Calahorra ha comenzado este miércoles a cambiar su imagen habitual. Poco a poco, a lo largo de todo el miércoles ha ido llegando ese goteo de ‘holikers’ reconocible ya para los calagurritanos. Mochilas grandes, esterillas al hombro, neveras, gafas de sol, grupos despistados buscando la entrada, alguna pulsera ya colocada y muchas ganas de instalarse cuanto antes. Durante toda la jornada, decenas de holikers han ido desembarcando en la ciudad para vivir cuatro días de música. Holika ha encendido así la llama de su octavo capítulo, pero esta vez con una sensación distinta en el aire.

Porque Holika ya no es exactamente el Holika inicial. El festival que durante años ha sido la gran fiesta de fin de curso para miles de jóvenes llegados del norte de España ha decidido girar el volante con fuerza. Del reguetón, el trap y el autotune se pasa ahora a la electrónica de gran formato, con Tomorrowland como espejo lejano pero evidente. EDM, big room, hardstyle, trance y techno toman el relevo de aquella banda sonora donde antes mandaban nombres como C. Tangana, Rels B, Eladio Carrión, Bad Gyal o Myke Towers. El cambio no es pequeño. Es casi una mudanza de piel.

Y esa mudanza también se ha notado entre los que van llegando. Aunque se esperaba algo menos de ‘chavalería’ por el nuevo perfil musical, lo cierto es que muchos jóvenes han vuelto a Calahorra casi por inercia sentimental, por costumbre o porque compraron el abono antes de saber del todo hacia dónde iba a caminar el festival. «Compramos los abonos a ciegas pensando que iba a ser la misma música que siempre», reconocían algunos asistentes nada más aterrizar. Otros, en cambio, venían encantados con el giro, con ganas de ver a varios de los grandes nombres de la escena internacional. Esa mezcla de sorpresa, curiosidad y fidelidad define bastante bien este Holika de transición.

Del viejo festival queda, eso sía, esa estética romana que ya forma parte de su identidad. Pero incluso esa Roma particular se ha reforzado este año con más espectáculo, más escenografía y más cultura clásica convertida en experiencia inmersiva. Calahorra, ciudad bimilenaria, le viene bien a ese juego de templos, llamas, legiones y noches largas. La electrónica, además, parece encontrar en esa ambientación un territorio natural: bajos que retumban como tambores de batalla, luces como antorchas modernas y un público que entra al recinto como quien cruza una puerta hacia otro mundo.

El encargado de abrir esta nueva etapa no será, sin embargo, un DJ cualquiera. Holika ha elegido al padre Guilherme, el sacerdote portugués conocido como el ‘cura dj’, para inaugurar esta noche el octavo capítulo del festival. Su presencia ha generado una expectación enorme. No todos los días se ve a un cura capaz de mover a millones de jóvenes con versiones electrónicas, remezclas religiosas y sesiones que mezclan espiritualidad, espectáculo y cultura pop.

La imagen promete ser una de las más potentes del arranque: el padre Guilherme a los mandos y la catedral de fondo. Además, el interés ha quedado claro antes incluso de empezar. La organización anunciaba este martes el ‘sold out’ de las pulseras para la primera jornada, así que ya no quedan entradas sueltas para asistir a la inauguración.

Después llegará el gran desembarco: Marshmello, Armin van Buuren, Hardwell, Afrojack, Timmy Trumpet y otros nombres que sitúan a Holika en una liga distinta, más internacional y más cercana al gran circuito electrónico. Con ellos, Calahorra deja de mirar solo al público joven de siempre y confirma un salto más ambicioso. No renuncia a la fiesta, claro. La fiesta sigue ahí. Pero cambia el idioma, el ritmo y quizá también la edad media de quienes bailan. La llama ya está encendida.


