El reto nació como nacen algunas de las mejores locuras: con una frase lanzada al aire, un juego de palabras y alguien diciendo aquello de «no hay huevos». Álex se hace llamar en redes el vasco de Chamberí, así que la idea parecía casi escrita antes de empezar: unir corriendo Chamberí con el País Vasco. O, lo que es lo mismo, salir del parque madrileño donde entrena siempre y acabar en la playa de La Concha de San Sebastián. El calendario hizo el resto. Dejó su trabajo hace apenas mes y medio y encontró una ventana muy concreta entre la despedida de soltero de un amigo y su boda. «Tengo exactamente estos días para poder llegar desde tu despedida hasta tu boda», le resumió. Y a correr.
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La ruta podía haber sido otra, claro. Más directa, más cómoda, menos sentimental. Pero este vasco de Chamberí tiene también bastante de riojano. Su pueblo está en La Rioja, en Castañares, donde ha pasado desde niño la Navidad, los veranos y los fines de semana. Así que, puestos a dormir «en sitios muy random de España», decidió desviarse lo justo para pasar por casa, utilizarla como base y cruzar lugares que para él no son solo un punto en el mapa. «Me gustaba la idea de pasar por un sitio que representase algo para mí», explica. Y es que correr tantos kilómetros, con las piernas pidiendo negociación colectiva, se lleva un poco mejor cuando el paisaje también tira de memoria.

La entrada en La Rioja, eso sí, no fue precisamente una alfombra roja. Llegó desde Barbadillo de Herreros hacia Posadas cruzando la Demanda, entre niebla, pérdida de rumbo y esa sensación de «¿qué hago yo aquí?» que suele aparecer en los retos cuando el cuerpo empieza a preguntar por el convenio. «Casi no entro en La Rioja», bromea recordando que el tiempo que le recibió no fue el mejor. » Fue la peor parte del reto y la mejor al mismo tiempo»: una subida horrorosa y una bajada casi de película, con la carretera vacía, la niebla envolviendo las montañas y la sensación de tener el mundo entero para él y sus acompañantes. Apocalíptico, sí. Pero precioso.
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Después llegó Castañares, y con Castañares, el cambio de guion. Si antes había atravesado pueblos de la España vaciada donde hablar con alguien a las nueve de la mañana podía arreglarle el día a más de una vecina, en La Rioja apareció la tribu. Durante cuatro noches ha dormido en Castañares como base: un día tras acabar en Posadas, otro en la puerta de su urbanización, después tras llegar hasta Miranda de Ebro y más tarde desde Vitoria. La logística, que en otros lugares era un sudoku de cansancio, furgoneta, comida y alojamiento, aquí se ha convertido en casa grande, amigos que podían quedarse y etapas compartidas. «Desde que pisé La Rioja, todas las etapas las he hecho acompañado», cuenta casi con alivio.

Y se notó. Porque una cosa es correr solo, editar vídeos, comer bien, recuperar como se pueda y repetir el «día de la marmota» con las piernas tiesas; y otra muy distinta es hacerlo con colegas al lado preguntando cómo demonios puedes mantener ese ritmo mientras tú, medio muerto, ya has asumido que el caos forma parte de tu nueva vida. «Los tres primeros días fueron los peores, pero los de La Rioja han sido los mejores», reconoce. Con el cuerpo más habituado, casa, pueblo y amigos. Ellos comprobaron rápido lo que significa tener pueblo en La Rioja: de encontrar Castañares vacío a alucinar con la vida del pueblo cuando ha llegado el fin de semana.
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El paso por la región le ha dejado una conclusión clara: La Rioja tiene mucha vida. Venía de tramos en los que podía pasar kilómetros sin cruzarse casi con nadie, de esa soledad que al principio parece épica y luego empieza a morder un poco. Aquí, en cambio, encontró compañía, pueblos con pulso, una comida en una bodega y la sensación de que la carretera no era un desierto. Todavía le queda llegar a Donosti y, después, sobrevivir a la boda sin que el cuerpo le pase factura por parar de golpe. Por eso ya piensa en seguir trotando algún kilómetro incluso cuando termine el reto. No vaya a ser que después de cruzarse media España corriendo, el verdadero muro aparezca en la barra libre.


