La Rioja

Gylda: la historia de los pioneros que cambiaron Logroño

Primera manifestación LGTBIQ+ de La Rioja organizada por Marea Arcoíris

El activismo LGTBI+ ha conseguido ocupar espacios, tener voz y conquistar algunos derechos fundamentales para el reconocimiento de las diversas identidades que conviven en el colectivo. Aun así, la lucha continúa: por el reconocimiento de más derechos, por la visibilidad de partes del colectivo que aún permanecen ocultas o, simplemente, por quienes un día salieron a las calles jugándose la vida por los derechos de otros.

A mediados de los noventa, esa batalla también se libró en Logroño, cuando cerca de una decena de personas se unieron para impulsar una de las asociaciones más importantes de nuestra comunidad: GYLDA. Uno de ellos era Tacho, que con tan solo 25 años llegó desde Valencia tras haber estudiado allí. Su primer contacto con el tejido asociativo fue a través de ‘Asexórate’, una organización dedicada a la prevención de enfermedades de transmisión sexual. Fue allí cuando Tacho entendió la importancia de contar con un lugar en el que hablar, organizarse y reconocerse. Porque muchas veces va de eso: de sentir que no eres el único «bicho raro».

Una de las primeras excursiones de la asociación a principios de los 2000

Fruto de esa necesidad, GYLDA celebró el día del Carmen su primera asamblea en el parque del Carmen. Un par de decenas de personas se acercaron a aquella convocatoria con la esperanza de verse reflejadas en quien tenían enfrente. «En cuanto hicimos la primera asamblea supe que teníamos que tomar partido y empezar a hacer actividades para conseguir derechos, divertirnos y aprender que no estamos solos», sostiene Tacho, uno de los primeros integrantes de la asociación.

Las primeras actividades consistían en pequeñas fiestas en locales de la ciudad para «conocerse entre ellos». Un ritual sencillo, pero clave en los primeros pasos de la asociación. A partir de ahí llegaron pequeñas campañas de activismo y, con ellas, la primera excursión a la gran manifestación del Orgullo en Madrid. «La gente tenía mucho miedo y nadie quería figurar en las listas por miedo a que se supiera su orientación sexual. Hicimos una pancarta con una tela, un rotulador y la máquina de coser de mi madre», relata sobre su primera manifestación a nivel estatal.

Gylda acude a una de sus primeras manifestaciones en Madrid

Para sorpresa de ellos, Gylda era conocida en Madrid, ya que fueron una de las primeras asociaciones con página web, gracias a que Tacho era programador informático. «En ella mostrábamos nuestra actividades y nuestro primer logo, que fue un triangulo invertido en alano y negro que hicimos Bruno y yo con un rotulador», explica.

Luchas que «merecen la pena»

Los primeros pasos fueron firmes, pero el miedo todavía se imponía. «Para las ruedas de prensa tenía que venir gente de Zaragoza porque nadie quería dar la cara». El trabajo, la visibilidad y la constancia hicieron que Logroño aprobara en 2005 el registro de parejas de hecho en la ciudad. «Ese fue uno de los primeros grandes avances. Yo tuve la suerte de ser una de las primeras parejas en la ciudad en realizar la inscripción como pareja de hecho. No servía para nada, pero era el gesto», sostiene con orgullo.

Tacho explica que el Ayuntamiento fue «muy acogedor» durante estos procesos y que la atención que recibieron fue «inmejorable». «Muchas veces íbamos a las instituciones con más miedo, y muchas veces eso no correspondía con la realidad».

Francisco Pérez fue uno de los impulsores de Gylda y concejal por el PSOE del Ayuntamiento de Logroño, fallecido en 2022.

Tras la obtención de este derecho, Tacho decidió que era el momento de dejar a un lado el activismo para que otros pudieran coger el testigo. Uno de ellos fue Josué Lapeña, quien se acercó a la asociación al ver «el gran trabajo que estaban haciendo». En ese momento había un nuevo reto: conseguir la aprobación del matrimonio igualitario. Y llegaría pronto. La lucha se intercalaba entonces con la visibilidad, la identidad y el orgullo de ser lo que cada uno quería ser.

Los años comprendidos entre 1996 y finales de 2010 fueron los años en los que Josué estuvo vinculado a la asociación. El trabajo era incansable: «Pegar carteles, organizar charlas literarias o preparar papeles para subvenciones eran parte del día a día para dotar a la asociación de más recursos y poder llegar a más gente», explica.

Para él, uno de los principales objetivos de la asociación era que la «gente socializara», ya que muchas personas estaban solas y no sabían lo que les estaba pasando. Tras la aprobación del matrimonio igualitario por parte del Gobierno de Rodríguez Zapatero en 2005, la asociación vivió «uno de sus mejores momentos».

Por primera vez en su historia, GYLDA consiguió recibir importantes subvenciones que le ayudaron a desarrollar tareas de información y campañas de concienciación. También logró la adjudicación de un local. «Con el 15-M, en 2011, mucha gente dejó de asociarse y yo me retiré por motivos personales», confiesa Josué.

Durante esos años, GYLDA pasó a un segundo plano y la asociación ‘Marea Arcoíris’ tomó el relevo, organizando en 2015 la primera manifestación LGTBIQ+ de La Rioja. Pero GYLDA no estaba muerta y todavía le quedaba mucho por contar. A finales de 2018, la organización resurgió para continuar con la labor que llevaba desarrollando desde hacía más de quince años. Josué volvió a la asociación y siguió impulsando esos pasos que antes ya había trazado. Esta vuelta estuvo motivada por «fantasmas que ya se olían desde lejos, como la ultraderecha».

Es en ese momento cuando la organización vuelve a ser lo que era: un referente. A principios de la década de 2020 surgió la antesala de lo que hoy conocemos como el ‘Morrete Fest’. «Eran pequeñas sesiones de música en la Muralla del Revellín. Sabíamos que había que impulsar todo eso y hoy en día se ha convertido en un festival referente en el norte de España para el colectivo», sostiene.

Tanto Josué como Tacho sienten mucho «orgullo» de haber sido algunos de los primeros en conformar este movimiento en nuestra comunidad. «Se ha avanzado mucho en muy poco tiempo. Necesitamos más, pero el camino es el correcto», concluye.

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