En La Rioja, que un niño diga que juega al frisbee sigue sin entenderse. No es lo mismo que el fútbol o el baloncesto y hay que dar más explicaciones de las necesarias, casi justificándose por escoger este deporte. Quizá sea porque muchos sigan pensando que se trata únicamente de lanzar un disco en el parque y no ven más allá. No lo relacionan con entrenar, aprender tácticas, competir y formar parte de un equipo.
El Ultimate continúa siendo un deporte poco conocido en la comunidad pero ya ha empezado a construir sus primeros cimientos. Cinco jugadores riojanos ya han llegado a la selección española y estos días Logroño acoge a más de mil jóvenes de 26 países diferentes, 47 equipos, federaciones, voluntarios internacionales y familias: en total, unas 5.000 personas han venido a la ciudad a vivir y participar en este Mundial sub-20.

Hace poco más de veinte años, Colombia se encontraba en una situación parecida. EL Ultimate llegó al país en torno al 2000, con pocos jugadores y una estructura todavía más pequeña. Hoy en día, Colombia se ha convertido en una referencia mundial y uno de sus clubes, procedente de Medellín, ha llegado a proclamarse campeón del mundo. Y precisamente quienes han sido partícipes de esta transformación creen que La Rioja puedes seguir este camino.
Mauricio Moore, entrenador principal de las tres selecciones colombianas presentes en el campeonato de Logroño explica que «el crecimiento no comenzó con grandes citas ni con deportistas profesionales, sino llevando discos a los barrios y trabajando con niños y jóvenes».
Empezaron a trabajar en comunidades de Medellín y Bogotá y eso creó una base que después fue creciendo hasta alcanzar niveles muy grandes. El proyecto llegó también a algunos de los barrios más violentos donde el deporte terminó funcionando como una puerta de salida para muchos menores.

Mauricio recuerda una primera sesión especialmente dura. «El entrenador llegó llorando después del primer entrenamiento. Algunos niños acudieron con armar pidiéndole que se las guardaran durante el entreno. Años después, varios de aquellos jóvenes se han convertido en ingenieros, profesores universitarios o deportistas de primer nivel». Y es que el frisbee es una excusa. «Queremos ganar y conseguir medallas, sí, pero la verdadera finalidad es que los chicos conecten con unos valores y que el deporte transforme sus vidas».
Y esto en el frisbee es algo más fácil que en otras disciplinas por una particularidad: no existe la figura del árbitro. «Aquí son los propios jugadores los que deben señalar las faltas, hablar con el rival y resolver cualquier discrepancia. Cuando no alcanzan un acuerdo, la jugada se invalida, el partido vuele al momento donde se dejó antes de esa situación y el partido continúa».
Eso de que el propio jugador tiene que ejercer como árbitro deposita en cada persona una responsabilidad, explica Mauricio. Por eso, «el Ultimate genera conflictos constantemente pero también entrega a sus participantes las herramientas para resolverlos mediante el diálogo la reflexión y el respeto».

Esta filosofía del Ultimate obliga a reconocer los propios errores, incluso cuando nadie más los ha visto. Mauricio lo comprendió durante uno de sus primeros años como jugador. «Atrapé un disco, caí encima de él y este tocó el suelo, aunque después volvía a cogerlo sin que los demás se dieran cuenta. Mis compañeros celebraron la jugada, pero yo terminé reconociendo que el disco había caído».
Empezó a sentirse mal y no entendía por qué. «Como estás en un entorno donde lo correcto es ser honesto, decir la verdad y comunicarse bien, eso se contagia». De aquella experiencia surgió una convicción que continúa guiando su trabajo: «No se puede ser un buen jugador de Ultimate si eres una mala persona, aunque también puedes llegar siendo una mala persona y transformarte a través del frisbee».
De Colombia a Logroño
Ese modelo inspira ahora el proyecto que comienza a desarrollarse en Logroño. Ultimate Project lleva el deporte gratuitamente a las clases de Educación Física de los colegios que lo solicitan, especialmente en los cursos de quinto y sexto de Primaria. Sus entrenadores enseñan a lanzar, recibir y jugar, pero también a comunicarse, respetar las reglas y compartir el campo.
Maximiliano Vitali, director del Mundial e impulsor de Ultimate Project, reconoce que el frisbee todavía resulta desconocido para buena parte de las familias riojanas. Sin embargo, considera que la situación está cambiando gracias al trabajo escolar, los grupos de entrenamiento y la organización de dos campeonatos mundiales consecutivos en la ciudad.
«Nuestra visión para dentro de cinco años es que para un niño sea normal aprender a jugar al frisbee. Que diga a sus amigos que este año hace frisbee y que ellos respondan: ‘¡Qué chulo!’, sin que tenga que explicar qué es ni cómo funciona».

El Ultimate ofrece además una puerta de entrada especialmente accesible. Todos los niños parten prácticamente desde el mismo nivel, al margen de que destaquen o no en otros deportes. Durante las primeras edades, las diferencias físicas entre chicos y chicas tampoco resultan tan acusadas, lo que favorece equipos mixtos reales y una participación más equilibrada.
«El que es muy bueno jugando al fútbol empieza siendo tan malo como el de al lado. Todos comienzan desde cero y eso hace que se lo pasen bien, sin los roles que ya existen en otros deportes», señala Vitali. A ello se suma el carácter mixto de una disciplina en la que niños y niñas comparten equipo, espacio y responsabilidad.
Pero el Ultimate no vive únicamente de sus valores. Es un deporte exigente, rápido y técnico, con carreras constantes, lanzamientos largos, saltos, cambios de dirección y decisiones tácticas. «Te demanda mucho. Tienes que ser bueno técnicamente, tácticamente, ser un buen compañero, respetar las normas y entrenar. El trabajo es lo que hace que avances».

El objetivo de Ultimate Project pasa ahora por consolidar los grupos de jugadores y transformar Logroño en uno de los principales centros de esta disciplina en España y Europa. Vitali define ese reto como un «proyecto de vida, una estructura estable que continúe cuando terminen los focos del Mundial».
Mauricio lo tiene claro: «Lo que va a haber en Logroño gracias a este proyecto es incalculable. Creo que puede superar el modelo de desarrollo juvenil de Colombia».


