Este miércoles amanece en el California al son de las habituales cucharillas agitando el primer café de la mañana, pero en esta ocasión acompasadas con la percusión de los abrazos y la sinfonía de un teléfono que no deja de sonar. «Tito, atiende aquí un minuto, que llaman de la ETB», suena desde el pequeño despacho al otro lado de la barra.
Todas las miradas apuntan a este coqueto bar de aromas clásicos en una de las esquinas más transitadas de Logroño, la que une la Avenida de Colón y la calle Villamediana. Ahí lleva la friolera de 60 años, la mayoría de ellos (46) con Orlando Maestro despachando comandas con nervio y gracia a partes iguales. Sus ojos claros revelan que ha dormido poco, pero feliz. Es lo que tiene haberse ido a la cama tarde por repartir un millón de euros entre 29 trabajadores de la fábrica Mercedes Benz de Vitoria.
Esta cuadrilla -algunos de cuyos miembros residen en Logroño- hace bueno el dicho de que la suerte es para quien la busca, pues lleva «ocho o diez años» sellando «cada semana siete boletos del Euromillón. Este martes, la fortuna les pilló «trabajando y por sorpresa», por lo que ya se han comprometido con Orlando a «venir mañana para gestionar los boletos, el cobro y todo eso».
Aunque el premio es para esa treintena de operarios que religiosamente depositan sus sueños en los boletos del California, el hostelero riojano se siente afortunado por partida triple. En primer lugar, porque «ha sido un milloncito de euros bien repartidito; cada uno de los miembros de la peña va a recibir 27 o 28.000 euros que vienen muy bien». También, porque «aunque nosotros cobramos solo una comisión de los premios menores, lo bueno es la publicidad que nos brinda; eso es lo mejor que ganamos». Pero, para Orlando, el mayor premio no es otro que «poder seguir abriendo la persiana del bar después de 60 años».

No es la primera ocasión en que el California riega de euros a su clientela mediante la venta de lotería. Las paredes del abastecimiento lucen empapeladas con los recuerdos de otros premios ‘bautizados’ en el bar de la Avenida de Colón. Aunque entre ellos «no ha habido ninguno de un millón de euros, este es el más grande que hemos dado y estamos locos de contentos».
Y como los sueños, sueños son, Orlando no duda en afirmar que si alguna vez cae en sus manos un premio de un millón de euros, «con mis añitos dejaría de trabajar». Se lo tendría, desde luego, merecido: «Llevo ya 46 años trabajando y poder levantar la persiana todos los días sí que es como que te toque el Euromillón».


