Especial Enoturismo

Navarrete, memoria, identidad y futuro

Fotos: Daniel Ortiz y Ayuntamiento de Navarrete.

A tan solo 11 kilómetros de Logroño, en pleno valle del Ebro y abrazado por el trazado histórico del Camino de Santiago Francés y también por el Camino Ignaciano, en auge durante los últimos años, Navarrete conserva la esencia de las villas que crecieron al calor de la historia, del barro y del vino. La localidad, que ronda actualmente los tres mil habitantes, nació en el siglo XII alrededor del cerro Tedeón, una elevación estratégica que todavía hoy marca la fisonomía de sus calles empedradas, sus callejas estrechas y sus rincones de reminiscencias medievales. Pero Navarrete es mucho más que un bello casco histórico. Su patrimonio inmaterial, profundamente arraigado en la cultura del vino, en la tradición alfarera y en la hospitalidad hacia los peregrinos, convierte a este municipio riojano en uno de esos lugares que justifican por sí solos un sorprendente Alto en el Camino.

Porque si hay algo que define a Navarrete es la capacidad de transformar la tierra en identidad. Aquí el barro no ha sido únicamente una materia prima; ha sido una forma de vida. Durante generaciones, la localidad ha respirado al ritmo de los hornos, de las manos curtidas por la arcilla y del sonido de los tornos modelando piezas que viajaban desde La Rioja hacia distintos puntos de España. Navarrete y la alfarería permanecen unidas de forma indisoluble, como si ambas realidades hubieran crecido juntas desde el origen mismo del municipio. Igual que la tierra y el agua se funden para dar lugar al barro, Navarrete y la cerámica se mezclan formando lo que muchos empiezan ya a denominar el modo de vida navarretano.

No hace tanto tiempo, apenas medio siglo atrás, cerca del 70 por ciento de la población vivía directa o indirectamente ligada al mundo de la cerámica. Los tradicionales olleros compartían protagonismo con sobadores, aguadores, leñeros, comerciantes y otros muchos oficios nacidos alrededor de una misma materia prima. Toda una economía local giraba en torno al barro. La parte alta del municipio, bajo el cerro Tedeón, concentraba buena parte de las antiguas ollerías gracias a la calidad de las arcillas de la zona. Allí se levantaban talleres y hornos donde la tierra adquiría forma, utilidad y belleza.

Con el paso de los años, muchas de esas alfarerías se trasladaron hacia las zonas bajas del municipio, buscando una mejor conexión con las vías de comunicación y adaptándose a las nuevas necesidades productivas. Sin embargo, Navarrete jamás perdió el vínculo con su esencia ceramista. La tradición ha sabido convivir con la innovación y con nuevas formas de entender la artesanía, hasta convertir a la localidad en uno de los referentes nacionales del sector.

Ese legado se hace especialmente visible cada verano con la celebración de N.A.CE., la Feria de Alfarería y Cerámica de Navarrete. Desde 2009, este encuentro reúne en el municipio a artesanos, creadores y visitantes de distintos puntos del país en una cita que ha ido creciendo hasta situarse entre las ferias alfareras más relevantes del ámbito nacional. Durante varios días, las calles de Navarrete se llenan de demostraciones, talleres, exposiciones y actividades paralelas que reivindican el valor cultural de la cerámica y permiten contemplar en directo cómo la tierra se convierte en arte. La feria actúa como escaparate turístico y, además, funciona como un ejercicio de memoria colectiva que recuerda el peso que la alfarería ha tenido en la historia social y económica de la localidad.

En ese camino por preservar y proyectar su identidad ceramista, el Ayuntamiento de Navarrete ultima además la puesta en marcha del futuro Centro de Interpretación de la Alfarería y la Cerámica. El proyecto se levanta en un enclave cargado de simbolismo: el espacio donde antiguamente se ubicaban los hornos cerámicos de la histórica factoría FANSA. Allí, entre el recuerdo industrial y la voluntad de futuro, el municipio busca consolidarse como un referente cultural y turístico vinculado al mundo de la cerámica.

La actuación contempla igualmente la conservación de la emblemática chimenea de la antigua fábrica, protegida como patrimonio industrial e integrada en una futura zona pública. El nuevo edificio nace con la intención de convertirse en mucho más que un museo. El centro, además, albergará una exposición permanente dedicada a la historia de la alfarería local y a los procesos tradicionales de elaboración cerámica.

Pero Navarrete no solo mira al barro. También lo hace al vino. La localidad se ha convertido en uno de los puntos imprescindibles del circuito enoturístico de La Rioja gracias a la presencia de una docena de bodegas que combinan tradición vitivinícola, arquitectura y experiencias en torno al paisaje del viñedo. Además, este mismo año el Ayuntamiento ha impulsado una nueva iniciativa, ‘Navarrete Descorcha’, una propuesta con la que cooperativas y bodegas del municipio abren sus puertas al público -algunas de ellas por primera vez-, permitiendo descubrir desde dentro la riqueza vitivinícola local. El municipio, situado en pleno corazón de la Denominación de Origen Calificada Rioja, ofrece al visitante la posibilidad de adentrarse en calados históricos, degustar vinos de enorme personalidad y descubrir proyectos familiares que mantienen viva la esencia del Rioja más auténtico.

Las bodegas de Navarrete representan además la diversidad del panorama vitivinícola riojano. Conviven firmas históricas con propuestas contemporáneas que apuestan por la innovación, el cuidado del viñedo y las experiencias personalizadas para el visitante. Catas, recorridos entre barricas, paseos por viñedos y propuestas gastronómicas convierten al municipio en una parada obligatoria para quienes buscan descubrir la cultura del vino desde una perspectiva cercana y auténtica.

Esa combinación entre vino, alfarería y Camino de Santiago otorga a Navarrete una personalidad singular dentro de La Rioja. El peregrino encuentra aquí descanso y patrimonio; el amante del vino descubre una de las puertas de entrada al universo del Rioja; y quien se acerca atraído por la artesanía comprende rápidamente que en este municipio la tierra posee un valor especial. Porque en Navarrete el barro además de arcilla es memoria, identidad y futuro.

Pocas localidades logran reunir con tanta naturalidad patrimonio histórico, tradición artesanal y cultura vitivinícola. Navarrete lo hace desde la autenticidad de un pueblo que ha sabido conservar su alma mientras mira hacia adelante. Un lugar donde cada calle recuerda el peso de la historia, donde los hornos cerámicos hablan de generaciones enteras y donde el vino continúa marcando el ritmo de la vida cotidiana. En definitiva, un municipio en el que la tierra, literalmente, se hace arte.

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