfateando, buscando la presa”. Como buenos cazadores, de repente se paran y, con un movimiento rápido y certero, toman una uva y la catan. No deja de ser gracioso. Tras la cata de la baya, Gonzalo vuelve a mi mundo: “Tiene densidad en boca, una sensación golosa aunque no dulce porque aquí no madura en exceso. Es la glicerina. La pena es que no hay demasiada malvasía, casi sólo queda la de los viñedos viejos”. Concretamente 134 hectáreas amparadas, un exiguo 2,21 por ciento del total del viñedo de uva blanca.

Otro rápido movimiento en pos de la baya, ¡qué grandes son estos viticultores de raza! ¿Y las variedades foráneas? “Nada de variedades foráneas”, se pone serio tras la nueva cata, “en mi casa no hay hueco para ellas porque nuestra apuesta son las de aquí. Pienso que se diluye tu personalidad y pierdes la identidad, tu referencia. ¿Y para qué? Tenemos viura y malvasía de viña vieja y algo que hemos plantado nuevo de tempranillo blanco y garnacha blanca. Ésas son nuestras armas en este año del que ya estamos recogiendo lo último en blanco”.

Echo un último vistazo a Valcavada y me despido. Ya estoy esperando la nueva añada del Lore, pero queda un año por delante. Me conformaré con el recuerdo de un viñedo precioso y una mañana de lo más agradable con los hombres de Ostatu. Lo que no es poco…

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