Especial Enoturismo

“El enoturismo vive un momento dulce en España”

El enoturismo ha dejado de ser una actividad complementaria para convertirse en un motivo de viaje por sí mismo. Esa ha sido una de las ideas centrales que ha defendido Óscar Checa, responsable de comunicación de Rutas del Vino de España, durante su intervención en el foro Origen. Su diagnóstico ha sido claro y optimista: el sector vive «un momento dulce», con cifras al alza, nuevos públicos y un recorrido todavía enorme por delante.

Checa ha recordado que el enoturismo fue uno de los primeros sectores turísticos en recuperarse tras la crisis provocada por la pandemia. La posibilidad de desarrollarse en espacios abiertos, el vínculo con el territorio y el atractivo de las experiencias vinculadas al vino favorecieron una vuelta rápida de los visitantes. Hoy, las Rutas del Vino de España suman alrededor de tres millones de enoturistas, una cifra que confirma la consolidación de un modelo que ya no mira solo a los aficionados al vino, sino a viajeros interesados en la gastronomía, la cultura, el paisaje y las experiencias.

FOTO: Fernando Díaz

Ese crecimiento ha tenido también una consecuencia económica evidente. Según ha explicado Checa, el impacto registrado en 2024 solo en visitas a bodegas y museos ha superado los 112 millones de euros. Y esa cifra, ha matizado, se queda corta. El visitante que entra en una bodega también come, duerme, consume en comercios, realiza otras actividades o llena el depósito de gasolina. Por eso, el impacto real podría duplicarse o incluso triplicarse, aunque Rutas del Vino prefiere trabajar siempre con datos objetivos y medibles.

Otro de los cambios importantes tiene que ver con el origen del visitante. El enoturista sigue siendo mayoritariamente nacional, con un 75 por ciento de público español, pero el visitante internacional ya representa el 25 por ciento y continúa creciendo. Checa ha vinculado ese avance al trabajo de promoción exterior, a los viajes de prensa, a la colaboración con oficinas españolas de turismo en otros países y al atractivo que tienen destinos consolidados como Rioja.

FOTO: Fernando Díaz

La valoración de quienes viven la experiencia también habla bien del sector. Los visitantes conceden a las rutas una nota media de 8,98 sobre 10 y prácticamente todos recomendarían la experiencia. Ese dato, unido a la implicación de bodegas, museos, alojamientos y empresas del territorio, confirma que el enoturismo ha aprendido a construir propuestas cada vez más cuidadas, más específicas y mejor adaptadas a distintos públicos.

El perfil del visitante completa esa fotografía. El 48 por ciento viaja en pareja, el 32 por ciento en grupo, el 61 por ciento son mujeres y el 54 por ciento organiza su escapada por internet. Además, el 65 por ciento pernocta, con una estancia media de 2,47 días y un gasto aproximado de 200 euros diarios. Cifras que explican por qué el enoturismo se ha convertido en una oportunidad real para el desarrollo económico de muchos territorios, especialmente en pueblos y zonas rurales. Un presente sólido, sí, pero también una invitación a seguir innovando sin olvidar la base de todo: la viña, la bodega y la cultura del vino.

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