Gastronomía

Diego reabre en La Laurel una ventana a la tradición

Uno de los bares más emblemáticos de La Laurel abre sus puertas después de cinco meses cerrado y una intensa reflexión familiar

Miguel dejó su bar en silencio, como era de esperar para quienes se preciaban de conocerlo bien. Se alejaba de cualquier protagonismo. Porque Miguel trabajó sin darse excesiva importancia. Se ganaba la vida desde el otro lado de la barra. Lo que no significa que no propiciara maravillosas conversaciones con sus clientes. Pero de puertas para fuera de su queridísimo bar Sierra La Hez, Miguel vivió discretamente, entre libros, paseos y sus quehaceres diarios. Hasta que un día cerró. Y poco más se supo.

Un pequeño susto le hizo reflexionar. Y decidió dar un paso a un lado. Comenzó entonces entre la familia una profunda reflexión. Con dos hijos formados para hacer otras cosas, el futuro de este legendario espacio de La Laurel quedaba entre interrogantes. ¿O una vida en la hostelería o una vida fuera de la hostelería? Miguel y Diego, sus hijos, probaron. Estuvieron unos meses ocupando el lugar que hasta entonces regentaba su padre. Banderillas, gildas, cañas, emparedados, vinos… nada había cambiado, todo seguía igual, uno de los pocos oasis a la tradición que perduran en La Laurel.

Miguel leía y paseaba más que nunca porque ahora eran sus hijos los que trabajaban el bar, hasta que hace cinco meses, también en silencio, como hizo su padre, sus hijos bajaron las persiana para no volverla a subir. ¿Qué va a ser de La Hez? La pregunta para clientes habituales que necesitan de espacios como éste para seguir sintiendo que no todo está cambiando tanto como dicen, que aún hay espacio para los de Logroño en la calle en la que han crecido.

La Hez está a buen recaudo. Diego, el pequeño de los dos hijos, a sus 24 años, con el apoyo de su mujer, con la ayuda de sus padres, ha tomado la decisión de reabrir este local. Y de no tocar absolutamente nada. Tanto es así que las banderillas, las gildas… todo sigue colocado en la barra como les enseñó en su día su padre. «Nos hemos criado aquí», explica Diego, sonriente por el cariño que está recibiendo de todos esos clientes que tanto les han echado de menos durante estos cinco meses de orfandad.

«Claro que ha habido una profunda reflexión», apunta. «Es que nos hemos preparado para tener una profesión más allá de la hostelería», quizás por eso estuvieron esos meses, los dos hermanos, Miguel y Diego, trabajando codo con codo para ver cómo se sentía el bar sin la presencia a diario de su padre. Y durante estos cinco meses los dos han estado trabajando de lo suyo, aunque sin apagar de todo la chispa de la hostelería, que se prendió desde su más tierna infancia. «He visto esta vida, he visto la vida que también podía tener haciendo lo que estudié». Y aunque la electricidad riojana ha perdido, seguro, a un buen técnico, la hostelería riojana y La Laurel, por fortuna, ha recuperado a un joven hostelero que va a seguir apostando por la tradición, desde esa pequeña ventanita por la que todavía se ve un Logroño reconocible.

A sus 24 años, Diego es ya el nuevo responsable de La Hez, un viejo bar de toda la vida que tanta felicidad transmite a los clientes de toda la vida. Por suerte hay decisiones vitales que aseguran que las cosas se seguirán haciendo como siempre, es decir, bien. Como hizo Miguel y como hará Diego respaldado por sus padres, su hermano y su mujer.

Y sí, todos tranquilos, en la televisión sigue activo el Teletexto con los resultados de la jornada futbolística. ¡Patrimonio logroñés!

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