Cultura y Sociedad

Las nuevas generaciones y la vieja guardia de las tunas

Las nuevas generaciones y la vieja guardia de las tunas rondan Logroño

Desde fuera, la tuna puede parecer una cosa de hombre mayores con canas. Desde dentro, la realidad es otra. Bastaba con echar un vistazo este sábado a cualquiera de las tunas que amenizaba el vermut en la calle Laurel para darse cuenta de que la edad media está bajando considerablemente.

Capa de uno de los miembros de la Tuna Universitaria de Santander.

Sebastián tarda unos segundos en calcular cuántos años lleva ya formando parte de la Tuna de Magisterio de Sevilla. Es el más veterano. No solo es miembro, si no que fue uno de los encargados de refundarla allá por el año 1983: «Con 20 años nos juntamos una pandilla de amigos y decidimos refundarla y tirar para adelante». ¿Por qué? Es bien sencillo: «Nos gustan las mujeres, nos gusta el vino y qué mejor cosa que estar en una tuna. Vas cantando por la calle y se te acercan las mujeres, te dan vino…».

Pero también tiene un importante componente cultural: «Es recoger las tradiciones antiguas. Antes, los estudiantes de la universidad de Salamanca iban con una cuchara y un tenedor de palo y cantaban y les daban de comer. Ahora hemos evolucionado y ya usamos cucharas y tenedores normales. Incluso cuchillos».

A su lado, está Miguel, el novato de la tuna: apenas lleva un mes. A pesar de la diferencia de tiempo que llevan formando parte de la tuna, «la motivación para empezar «es muy parecida». A Miguel también le gustan las mujeres y el vino y, en su caso, fue un «compañero de la carrera» quien le habló de la tuna. Como buen historiador, Miguel también conoce toda la tradición que hay detrás: «Los estudiantes iban cantando y tocando para ganarse un sustento y poder pagarse su propia comida y su propia bebida. A mí ese espíritu universitario de cante, de beber, de rondar, me llamó mucho la atención y por eso llevo un mes en la tuna y de momento pues lo estoy disfrutando muchísimo».

Sebastián y Miguel posan con sus compañeros.

«Donde vayas, eres bien recibido. No solo en España, también en Latinoamérica. Dondequiera que vayas, te pones tu traje y eres bien acogido», señala Sebastián. «Me he recorrido España entera y en todos lados me dicen que me lo he pasado muy bien, porque yo siempre cuando termina un certamen pregunto a mis compañeros cómo me lo he pasado y siempre me dicen que muy bien».

Certámenes como el que se celebra estos días en Logroño permiten que miembros de tunas procedentes de diferentes partes de España. «Aquí me he encontrado con gente que hacía más de treinta años que no veía. Encontrarte con gente al cabo de los años es otro nivel, otro mundo», cuenta Sebastián.

Gabriel y Adrián son los ‘novatillos’ de la Tuna Universitaria de Santander. Gabriel, de 18 años, lleva año y medio en la tuna. Entró en la tuna «por un buen amigo» que le llevó «a uno de los ensayos» y ahí fue donde vio que el gustaba «el rollo y el ambiente» y se quedó. Adrián tiene 20 años y ya lleva dos siendo parte de la tuna. En su caso, vio en la tuna la oportunidad para «integrarse en una ciudad nueva a la que había ido para estudiar» y aquí fue donde encontró su sitio.

Gabriel y Adrián son los ‘novatillos’ de la Tuna Universitaria de Santander.

«Esto no se deja nunca. Una vez te ponen la beca, ya es hasta la muerte», explican. Gabriel y Adrián aún están en el periodo de novataje, es decir, aún no tienen su beca y es que para que te la den tienes que cumplir una serie de requisitos: «Ser hábil musicalmente, integrarte bien, espabilar… todo eso».

Gabriel y Adrián junto a algunos compañeros de la tuna.

Por otra parte, Gologolo (afirma que este es su nombre y que si le llaman Luis por la calle, no se gira y que este es su nombre «de toda la vida de Dios»), es uno de los veteranos de la tuna cántabra: es miembro desde 1987. «¿Cómo ha pasado el tiempo, eh? El viejo siglo XX, qué bonito fue», bromea.

«Cuando tenía 10 años vi una tuna que venía a rondar a mi casa y se me quedó ahí clavado, y cuando llegué a la universidad mi máximo norte era meterme a la tuna. Me aceptaron, me metí y hasta el día de hoy. No hay mejor manera de estar en la universidad que estar en la tuna», apunta Gologolo.

Gologolo toca y canta alegremente.

«Lo mejor es esto, el compañerismo», dice señalando a sus compañeros. «Tengo 25 amigos que no los encuentras en ningún sitio. Lo dan todo por ti y tú por ellos. El compañerismo que hay en la tuna es lo más grande que hay», sentencia.

Carlos, Manuel y Alejandro llegan desde Alcalá de Henares estudian (o acaban de terminar) Ingeniería Telemática, Criminología y Arquitectura respectivamente. Carlos y Manuel llevan cuatro años siendo integrantes; Alejandro, solo uno.

Carlos, Miguel y Alejandro posan mientras sus compañeros tocan.

En el caso de Manuel, terminó formando parte de la Tuna de la Universidad de Alcalá de Henares por «acompañar a su mejor amigo», aunque admite que «el buen ambiente es un aliciente». Y es que formar parte de una tuna no es solo tocar y cantar, también es «irte de viaje» y disfrutar «de esos tiempos estudiando, aunque aquí hay algunos que llevan unos cuantos años demás estudiando», bromea mirando a sus compañeros.

Carlos, Miguel y Alejandro posan con algunos de sus compañeros de la Tuna Universitaria de Alcalá de Henares.

«Es algo interesante y diferente», añade Carlos. En el caso de Alejandro, lo que le motivó a integrarse en la tuna fue el «poder aprender más música y las ganas de pasarlo bien». Pero si se han quedado es, sin duda, «por el ambiente» y por la posibilidad de «conocer nuevos sitios, hablar con los locales… Aprendes un montón de cosas y tienes una red de contactos que aquí somos todos como hermanos».

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