Cultura y Sociedad

La riojana Annie cocina su pase a la semifinal de ‘MasterChef’

Annie llegó al programa del pasado lunes con una sorpresa esperándola en las cocinas de ‘MasterChef’: el delantal que David Muñoz le había dejado la semana anterior. «Ya somos besties», bromeó la riojana, que arrancó la noche con una mezcla de humor y naturalidad. La visita de Blanca Romero al talent de TVE fue solo el primer aviso de que no iba a ser una entrega cualquiera. Después llegaron las cartas, los abrazos y una de esas apariciones familiares que desarman hasta al concursante más templado: sus hijos, Ander y Claudia, entraron en plató para acompañarla en una noche decisiva.

La emoción le puso a Annie la voz un poco más frágil, pero también le dio fuerza. «Aquí he dejado de ser la hija de, la mujer de, la madre de…», confesó, resumiendo en una frase buena parte de su paso por el concurso. En MasterChef, Annie ha ido construyendo un espacio propio, reconocible, lejos de las etiquetas que muchas veces la vida coloca antes incluso de preguntar. Eso sí, entre tanta lágrima también hubo sitio para el humor familiar. «Mejor cocinar con mis hijos que con mi marido Chusco», soltó con una sonrisa, antes de imaginar lo que habría pasado si le hubiera tocado él: «Te iba a tocar un poco las narices», le aseguro Jordi.

La primera prueba tuvo además doble ración riojana. Los aspirantes tuvieron que recrear platos de varios chefs y entre ellos estaba Ignacio Echapresto, de La Venta de Moncalvillo, que llevó al programa una cocina profundamente ligada al territorio. «Cocinamos lo que nos da la tierra, heredada y aprendida de nuestra madre, la Rosi», explicó el cocinero, poniendo sobre la mesa esa manera riojana de entender la gastronomía: con raíz, memoria y producto. Blanca Romero fue la encargada de repartir los platos y, aunque finalmente el de Echapresto no cayó en manos de Annie, la aspirante salió corriendo a buscar vinagre de Rioja para su elaboración. La tierra, por si acaso, había que tenerla cerca.

El plato de Ignacio lo cocinó Chambo, que logró el delantal dorado y con él el pase directo a semifinales. Annie, lejos de esconder la alegría ajena, le dejó una de las frases más bonitas de la noche: «Ya te lo digo, que La Rioja solo te puede traer cosas buenas».

Después llegó la prueba de exteriores, con los aspirantes viajando hasta la Vall d’Uixó, en Castellón, para cocinar en un escenario espectacular: las Cuevas de Sant Josep, refugio durante el Paleolítico y hogar del río subterráneo navegable más largo de Europa. Allí no hubo capitanes, así que los equipos tuvieron que repartirse la responsabilidad y tomar decisiones de forma colectiva para servir un menú diseñado por Lucía Ruiz Lafita, fundadora del catering Delirium, a 60 vecinos de la zona. Chambo formó los grupos y Annie vistió el delantal azul junto a Pepe y el propio Chambo, mientras Gema, Camilla y Carlota quedaron en el equipo rojo.

La ausencia de capitanes se notó, y mucho. Todos echaron de menos una voz clara que ordenara el cocinado, pero entre los azules los jueces detectaron pronto quién estaba tirando del carro. Annie fue, según valoraron, la líder en la sombra: tomó iniciativa, trabajó, organizó y dio órdenes cuando hacía falta.

La victoria fue para el equipo azul, así que Annie y Pepe se sumaron a Chambo como semifinalistas. La riojana no pudo esconder la mezcla de alivio, sorpresa y felicidad. «Yo que pensaba que me iba a ir de las primeras», reconoció, todavía asimilando que ya estaba entre las mejores del concurso. No fue un pase cualquiera: llegó después de una prueba exigente y con el reconocimiento añadido de haber sido la aspirante que sostuvo al equipo desde una autoridad tranquila, sin ruido, pero con mucho oficio.

Finalmente, los jueces decidieron que Gema no continuara en las cocinas. La aspirante se marchó lamentando no haber dejado que la conocieran realmente y reconociendo que había mantenido una coraza ante sus compañeros y el jurado. Su salida cerró una entrega intensa, de esas que dejan la competición ya en otra temperatura. Para Annie, en cambio, fue una noche redonda: familia, emoción, Rioja, trabajo bien hecho y una semifinal que ya no es un sueño lejano, sino una realidad servida en plato caliente.

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