CARTA AL DIRECTOR

Un poquito de indignación

En la sección ‘Carta al director’ de este medio de comunicación, pudimos leer la semana pasada una carta de unas familias del CEIP Ana María Matute reclamando poder entrar a la celebración de final de curso de sus hijos y la respuesta de una persona diciendo cuáles son las cuestiones importantes en la educación y que las familias debemos aprender a priorizar.

Somos la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de los Centros Públicos de La Rioja (FapaRioja) que representamos a 99 AMPAs de toda la comunidad. Y entendemos que una respuesta de ese tipo sólo puede deberse al desconocimiento de la realidad y del trabajo de las familias en este año y medio.

Porque en marzo del año pasado, al igual que toda la ciudadadanía, las familias nos tuvimos que enfrentar a una situación nueva que no ha terminado. De pronto, nuestros hijos e hijas estaban encerrados en casa y tuvimos que aprender sobre la marcha a ayudarles a afrontar la situación, a controlar sus miedos, su incertidumbre y su angustia (sin dejarles ver los nuestros); a ayudarles en la medida de lo posible a construir una normalidad que les sirviera de referencia, manteniendo hasta donde se podía sus rutinas con el colegio o instituto e inventando otras nuevas: enfrentarse (estudiantes y familias) a los nuevos medios digitales, a una experiencia escolar para la que nadie estaba preparado. Las madres y los padres de alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo tuvimos que inventarnos cómo resolver por nosotros mismos las necesidades de intervención y de apoyo que, de un día para otro, dejaron de recibir en la inmensa mayoría de los casos. Y cuando no pudimos inventar nada, porque no sabíamos, porque no podíamos, porque no llegábamos, tuvimos que frustrarnos doblemente.

Todo esto, además, gestionando nuestro trabajo desde casa, o quizá perdiendo el empleo, con problemas sanitarios en las familias e incluso con pérdidas de familiares sin una despedida y consuelo. Afrontamos cada día sin saber como sería el final de curso, más tarde asumimos las nuevas medidas del nuevo curso, con todos los problemas de conciliación que surgieron con ellas, y siempre respetando (y enseñando a nuestros hijos e hijas a que respetaran, es decir, educándoles) cada una de las normas que sanitariamente se iban proponiendo, colaborando con profesorado y equipos directivos para que los centros educativos hayan sido entornos seguros.

Respeto a las normas y apoyo a la comunidad educativa, eso es lo que han hecho las familias este año y medio. Mientras tanto, además, las AMPAs y FapaRioja, formada por gran parte de esas familias, hemos estado sin descanso recogiendo y brindando información para poder llevar mejor estas situaciones que eran nuevas para todos, y hemos trabajado para tener las mejores medidas sanitarias posibles para alumnado y profesorado.

Nuestra tarea no ha sido sencilla y está muy lejos de lo que apuntaba la persona que firma la carta, en la que acusaba a las familias de inacción, indolencia o de falta de criterio en la valoración de la gravedad de este último año y medio. Hemos trabajado sin parar para sostener, como todos, nuestros sistemas social y educativo tan dolorosa y severamente afectados: luchando por bajar las ratios de las clases, realizando cuestionarios para conocer la realidad de las familias y el alumnado (todo aquello que no se conoce no se puede evaluar ni, por supuesto, mejorar), denunciando la situación del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo durante el confinamiento y como consecuencia de la pandemia, exponiendo las dificultades de conciliación a causa de los protocolos sanitarios y también por sus disfunciones, pidiendo la presencialidad y, en su defecto, la mejora de medios digitales y su extensión a todo el alumnado, reivindicando la importancia del valor emocional en medio de toda esta pandemia…

A iniciativa de FAPA Rioja, la comisión COVID del Consejo Escolar de La Rioja ha dedicado nada menos que tres sesiones de trabajo específicamente al impacto de la pandemia en el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, una de nuestras principales preocupaciones y que está constituida en una línea y grupo de trabajo propios dentro de nuestra organización. Las familias vivimos, padecemos y conseguimos lidiar con absoluta dignidad diariamente situaciones complejas con este alumnado para las que nadie nos ha preparado y a las que se atiende en el entorno escolar con precariedad de medios, capacidades y, podríamos añadir, voluntades. Una situación que la pandemia ha agravado y que está teniendo consecuencias en el desarrollo de nuestros hijos y nuestras hijas cuyo impacto no podemos ni siquiera llegar a predecir. Una situación que no hemos dejado de visibilizar y denunciar. Esta postura y trabajo es lo que el/la autor/a de la carta critica como un desinterés genuino y censurable. Crítica que compartiríamos si algo de lo dicho por quien la firma fuera cierto. No lo es.

Luchamos para dotar de medios suficientes para poder restablecer y mejorar el aprendizaje del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo con la reducción de la ratio en las aulas y con el aumento de profesionales de apoyo. Nuestro objetivo es lograr una inclusión real de cada niño y cada niña en los centros educativos de nuestra región. Necesitamos recursos, orientadores, profesorado de apoyo, acabar con la rotación de la interinidad, y nuevas estrategias: nadie como las familias para conocer la situación que viven diariamente en sus casas.

Entre otras cuestiones, también hemos trabajado en la revisión del currículo, para adecuarlo a la realidad con nuevos aprendizajes. Hemos solicitado apoyo en la escuela rural como base de la vida en los pueblos. Trabajamos también para mejorar los entornos escolares, la transformación de los patios y de los itinerarios escolares. Estamos colaborando con la administración en la elaboración del nuevo pliego de comedores escolares que mejora la calidad y la educación.

Hemos desarrollado estas y muchas más acciones, impulsando todo este trabajo como comunidad educativa, es decir, pensando en el profesorado y los equipos directivos, a los que hemos ido informando de todas nuestras actuaciones, porque no entendemos la educación de nuestros hijos e hijas sin un trabajo conjunto de todos.

Y después de este trabajo de año y medio, y conociendo la falta de actuaciones en el aspecto emocional de los menores, una semana antes de la publicación de la carta de estas familias del CEIP Ana María Matute, tuvimos una reunión con la Consejería de Educación, en la que en otros asuntos solicitamos, si fuera posible, dejar entrar a las familias a las despedidas de los cursos de sexto de primaria. ¿Por qué? Porque es una despedida después de nueve años de convivencia de menores, profesorado y familias, porque nos da la impresión de que la situación sanitaria lo permite: imaginen 25 sillas en un patio separadas tres metros con mascarilla, un entorno mejor que cualquier cine o teatro por no mencionar otras actividades. Lo pedimos porque, al contrario que el resto de cuestiones que necesitan financiación y presupuestos, esta solo necesita el permiso para hacerla. Porque creemos que, después de un año y medio, hemos demostrado con creces que las familias en los centros educativos sabemos responder a todas las situaciones demandadas.

Ante una negativa seguiremos acatando y buscando la mejora de la comunidad. Solo se solicita que se valore. Mientras, seguiremos trabajando en todos nuestros objetivos: por encima de todos, lograr la mejor educación para nuestros hijos e hijas, trabajando conjuntamente toda la comunidad educativa.

No se trata solo de la asistencia a una graduación. Después de todo lo expuesto, y de todo lo vivido, tal vez, solo tal vez, tengamos el derecho a mostrar un poquito de indignación. Las prioridades, desde luego, las tenemos muy claras.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

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