Gays, lesbianas, trans, bisexuales, intersexuales y queers son algunas de las identidades y géneros que están detrás de las siglas LGTBIQ+. Distintas formas de quererse, sentirse y reconocerse que conviven en un colectivo plural y con diferentes maneras de verse. El Orgullo resalta precisamente eso: la variedad de opciones y opiniones que pueden surgir. Aunque cada identidad y género conlleva problemas distintos, formas de actuar diferentes y quebraderos únicos.
«Muchas veces hay que hacer un ejercicio de pedagogía», comenta Enka Rico. Elle es una persona no binaria y relata que explicar cómo percibe su identidad es algo rutinario. «Una persona no binaria quiere decir que no se reconoce ni con el género masculino ni con el femenino. No me gustan las etiquetas. Y el género que menos me molesta es el elle», relata Enka.
Para elle, muchas veces es cansado explicar cómo se siente y opta, en ocasiones, por no contarlo con tal de no tener que dar explicaciones o sentirse «el bicho raro». «Cuando les dices que te hablen con el pronombre elle te pierden el respeto y no pareces serio. Por eso a veces te lo ahorras por miedo o estigma». Sin embargo, el camino hasta aquí no ha sido del todo fácil. Reconocerse como una persona no binaria es un «proceso muy amplio». La falta de referencias y el desconocimiento de esta identidad por gran parte de la sociedad hacen que llegar a este término no sea del todo sencillo.

Enka prefiere no mostrar su cara para evitar los problemas que ha tenido tras salir en otras entrevistas.
«Al principio pensé que me gustaban las chicas y dije lesbiana. Luego vi que no estaba del todo de acuerdo y fue un proceso de autoconocimiento y búsqueda», señala. Al final, cuando se encuentra un término que corresponde con tu realidad, Enka sintió un alivio porque, como afirma, «no te sientes perdido y sabes lo que te pasa y sientes».
En su entorno, su identidad ha jugado un papel diferenciado entre quienes saben que te quieren y te comprenden y quienes no. «Hubo gente que no lo ha entendido y que ya no forma parte de mi vida. Los que me quieren se han quedado». Esta misma experiencia en el ámbito social le pasó a Enzo, hombre trans.
Para él, el proceso de transición «nunca terminará». Porque, en gran parte de los casos, las personas solo ven de estos procesos los cambios físicos, ignorando muchas otras dimensiones. «La parte de las hormonas, el vello o la apariencia propia de cada género es solo una parte de la transición. No hay que olvidar que tenemos un proceso psicológico, de autoestima, de reconocerte tal y como eres», añade.

Enzo
Porque muchas veces el camino no es fácil. Las trabas administrativas, sanitarias o sociales son constantes en estos casos. En el caso de Enzo, las trabas que le puso la médica de cabecera a la hora de comenzar con la testosterona fueron muy duras. «Se dedicaba a decirme que esto era una moda de adolescente y que ya se me pasaría. Nos costó mucho tiempo que me derivara al endocrino», confiesa con enfado aún. El apoyo de su madre y su abuela fue fundamental en este caso: «Sin ellas yo no sería quien soy».
La percepción de la sociedad y los estigmas han hecho que muchas veces este camino sea muy duro para Enzo. «La gente opina muchas veces desde el desconocimiento y no sabe el daño que puede hacer al comentar ciertas cosas. Hay que hablar con respeto, no se pide nada más», argumenta.
Porque la apariencia física es un factor fundamental para la clasificación social entre hombres y mujeres. Pero eso no tiene por qué ser así. Aritz es uno de esos ejemplos. Él es una persona intersexual y reconoce que muchas veces tiene que hacer un ejercicio de concienciación sobre su género. «La intersexualidad es una persona que no encaja ni con el género masculino ni con el femenino», argumenta.

Aritz
La intersexualidad puede venir de diferentes ramas: genital, hormonal o cromosómica. En el caso de Aritz nació con más hormonas femeninas que masculinas. «Cuando era pequeño me dolía mucho el pecho. Tras muchas pruebas me hicieron un test de hormonas y descubrieron que era una persona intersexual», relata su caso.
El desconocimiento médico muchas veces está presente, dando lugar a situaciones de violencia médica. «Ahora ya no se puede por la Ley Trans, pero antes si nacías con el clítoris más grande de lo normal te lo cortaban. No entrada en la cabeza de los médicos ese nuevo género», apunta.
Él siempre ha tenido muy claro lo que es, y desde hace muy poco reconoce abiertamente que es una persona intersexual. «Cuando vas al médico y se lo cuentan muchas veces te miran como si estuvieras loco o algo por el estilo. Por suerte en España hay gabinetes públicos especializados para que no te hagan sentir mal y entiendan perfectamente qué te pasa», concluye.


