Educación

Alta empleabilidad y prácticas desde el primer año: así es el ciclo de Diseño en Fabricación Mecánica

El ciclo de Diseño en Fabricación Mecánica del Cosme García es una de las opciones más demandadas por quienes buscan una formación con futuro

FOTO: Fernando Díaz (Riojapress)

En una clase llena de pantallas, los alumnos del Grado Superior en Diseño en Fabricación Mecánica se forman a lo grande. Este ciclo formativo, que se imparte en horario de tarde en el IES Cosme García, en Logroño, se ha convertido en una de las opciones más demandadas por quienes buscan una formación técnica con futuro, flexible y con los pies bien plantados en la realidad laboral. Y es que no es cualquier formación. Se ha convertido en los últimos años en un puente directo hacia el empleo.

Uno de los pilares que hace de este grado una apuesta tan segura es su conexión directa con el tejido empresarial. Desde el primer año, los alumnos se sumergen en entornos de fabricación reales gracias a las prácticas en empresa, y no es casualidad que la mayoría acabe trabajando en el mismo sitio donde ha aprendido. El resultado: una empleabilidad altísima, casi inmediata. “Muchos de ellos encuentran trabajo antes incluso de tener el certificado de notas”, aseguran desde el centro. Las empresas los esperan y están encantadas con lo que los alumnos han aprendido en las aulas.

Allí diseñan soluciones mecánicas completas, desde el cálculo y selección de materiales hasta la elaboración de planos con software CAD y simulaciones para optimizar moldes y procesos. Además, generan y actualizan toda la documentación técnica necesaria, incluyendo pruebas, instrucciones y homologaciones, garantizando que el producto final cumpla con los requisitos establecidos.

Además, el centro cuenta con convenios con decenas de empresas y mantiene activa una bolsa de empleo, donde los propios estudiantes pueden subir sus currículos y las empresas inscribirse en busca de talento joven y formado. A esto se suma una red de profesores conectados con el mundo laboral, que hacen de puente entre el aula y la industria.

Estudiar por las tardes puede parecer un hándicap a primera vista, pero para muchos alumnos ha sido justo lo contrario. Fernando Santolalla, exalumno del grado, lo tiene claro: “Para mí, tener las mañanas libres fue comodísimo. Me permitía organizarme, trabajar, estudiar… Es otra forma de verlo y me vino genial”. De hecho, la flexibilidad horaria permite compatibilizar los estudios con un empleo o con otras responsabilidades. No son pocos los que llegan al ciclo ya con experiencia laboral.

El perfil del alumnado es muy variado: desde jóvenes que, tras el bachillerato, deciden no ir a la universidad, hasta personas que ya han pasado por ella y quieren especializarse. Algunos, incluso, ya estaban en el mundo laboral y buscan actualizarse. Después del grado, muchos optan por seguir con un curso de especialización, lo que les permite abrir aún más puertas.

Diseño y fabricación: creatividad con técnica

Una de las claves del ciclo es su enfoque integral. Aquí, los alumnos diseñan lo que luego fabrican. Aprenden a trabajar con programas de diseño gráfico en 2D y 3D, algo muy valorado por las empresas. “Valoran mucho que salgan con manejo de software específico, pero sobre todo con la capacidad de adaptarse a otros”, explican los tutores, Arrate Martínez y Jesús Ruiz.

El abanico de sectores donde pueden trabajar es inmenso: desde calderería, agroalimentación o automoción, hasta la industria vinícola o cualquier sector puramente industrial. Porque, en realidad, todas las empresas necesitan a alguien que sepa diseñar e interpretar planos.

José Ángel González Arias, director general de AVWEL SAU, en Miranda de Ebro (Burgos), lo tiene clarísimo: “Necesitamos gente que sepa leer y hacer planos, instalar maquinaria, diseñar en 3D y 2D… Es un puesto esencial en cualquier empresa industrial. Es como el delineante de antaño, pero con conocimientos actualizados”.

Y no solo eso. Estos perfiles técnicos no se quedan estancados: tienen margen de crecimiento. “Uno de ellos ahora es jefe de equipo. La experiencia que hemos tenido con el centro ha sido canela en rama”, dice José Ángel con una sonrisa. Además, destaca que ya no existe esa gran brecha que antes separaba la FP de la universidad. “Estos chavales pueden aspirar a promoción interna desde el principio. Son perfiles que crecen muy rápido dentro de la empresa”.

Aunque tradicionalmente los ciclos de fabricación han estado más vinculados a un perfil masculino, eso está cambiando. Cada vez hay más alumnas accediendo a este grado, y no solo son bien acogidas en el aula, sino también en las empresas. La diversidad enriquece, y aquí se nota.

Fernando, el exalumno que hoy trabaja en la empresa EMKA en Arnedo, lo resume sin rodeos: “Venía de la ESDIR, y este grado era justo lo que buscaba: más técnico, más conectado con la vida laboral, con muchas más posibilidades”. Nada más acabar el trabajo final de grado, empezó a trabajar. Y desde entonces no ha parado. Para él y para muchos otros, este ciclo no ha sido solo un título. Ha sido una puerta abierta, un cambio de rumbo y, sobre todo, una forma de construir un futuro sólido, con herramientas reales.

Ángel aún no ha terminado el grado. Esta misma semana ha leído su TFG (Trabajo fin de grado) y sin embargo ya tiene puesto de trabajo: se queda en la empresa en la que ha hecho las prácticas. Se trata de una firma de Miranda de Ebro que cuenta con una oficina en Logroño. «Me quedo aquí en la oficina». dice encantado. Nunca hubiese pensado que con 22 años y el grado superior sin terminar ya iba a estar inmerso en el mercado laboral pero este grado consigue lo que parece imposible. «»Me he esforzado mucho en hacerlo lo mejor posible para tener una oportunidad pero lo importante es que el centro nos ha dotado de las herramientas necesarias para salir con confianza al mercado laboral».

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