Gastronomía

El gran error de Paco Nadal con las chuletillas al sarmiento

Hay viajeros que acumulan países. Otros coleccionan experiencias. Y luego está Paco Nadal, que lleva más de tres décadas recorriendo el planeta, metiéndose en selvas, cruzando desiertos, durmiendo en lugares imposibles y contando historias desde rincones que la mayoría apenas sabe situar en un mapa.

Por eso mismo llama la atención que uno de sus últimos aprendizajes viajeros haya ocurrido bastante más cerca de casa. Concretamente, frente a una parrilla, unos sarmientos encendidos y una bandeja de chuletillas de cordero riojano.

El conocido periodista, escritor y divulgador de viajes ha compartido en sus redes sociales un vídeo en el que aprende a preparar las tradicionales chuletillas al sarmiento, probablemente la receta más identitaria de La Rioja. No hablamos de la más sofisticada ni de la más compleja. Tampoco de la más moderna. Precisamente ahí reside parte de su encanto: fuego, sarmientos, cordero y en pocos minutos un festival gastronómico esencial. Poco más.

El resultado, además, es impecable. Las chuletillas adquieren ese punto dorado que hace salivar incluso a través de una pantalla de móvil. El fuego parece el adecuado. El humo hace su trabajo. La liturgia se desarrolla sin sobresaltos. Hasta que llega el desenlace.

Porque cuando todo parecía encaminado hacia la matrícula de honor, Paco Nadal comete un error que, en términos estrictamente riojanos, podría considerarse una falta leve con agravante gastronómico. Coge una chuletilla con un tenedor. Sí, con un tenedor.

Ni siquiera vamos a entrar en el terreno del cuchillo, que ya nos obligaría a convocar un pleno extraordinario para decidir la gravedad de la sanción. Pero el tenedor tampoco ayuda.

Cualquier riojano sabe que las chuletillas al sarmiento se comen con las manos. Es una norma no escrita, va en los genes. Es ancestral. Una tradición transmitida de generación en generación sin necesidad de decretos, reglamentos ni publicaciones en el BOR.

Se comen con las manos porque sí. Porque siempre se han comido así. Porque el ritual exige mancharse ligeramente los dedos, acercarse al fuego, compartir fuente y conversación. Porque forman parte de esa categoría de alimentos que pierden parte de su alma cuando aparece un cubierto por medio. Somos tribu. Civilización o barbarie: y en esto de las chuletillas elegimos barbarie.

Paco Nadal ha construido toda una carrera profesional explicando que viajar consiste precisamente en entender las costumbres locales. En observar cómo vive la gente. En respetar los usos de cada lugar. En dejarse llevar por las pequeñas tradiciones que convierten un destino en algo auténtico. Así que somos conscientes de que se trata de un desliz que tiene solución.

Desde La Rioja no solo se le absuelve. También se le invita a repetir. Porque si ha aprendido a prepararlas, ahora toca el siguiente nivel. El avanzado. El definitivo. El que convierte a cualquier visitante en un auténtico iniciado de la cultura gastronómica riojana. La próxima vez que vuelva por aquí, le reservamos mesa, parrilla y chuletillas. Pero con una condición innegociable: los cubiertos se quedan lejos del fuego.

Paco Nadal ha recogido el guante con humor y ha entonado el ‘mea culpa’ desde sus redes sociales: «Asumo mi error», ha admitido entre risas, aunque con una importante alegación en su defensa: «Los cubierto solo los utilicé para coger las chuletillas del plato común. Después, me las zampé a la riojana: con las manos».

Queda, por tanto, rebajada la acusación. Donde parecía haber delito gastronómico, quizá solo hubo una maniobra de aproximación al plato. NueveCuatroUno acepta la explicación y retira la amonestación. Eso sí, la próxima visita deberá servir para comprobar sobre el terreno que la lección ha quedado aprendida.

Después de todo, uno puede dar la vuelta al mundo varias veces. Puede atravesar continentes enteros, perderse en los mercados más exóticos del planeta y conocer las tradiciones más remotas. Pero las chuletillas al sarmiento, como tantas otras cosas importantes de la vida, se entienden de verdad cuando se dejan los modales a un lado y se disfrutan tal y como manda la tradición. Con las manos. Como Dios y La Rioja mandan.

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