Hay jóvenes que no se conforman con mirar el mundo desde una pantalla. Jóvenes que, en mitad de las prisas y las dudas propias de su edad deciden dedicar parte de su tiempo a acompañar a otros a escuchar, a jugar, a enseñar, a prevenir riesgos o a cuidar el entorno. En La Rioja, muchos de ellos lo hacen a través de Cruz Roja Juventud, un espacio en el que la solidaridad se aprende practicándola y donde la infancia y juventud no son solo destinatarias de la ayuda, sino también protagonistas de la transformación social.
Porque Cruz Roja Juventud trabaja desde, por y para la juventud y la infancia, y así lo resumen Silvia Serrano y César Martínez. Y es que no se trata únicamente de organizar actividades para niños y adolescentes, sino de hacerlo con la implicación directa de personas jóvenes que participan, proponen, se forman y lideran proyectos. «Lo que le da el sello identificativo a este proyecto es que entendemos el voluntariado no como una ayuda lejana, sino como una red de iguales en la que cada persona puede aportar algo».

Algo muy importante sobre todo en una época en la que a menudo se habla de la juventud desde el prejuicio es la otra mirada que ofrece Cruz Roja. Una mirada de quienes siguen creyendo en el compromiso, aunque ese compromiso haya cambiado de forma. «Hay jóvenes comprometidos, más de los que nos pensamos», defienden Silvia y César. Ambos reconocen que los ritmos vitales actuales, el empleo o la falta de tiempo han modificado la manera de participar «pero no han apagado las ganas de implicarse».
Una de las principales necesidades que detecta la asociación entre los jóvenes es la falta de un ocio alternativo y saludable. Frente a esa carencia, Cruz Roja Juventud ofrece lugares de encuentro, participación y aprendizaje. «Lo que proponemos a los chavales, a las personas que vienen a hacer voluntariado y a las personas beneficiarias de los proyectos es que se sientan parte de algo». Porque en un contexto marcado por la preocupación creciente por la salud mental y la soledad no deseada, ese sentimiento de pertenencia importa y mucho.
Un trabajo que Cruz Roja despliega durante todo el año en diferentes líneas. En centros educativos, los ‘chalecos rojos’ desarrollan acciones de sensibilización sobre educación emocional, prevención de conductas violentas, igualdad, antibulos, salud, alimentación o emprendimiento social. El año pasado intervinieron con casi 4.000 menores en colegios e institutos y trabajaron de forma continuada con 455 chavales a través de sus proyectos. «Muchas veces se trata de sembrar. A veces recoges pronto y otras después de años pero esa paciencia forma parte de la esencia de la intervención educativa: plantar ideas, ofrecer herramientas y confiar en que, tarde o temprano, algo germinará».

El verano abre además otra puerta de trabajo. Con proyectos como REDOX y Espacio Propio, Cruz Roja Juventud se acerca a las fiestas de pueblos y festivales para vivir desde dentro el ocio nocturno. Iniciativas que promueven una fiesta más responsable desde la ‘reflexión-redución’. «Primero hablamos con los jóvenes para que reflexionen sobre por qué se consume alcohol u otras sustancias y les damos pautas para reducir riesgos». Por su parte, Espacio Propio se aproxima a los Puntos Violeta para trabajar la prevención de violencia machista mediante dinámicas y juegos. «No solo nos enfocamos en la pareja hombre-mujer, sino en todo tipo de relaciones afectivas».
Otra de las líneas importantes es Conecta y Aprende, presente en Alfaro, Arnedo, Calahorra, Logroño y Haro, donde se trabajan competencias digitales con niños y adolescentes que tienen más dificultades de acceso a recursos. Robótica, realidad aumentada, realidad virtual, programación básica, edición de vídeo o creación de videojuegos se convierten en herramientas educativas. La tecnología, tantas veces señalada como problema, se transforma aquí en oportunidad. «Combinamos mucho lo clásico, como dibujar a mano, con tablet y tecnología. La idea es que los menores no solo consuman pantallas, sino que aprendan a utilizarlas con sentido».
Junto a ello, Cruz Roja Juventud desarrolla proyectos de inclusión para niños y niñas en situación de riesgo mediante apoyo escolar, actividades de ocio, acompañamiento y espacios que ayudan a compensar carencias que muchas familias no pueden cubrir. «Esta intervención permite garantizar algo tan básico como el derecho a jugar, aprender, convivir y participar en igualdad de condiciones».

Y en ese mapa aparece Pachamama, el campamento medioambiental que este verano volverá a convertirse en una de las grandes apuestas de Cruz Roja Juventud La Rioja. Se celebrará del 17 al 21 de agosto en Pedroso y está dirigido a niños y niñas de 11 a 14 años. Tiene plazas abiertas a cualquier ciudadano, pero Cruz Roja también beca a menores en situación de vulnerabilidad. «La mayoría de los que van con plazas becadas no han ido a un campamento nunca». Para muchos será, por tanto, mucho más que una actividad de verano: será la primera noche fuera de casa, la primera ruta compartida, la primera experiencia de convivencia en plena naturaleza.
Este año, el campamento se presenta como ‘Misión Pachamama’, una historia en la que el cambio climático afecta a la población y a la biodiversidad. A partir de esa narración, los participantes trabajarán el conocimiento de grupo, el trabajo en equipo, la desigualdad, el agua, la biodiversidad y las pequeñas acciones cotidianas que pueden contribuir a cuidar el planeta. «Buscamos que aprendan que, a través de las cosas que hacemos diariamente, podemos cambiar un poco y poner nuestro granito de arena». Habrá rutas ambientales, juegos de rol, talleres, gymkhanas por los pueblos, dinámicas en la naturaleza, veladas teatrales, juegos nocturnos y una noche de travesía durmiendo en otro municipio de la comarca.

Pachamama lleva nueve años creciendo. Empezó como un campamento urbano, en un aula, y ha evolucionado hasta convertirse en una experiencia de cinco días con pernocta. «Lo chulo de este campamento es que está organizado por personas voluntarias», destacan. Y quizá ahí esté buena parte de su valor: en jóvenes que dedican su tiempo libre a preparar actividades para que otros niños aprendan, disfruten y descubran que la naturaleza también puede ser una escuela.
Para quienes participan como voluntarios, Cruz Roja Juventud también deja huella. «Al acabar una actividad vuelves con la sensación de que has aportado algo a la sociedad». Y también con la certeza de que hay más personas intentando construir un mundo mejor. En esa mezcla de compromiso, amistad, aprendizaje y acción se sostiene una sección juvenil que siempre necesita nuevas manos. «Siempre hace falta gente, porque cada voluntario puede traer una mirada distinta, una necesidad no detectada o una idea capaz de transformar un proyecto».


