El INE, hace unas semanas colocaba a La Rioja ante uno de esos datos que incomodan y obligan a mirar con calma lo que está ocurriendo: según la Encuesta de Población Activa del primer trimestre de 2026, la comunidad registra una tasa de abandono escolar temprano del 18,6 por ciento, la más alta del país entre los jóvenes de 18 a 24 años. La cifra preocupa a la Consejería de Educación, Universidades y Formación Profesional, aunque el viceconsejero Miguel Ángel Fernández pide leerla «con muchísima precaución». No para restarle importancia, insiste, sino para entender bien qué mide ese indicador, cómo se calcula y de qué momento educativo viene realmente.
El indicador mide el porcentaje de jóvenes de entre 18 y 24 años que, tras completar la ESO, no continúan estudiando Bachillerato, Formación Profesional de grado medio u otra enseñanza posterior. Es decir, no habla tanto de lo que está ocurriendo hoy en las aulas como de decisiones tomadas años atrás. «El abandono normalmente se produce cuando se termina la ESO», explica Fernández. Por eso, un joven que ahora tiene 20 años pudo dejar los estudios a los 16 o 17. La fotografía actual, por tanto, arrastra una realidad que se fue gestando «entre hace tres y siete años», en buena parte durante la legislatura anterior y también en un contexto marcado por el impacto educativo y social de la pandemia.
A pesar de ello, la Consejería maneja varios factores que pueden estar detrás de este abandono. Uno de ellos es la situación del mercado laboral. Cuando hay empleo, algunos jóvenes que no tienen una vocación clara de seguir estudiando encuentran una salida rápida y dejan la formación. «Como hay trabajo, abandonan los estudios porque encuentran un empleo», apunta el viceconsejero. Ese fenómeno, además, parece tener un componente de género. En el dato de enero de 2026, según Fernández, el abandono se situaba en el 15,53 por ciento, pero con una brecha clara: el 21,96 por ciento entre los chicos frente al 9,38 por ciento entre las chicas. La interpretación que hace Educación es que los chicos pueden tener más acceso a determinadas salidas laborales tempranas, algo que históricamente ya ocurrió en otros ciclos económicos, como en los años de la construcción.
Otro elemento que menciona el viceconsejero es la realidad social de una comunidad con un peso importante de población inmigrante. Fernández lo plantea con cautela, pero considera que puede influir en algunos casos, porque hay jóvenes o familias que priorizan la incorporación rápida al mercado laboral para cubrir necesidades básicas antes que una formación más larga. No es, insiste, una explicación única ni automática. «Influyen muchísimos factores», advierte. La Consejería, de hecho, evita una lectura simplista del dato porque el abandono escolar no depende solo del sistema educativo: también pesan la economía familiar, las expectativas laborales, el entorno, la oferta de Formación Profesional y la percepción de que estudiar compensa o no a medio plazo.
Aun así, Educación también cuestiona la fiabilidad estadística del indicador en una comunidad pequeña como La Rioja. Fernández recuerda que el dato procede de la Encuesta de Población Activa y, en el caso riojano, se elabora con una muestra que «no alcanza ni el uno por ciento de la población», formada por unas 190 o 200 personas. Eso provoca, según el viceconsejero, que unos pocos casos puedan alterar mucho el resultado final. El propio INE, señala, advierte de que los datos derivados de tamaños muestrales pequeños deben tomarse con precaución. La última cifra anual de 2024 situaba el abandono en el 15,4 por ciento, pero con un intervalo de confianza muy amplio, entre el 11,9 y el 22,2 por ciento. «Estadísticamente podría ser lo mismo un 11,9 que un 22,2», resume.
La Consejería asegura que lleva tiempo trabajando sobre esa debilidad estadística. Fernández recuerda que el consejero se reunió hace un año en Madrid con la directora del Instituto Nacional de Estadística para plantear una ampliación de la muestra riojana, incluso ofreciendo que el Gobierno regional asumiera el coste económico de esa ampliación. La respuesta del INE, según el viceconsejero, fue negativa. Por eso, el departamento estudia ahora fórmulas para obtener una información más fiable sobre lo que está ocurriendo realmente con los jóvenes riojanos. «Ojo, si al final el resultado es elevado o vemos una tendencia, evidentemente tendremos que tomar más medidas», admite. Pero antes, sostiene, hace falta saber si el dato refleja una realidad estructural o un pico estadístico.
Mientras tanto, la Consejería defiende que ya se han puesto en marcha medidas que deberían empezar a notarse en los próximos años. Entre ellas, la reducción de ratios en Secundaria hasta 28 alumnos, el aumento del profesorado y el refuerzo de la atención a la diversidad. Fernández asegura que, entre el curso 2021-2022 y el 2025-2026, el número de docentes en la educación pública se ha incrementado un 18,57 por ciento. También destaca el aumento del presupuesto de capítulo 1 en 125 millones de euros más en los tres últimos años de esta legislatura respecto a los tres anteriores.
El refuerzo se ha concentrado especialmente en los perfiles de apoyo. Los profesores de Pedagogía Terapéutica han pasado de 392 en 2023 a 425 en la actualidad, mientras que los especialistas en Audición y Lenguaje han aumentado de 161 a 188. A ello se suma el crecimiento de la Formación Profesional, que ha alcanzado los 10.000 alumnos frente a los 7.000 de hace unos años. Para Educación, esos 3.000 estudiantes más en FP son también 3.000 jóvenes que no han abandonado. La clave, eso sí, será comprobar si ese esfuerzo acaba apareciendo en la estadística. «Lo que estamos haciendo ahora con el alumnado que tiene 16 años lo veremos reflejado dentro de un par de años», concluye Fernández.


