San Bernabé

Lágrimas y orgullo en la entrega de las insignias de San Bernabé en Logroño

Lágrimas y orgullo en el homenaje de Logroño a Agustín Abadía, Teresa Álvarez, Rosa Grandes y Raquel Pérez Cuevas por San Bernabé

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Logroño cuenta desde este miércoles con cuatro nuevos vecinos insignes. El Ayuntamiento de la capital riojana ha celebrado el pleno extraordinario en el que ha impuesto las insignias de San Bernabé a Agustín ‘Tato’ Abadía, Teresa Álvarez Clavijo, Rosa Grandes León y Raquel Pérez, como reconocimiento a «sus trayectorias personales y profesionales, así como su dedicación y trabajo por la ciudad de Logroño.

Cabe recordar que estas distinciones de la Corporación municipal se entregan desde hace dos décadas, cuando Nieves Sáenz de Aja, Javier Delpón y Nicolás Viguera recibieron las primeras insignias en el año 2005.

En esta ocasión, los galardonados proceden del mundo del deporte, la historia, el comercio y el vino. El momento más emotivo lo ha protagonizado Agustín Abadía. El mítico jugador del Club Deportivo Logroñés, símbolo de una época inolvidable en Las Gaunas y del ascenso a Primera División, no ha podido contener las lágrimas al recordar lo que Logroño ha significado en su vida. Llegó hace cerca de cuarenta años para jugar al fútbol y terminó echando raíces en una ciudad en la que nacieron sus hijos y en la que hoy sigue al frente de su tienda de quesos en la calle San Agustín. «Me siento un ciudadano más de esta ciudad», ha resumido, visiblemente emocionado.

Abadía ha convertido su intervención en una memoria íntima de tres días imborrables: el nacimiento de sus dos hijos riojanos, el ascenso del CD Logroñés y la jornada de este miércoles, ya incorporada a su vida como una fecha imposible de olvidar. También ha tenido palabras especialmente sentidas para Ángeles, su mujer, a quien ha agradecido públicamente medio siglo de compañía y apoyo.

Las lágrimas también han llegado con Teresa Álvarez. La historiadora del arte, una de las grandes autoridades en el Logroño del siglo XVI, ha recibido la insignia con una mezcla de pudor, emoción y gratitud. Sin discurso escrito, ha hablado desde la memoria y desde el corazón para agradecer el apoyo de su familia y sus amigos, esenciales en una vida dedicada a los archivos, la investigación y la defensa del patrimonio pese a convivir desde hace años con una enfermedad rara.

Álvarez ha llevado al salón de plenos una lección de historia sin solemnidad, pero con enorme profundidad. Ha reivindicado que el Logroño del siglo XVI fue mucho más rico de lo que durante años se pensó, una ciudad de oficios, familias, culturas y maestros llegados de distintos lugares. Desde esa mirada al pasado, ha lanzado una reflexión muy actual: Logroño ha crecido siempre desde la mezcla y la convivencia, y no puede entender su presente sin mirar a quienes lo construyeron antes.

Rosa Grandes ha puesto la voz del comercio de barrio. La dependienta, con 42 años detrás de un mostrador, ha reivindicado el trabajo silencioso de quienes cada mañana levantan la persiana para dar vida a las calles. Su discurso ha tenido olor a tienda de siempre, a escaparate, a clientas que acaban siendo amigas y a generaciones que vuelven con sus hijos al mismo comercio donde compraban de pequeños. «Cuando se cierra un comercio, una luz se apaga», ha advertido, en una defensa directa del pequeño comercio frente a las grandes superficies y la venta online.

Raquel Pérez Cuevas, presidenta del Consejo Regulador de la DOCa Rioja y primera mujer al frente de la institución, ha unido Logroño y vino en una intervención de pertenencia y proyección. «Quel es mi pueblo y Logroño es mi ciudad», ha afirmado antes de recordar su llegada a la capital riojana con 16 años, sus años de formación, su vida familiar y profesional, y el papel de la ciudad como embajadora esencial de la Denominación. Pérez ha hecho extensivo el reconocimiento a todo el sector vitivinícola y ha subrayado que «quienes hacen ciudad hacen también denominación».

La entrega de insignias ha dejado así cuatro formas distintas de querer a Logroño. La del futbolista que llegó para trabajar y se quedó para vivir; la de la historiadora que ha dedicado su vida a desenterrar la ciudad que fuimos; la de la comerciante que ha hecho del mostrador un lugar de encuentro; y la de la presidenta de la DOCa Rioja que vincula el futuro del vino con la identidad de la capital. Cuatro discursos diferentes, unidos por una misma idea: Logroño también se construye desde las vidas de quienes la cuidan cada día.

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