Especial Enoturismo

Bodegas Faustino, donde Rioja se abre al mundo

Fotos: Bodegas Faustino

Entrar en Bodegas Faustino es hacerlo en una de las grandes historias del vino. Pocas marcas han logrado una proyección internacional tan reconocible dentro de Rioja y, al mismo tiempo, mantener una conexión tan estrecha con la tierra donde nacieron. Desde Oyón, en pleno corazón de Rioja Alavesa y a apenas cinco kilómetros de Logroño, la familia Martínez Zabala ha construido durante más de 160 años una de las grandes referencias internacionales del Rioja. Sus vinos viajan hoy a más de 140 países, su icónico Faustino I es el Gran Reserva de Rioja más vendido del mundo y la bodega acumula reconocimientos como el de ‘Bodega Europea del Año’ y el ‘Best of Wine Tourism Internacional’.

Faustino quiere que sus vinos crucen fronteras, pero al mismo tiempo busca que el visitante pueda entrar en ese universo y descubrir por qué Rioja ha conquistado medio mundo. Por eso, la experiencia comienza entre viñedos, barricas y largas crianzas que explican perfectamente una de las grandes obsesiones de la casa: el tiempo. Más de 60.000 barricas, 14 millones de botellas y más de 750 hectáreas de viñedo propio -la mayor propiedad de viñedo en Rioja- forman parte de un paisaje que mezcla tradición y dimensión internacional.

En los últimos años, además, la bodega ha dado un salto enorme con Legado Bodegas Faustino, el nuevo gran espacio enoturístico diseñado junto al estudio Foster + Partners, dirigido por Norman Foster. Se trata del primer proyecto enoturístico ‘Planeta 1.0’ y ‘Energy Plus’ del sector, un edificio concebido para integrarse con el paisaje y producir más energía de la que consume gracias a su enorme cubierta fotovoltaica.

El complejo, inaugurado en 2024, funciona como un auténtico punto de encuentro entre vino, arquitectura, naturaleza, sostenibilidad e innovación. Grandes espacios abiertos, madera, luz natural y una estructura espectacular convierten la visita en algo mucho más sensorial. El propio proyecto fue pensado para crear “pequeños universos” donde desarrollar catas, experiencias gastronómicas y cualquier tipo de evento alrededor del vino.

Es una de las fortalezas de Faustino: su capacidad para ofrecer experiencias muy diferentes. Desde visitas clásicas con cata y aperitivo hasta propuestas mucho más originales como ‘Faustino | 60 Vintages’, donde las míticas etiquetas de la bodega se convierten en parte del relato. También destacan las visitas con vermú, las experiencias gastronómicas o actividades privadas bajo petición como ‘Duelo de narices’ y ‘las catas con mucha historia’.

Además, el visitante puede disfrutar del nuevo wine bar abierto todos los días sin necesidad de reserva previa. Un espacio mucho más desenfadado donde los vinos de la casa se acompañan de tapas y platillos diseñados por Maher Cooks.

La sensación al salir de Faustino es la de haber recorrido una bodega que entiende perfectamente el peso de su historia, sin dejar de mirar hacia el futuro. Y ha conseguido que una marca conocida mundialmente mantenga intacta su conexión con Rioja y con la cultura del vino entendida como una experiencia para compartirla despacio.

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