El intento de ascenso de Fermín Sobrón con el Zamora ha desbloqueado muchos recuerdos entre los aficionados de la UD Logroñés. Estos, a buen seguro, llevarían tres temporadas sin querer mirar lo que estaba sucediendo un escalón por encima. Pero el tanto de Cabetas en el minuto 114 ayudó a hacer las paces con este deporte, tanto que los seguidores riojanos se pusieron a mirar los playoffs de ascenso de Primera Federación. Y descubrieron a un Zamora muy reconocible. Markel Lozano, Carlos Ramos, Miki Codina, Sergi López; y sí, ese que está bajo palos es Fermín Sobrón, el muchacho de Baños que está haciendo carrera.
Mantiene la cara de niño, barbilampiño, de mirada pícara, siempre intenso, activo, nervioso, ágil… con este golpeo de balón tan fantástico. Sí, es Fermín Sobrón, al que el fútbol no le ha puesto las cosas fáciles. Pero lo está consiguiendo. El mismo chico que a la sombra de Miguel Martínez de Corta aprendió el oficio, dio grandes momentos a la UD Logroñés en Copa del Rey, y justo cuando estuvo a punto de rendirse, el Zamora le llamó para protagonizar tres temporadas fantásticas.
Ha logrado jugar por el ascenso a Segunda, ha sido protagonista, uno de los mejores porteros del año en Primera Federación… y ahora regresa a su casa, a Las Gaunas, para intentar, ahora, sí, ser titular en el equipo de su tierra. Vuelve a su equipo cuando ya es exactamente el jugador que soñaban ser.

Fermín, guardián de la portería del Ruta de la Plata. / FOTO: Zamora CF
Su historia comienza en Baños de Río Tobía, uno de esos pueblos donde la camiseta blanquirroja de la UD Logroñés forma parte del paisaje. Allí creció un niño que soñaba con defender una portería y que encontró en la cantera de la UD Logroñés el camino para intentar hacerlo realidad.
El sueño, sin embargo, tenía un pequeño inconveniente. Bajo los palos esperaba Miguel Martínez de Corta. No era un portero cualquiera. Era el capitán. El líder del vestuario. Un símbolo del club. El segundo futbolista con más partidos en la historia de la entidad, solo superado por la leyenda de Iñaki. Para un joven portero que apenas comenzaba su carrera, quitarle el sitio resultaba prácticamente imposible.
Fermín nunca protestó. Nunca levantó la voz. Aprendió. Observó. Esperó. Compartió entrenamientos, viajes y vestuario con quien acabaría convirtiéndose en uno de sus referentes. Aceptó el papel secundario porque entendía perfectamente a quién tenía delante. Pero si quería ser portero de verdad, debía salir de casa.
No fue una huida. Fue una necesidad. Comenzó un viaje que pocas veces resulta tan lineal como desde fuera parece. Villanovense, Haro Deportivo, Náxara, Izarra… Cada destino añadía experiencia y también alguna dificultad. En el Haro vivió un ascenso histórico precisamente dejando sin premio al Zamora, el mismo club que años más tarde cambiaría su carrera.

Fermín Sobrón vuela para evitar un tanto del Tudelano cuando defendía la portería del Haro Deportivo. / Foto: Haro Deportivo
El verano de 2023 estuvo a punto de marcar otro rumbo. Su intención era regresar al Náxara, acercarse a casa y preparar las oposiciones de Magisterio. Parecía el siguiente paso lógico. Vivir solo del fútbol parecía que le era esquivo. Hasta que sonó el teléfono. David Movilla quería llevárselo al Zamora.
Aquella llamada cambió su carrera. En tres temporadas se ha convirtido en un referente del conjunto castellanoleonés. Ascendió a Primera Federación, fue protagonista de inolvidables noches de Copa del Rey, alcanzó los cien partidos oficiales y se consolidó como uno de los porteros más fiables de la categoría. El fútbol profesional llegó a quedarse a un solo encuentro.
Hace apenas unos días, en Sabadell, las lágrimas reflejaban la dureza de una derrota que todavía dolía cuando pronunció una frase que resumía su estado de ánimo: «Estoy muy saturado mentalmente». En la siguiente dejó claro todo lo que significaba el club para él: «Yo amo Zamora».
Mientras él lloraba aquella oportunidad perdida, en Logroño la UD Logroñés preparaba una nueva temporada en Primera Federación tras un más que necesario ascenso. Dos caminos que parecían separados podían cruzarse de forma natural.

Miguel y Fermín se saludan afectuosamente tras un partido en Las Gaunas.
Hay un detalle que explica mejor que ningún otro quién es Fermín Sobrón. Cuando la UD Logroñés peleaba en la final por el ascenso, uno de los primeros mensajes que recibió Miguel Martínez de Corta, segundo entrenador de Unai Mendia, fue el suyo. Le deseaba suerte, y que le enviara fortuna para que él pudiera alcanzar el ascenso con el Zamora. El fútbol, caprichoso, le tenía reservada otra recompensa.
Profesor y alumno volverán a encontrarse. Solo que esta vez todo será diferente. El maestro ya no estará bajo los palos. Esperará desde el banquillo como segundo entrenador de Unai Mendia. El alumno será quien defienda la portería. Dos generaciones de porteros riojanos unidas por el mismo escudo y por una amistad que ha sobrevivido al paso del tiempo.

Profesor y alumno en Las Gaunas. FOTO: Riojapress.
Fermín no regresa porque se debiera algo. Regresa porque se lo ha ganado. Quizá esa sea la mayor enseñanza. Hay futbolistas que llegan directos a su destino y otros que necesitan dar un rodeo enorme para descubrir que el lugar al que siempre quisieron volver seguía esperándoles.
Ocho años después, el niño de Baños vuelve a casa. Y, por primera vez, lo hace convencido de que la portería con la que soñó desde que era adolescente también está preparada para recibirle.


