La Rioja

A mano y con arnés: los trabajos en la LR-115 avanzan colgados de la ladera

Las obras, por fin, empiezan a verse en Arnedillo. Después de catorce meses de espera desde aquel desprendimiento que partió en dos la normalidad del Alto Cidacos, la ladera de la LR-115 ha entrado en una fase visible de trabajos. «Ahora ya han empezado a trabajar allí», explica el alcalde, Pedro Montalvo, con una mezcla de alivio y prudencia. No habla todavía de una solución cercana, porque sabe que la montaña manda, pero sí de un cambio evidente: donde antes solo había incertidumbre, ahora hay máquinas, operarios y movimiento.

La imagen impresiona incluso antes de entenderla del todo. En la parte alta de la ladera trabajan seis u ocho especialistas colgados, literalmente, de la roca. «Están tirando piedras a mano desde arriba», relata Montalvo. No hay maquinaria posible en esa cabecera del talud, así que el saneo se hace piedra a piedra, con escaladores retirando manualmente el material inestable mientras, más abajo, las máquinas remueven y apartan los bloques que van cayendo. La escena tiene parte de obra pública y algo de operación de montaña: lenta, arriesgada y minuciosa.

La limpieza de la ladera es ahora el primer paso visible de un proceso largo. Según el alcalde, en apenas unos días podría quedar saneada buena parte de la zona superior, aunque eso no significa que la carretera vaya a recuperar la normalidad de inmediato. «La obra va a terminar en abril o en marzo del año que viene», asume Montalvo. La frase pesa. Porque traducida al día a día significa que Arnedillo y buena parte del Alto Cidacos pasarán dos años sin su acceso principal tal y como lo conocían.

El regidor insiste en una idea que se repite desde el primer día: la seguridad está por encima de cualquier calendario. «Va a depender de la seguridad», advierte. Las imágenes de estos días, con los trabajadores suspendidos en la parte alta y las rocas bajando por la ladera, ayudan a entender por qué no se puede improvisar. Primero hay que sanear, después construir, reforzar y garantizar que la solución no sea solo una salida provisional, sino una respuesta de futuro. Aun así, en el pueblo cuesta no mirar el reloj. Han sido muchos meses de rodeos, paciencia y vida alterada.

Todo empezó el 25 de marzo de 2025, cuando un desprendimiento de grandes dimensiones cayó sobre la LR-115 a la altura del punto kilométrico 13,700, en las inmediaciones de Arnedillo. El corte afectó a ambos sentidos de la circulación y dejó al municipio prácticamente incomunicado, junto a otras localidades del entorno. Aquel día cayeron rocas de más de 50 toneladas y se desprendió una ladera de más de cien metros. Por fortuna, nadie pasaba por la carretera en ese momento, aunque quienes vieron caer la montaña todavía recuerdan la escena como algo «impresionante».

A partir de ahí, la vida al otro lado del desprendimiento se convirtió en una prueba diaria. El viaje a Arnedo, que antes era un trayecto corto, pasó a ser una vuelta larga por carreteras alternativas. Los negocios empezaron a notar las cancelaciones, los proveedores llegaron con más dificultad y los vecinos tuvieron que organizarse para comprar, recoger pan, hacer recados o acudir al médico. En las conversaciones del pueblo apareció incluso el recuerdo de la pandemia, porque la sensación era parecida: una vida aparentemente en marcha, pero con el territorio desconectado por dentro.

Para aliviar esa situación, el Gobierno de La Rioja construyó un desvío provisional entre el antiguo puente metálico y la Ermita de Santiago, pasando por el Camino de las Huertas. La actuación, ejecutada en tiempo récord antes de Semana Santa, supuso más de medio millón de euros y permitió recuperar parte de la movilidad y salvar, al menos en parte, una campaña clave para el turismo, la hostelería y el comercio del Alto Cidacos. Desde entonces, ese vial alternativo se ha convertido en la respiración provisional de la comarca.

La solución definitiva pasa ahora por una obra de gran envergadura: un muro de contención de hormigón armado de 168,29 metros de longitud y diez metros de altura, acompañado de una playa de arena en su parte trasera para frenar la energía de las piedras que puedan desprenderse. También se prevé modificar ligeramente el trazado de la vía verde del Cidacos y ampliar la calzada para mejorar la seguridad. La empresa Ismael Andrés es la propuesta para ejecutar unos trabajos valorados en 2.833.530,85 euros y con un plazo de diez meses. En Arnedillo, después de tanto tiempo mirando una carretera cortada, la ladera empieza al menos a dar señales de que algo se mueve.

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