Las piscinas de este espacio (calle General Urrutia, 29) llevan más de treinta y cinco años llenas de agua salada en pleno corazón de Logroño. Agua que cada semana llega a Logroño directamente del mar en un camión vivero. Desde principios de los años noventa, el vivero funciona sin interrupción, con marisco vivo durante todo el año. «Desde que se hicieron nunca ha dejado de haber agua ni marisco aquí», explica Pablo Prieto, tercera generación al frente de un negocio que abrió sus puertas en 1989 y que mantiene intacta una forma de trabajar poco habitual lejos de la costa.
El origen del proyecto está ligado al mar y a Asturias. «Mi padre empezó trabajando en el tema del marisco hace ya 36 años y mi tío era marinero en Luarca, pescador», recuerda. Con esa experiencia previa, la familia asturiana vio la oportunidad de abrir un mercado nuevo en La Rioja. «Pensaban que aquí podía funcionar, y la verdad es que desde el principio funcionó muy bien».

El negocio fue creciendo y asentándose con el paso del tiempo. Primero los tíos (Montse y Eugenio), después y en la actualidad el padre (Angel) y, desde hace seis años, también Pablo, aunque su vinculación viene de mucho antes. «Yo he empezado ahora, como quien dice, pero llevo aquí ayudando desde pequeño, toda la vida». Esta continuidad generacional también se refleja en las instalaciones: las piscinas actuales se montaron en los primeros años noventa, cuando se trasladaron al local actual.
«Desde entonces están ahí y no se pueden parar. No las puedes dejar sin agua ni que la bomba deje de funcionar ya que siempre hay marisco». Por eso, hace una recomendación a todos esos nuevos clientes que por primera vez se van a acercar hasta este lugar tan especial ahora por Navidad. «Que nos conozcan, y que sepan que el resto del año tenemos el marisco de la mejor calidad y a mejor precio». La mariscada en marzo es igual de sabrosa que la de diciembre pero a un precio más competitivo.
Mantener marisco vivo en una ciudad de interior tiene una complejidad añadida. El sistema funciona con un ciclo constante de agua salada que se renueva semanalmente. «Traemos agua del mar todas las semanas. Tenemos un camión, cargamos el agua en el Cantábrico y la traemos aquí, y así vamos renovando el agua y el marisco». Un proceso costoso y exigente que muchas veces el cliente no ve. «La gente dice ‘es caro’, pero hay que ver el trabajo que tiene detrás, desde la pesca en los barcos o en tierra, hasta que llega a la mesa».

FOTO: Fernando Díaz
Además, el riesgo es constante. «Tú hoy echas cien bueyes y mañana igual se han muerto diez. Eso son pérdidas que tienes que asumir, porque el animal muerto no se puede vender». Aun así, defienden el valor del producto vivo. «Tener marisco vivo aquí es darle un valor añadido. Esto es más típico de la costa, de sitios como Santander o Gijón, donde sacan el agua directamente del mar a sus viveros. Aquí traer el agua hasta Logroño tiene un precio».
El vivero se organiza por especies y tamaños: langostas, bogavantes, bueyes, nécoras, almejas, ostras… «Solemos separar por tamaños para organizarnos mejor». En cuanto al origen, Pablo desmonta uno de los mitos más extendidos. «Hay mucho marisco que viene de Galicia, pero también traemos de Inglaterra, Irlanda, Escocia o islas del norte. No todo el marisco que se vende puede ser gallego. No hay marisco suficiente en Galicia para abastecer a todo el mundo, sobre todo en estos picos tan altos de consumo como Navidad». Eso sí, lo importante para ellos es el origen en aguas frías. «Mientras sea de aguas frías, la calidad es la misma».

Esta langosta pesa un kilo y medio, «perfecta para dos personas». FOTO: Fernando Díaz
Los gustos del cliente riojano están bastante definidos. «La almeja y la nécora se venden mucho, y en Navidad el camarón funciona muchísimo». El pulpo y el percebe también tienen un peso importante durante todo el año. En el caso de la almeja, trabajan dos variedades. «Tenemos la de cultivo gallega y la fina. La fina tiene más carne y más sabor, pero la de cultivo es muy buena para guisos o para acompañar platos».
Uno de los servicios más valorados por la clientela es la cocción, que realizan sin coste adicional. «Cocemos sin cobrar por ello y lo llevamos haciendo desde que llegamos». Durante la semana se hace por encargo con un día de antelación; los viernes y sábados suele haber producto cocido en el expositor. «Hay gente que tiene miedo: ‘quiero un buey, pero no sé manejarlo’. Nos lo dice y se lo damos cocido en su punto perfecto».

La nécora es uno de los productos más demandados por los riojanos. FOTO: Fernando Díaz
Además, ofrecen asesoramiento para quien quiere hacerlo en casa. «El marisco vivo hay que echarlo siempre en agua fría, nunca en agua hirviendo, para que se vaya muriendo poco a poco. Si le das mucho calor de golpe, suelta las patas». Para facilitarlo, incluso tienen tarjetas con tiempos de cocción según el tamaño de cada pieza.
Pablo no se quiere olvidar de un pilar fundamental de Mariscos Vidio que son Luis y David los cuales llevan trabajando en el negocio 35 y 25 años. «Es difícil encontrar gente como ellos, responsables y de confianza, me preocupa el día que se jubilen», bromea Pablo.
La Navidad marca el momento de mayor trabajo del año. Los pedidos para Nochebuena se recogen hasta el día 20, y los de Nochevieja los días 26 y 27. «El marisco vivo solemos entregarlo el 23 y el 30, y el cocido el 24 y el 31». Tras más de tres décadas, el vivero sigue funcionando con la misma filosofía, calidad, atención, cercanía, confianza y esmero. «Y aquí seguiremos el resto del año», remarca. Porque esas fantásticas piscinas con agua del Cantábrico nunca están vacías, siempre hay frutos del mar que disfrutar en la mejor compañía.


