Hay partidos que duran noventa minutos, y que empiezan mucho antes. Este sábado, cuando el balón eche a rodar en Matapiñonera a las 19:00 horas, la UD Logroñés no solo pondrá en juego un ascenso a Primera Federación. Pondrá sobre el césped cinco años de espera, tres temporadas de sinsabores en Segunda Federación, una ciudad y una región que vuelven a reconocerse alrededor de un equipo y una oportunidad que parece construida a base de todas las experiencias acumuladas por este club durante la última década.
La afición al fútbol lleva días mirando hacia el norte de Madrid. Hacia un estadio pequeño, encajado entre centros comerciales, carreteras y edificios de oficinas. Un escenario modesto para una cita gigantesca. Apenas tres mil espectadores caben en Matapiñonera, pero la trascendencia del encuentro supera con mucho las dimensiones del recinto. En este lugar, desemboca todo el trabajo de una temporada, y otras muchas frustraciones.
Desemboca el trabajo de una temporada completa. Desembocan los más de diez mil aficionados que abarrotaron Las Gaunas en la ida. Desembocan los más de setecientos blanquirrojos que teñirán de blanco y rojo las gradas madrileñas. Y desembocan también todos los playoffs anteriores, los buenos y los malos, los que construyeron una identidad colectiva a base de alegrías escasas y decepciones abundantes.

Lupu y Joel Febas buscarán este sábado el gol del ascenso.
La UD Logroñés llega con ventaja. El gol de Berto Rosas en Las Gaunas permite afrontar la vuelta con un 1-0 favorable. Un resultado valioso, aunque insuficiente para confiarse. El conjunto riojano ascenderá si gana o empata. Una derrota mínima obligaría a seguir peleando durante la prórroga gracias a la mejor clasificación liguera de los madrileños (segundo contra tercero). Pero nadie en el vestuario piensa en especular.
Mucho menos Unai Mendia. El técnico ha repetido durante toda la semana una idea que explica buena parte de la personalidad competitiva de este equipo. «Este partido no se prepara en una semana, se prepara durante todo el año». No hay fórmulas mágicas ni discursos extraordinarios. No hay vídeos motivacionales ni arengas de última hora. Hay trabajo. Hay automatismos. Hay meses de entrenamiento. Hay una identidad reconocible que el entrenador se niega a traicionar ahora que todo está en juego. Hay valentía, rebeldía, hay alegría, empuje y capacidad.
«Si después de toda una temporada trabajando una idea cambiamos para el último partido, estoy seguro de que no va a salir bien», ha explicado en las horas previas a este choque. Esa convicción será especialmente importante porque la UD Logroñés afrontará la final con dos ausencias de enorme peso. Ni Taliby ni Berto Rosas estarán disponibles. Ambos se pierden el partido por sendas lesiones sufridas en la ida.

FOTO: Fernando Díaz
Son bajas importantes. De las más sensibles que podía sufrir el equipo en estos momentos. Pero la sensación que transmite el vestuario es la de quien lleva meses preparándose para cualquier escenario. Daza asumirá la responsabilidad bajo palos. Y llega al duelo habiendo acumulado minutos bajo palos. Jugó la recta final de la temporada. Está listo para el reto. Arriba, jugadores como Joel Febas o Andrei Lupu deberán ocupar el espacio dejado por el delantero andorrano, y su impronta, la de ambos, se ha dejado notar en los minutos que han tenido durante estos dos últimos meses de competición.
No es casualidad. La temporada de la UD Logroñés se ha construido precisamente sobre una idea colectiva. Sobre la sensación de que el grupo siempre termina apareciendo para sostener al individuo. Este equipo ha sufrido. Por momentos, bastante. Ha perdido partidos inesperados. Ha atravesado momentos de duda. Ha visto cómo algunos rivales parecían escaparse en la clasificación. Ha convivido con la presión permanente de una categoría que no corresponde ni a la masa social ni a las aspiraciones del club. Pero siempre ha sido capaz de levantarse, para llegar al playoff en la mejor dinámica de toda la temporada: las tres victorias en esta fase de ascenso así lo constatan. Pero hace falta una más, la más importante, la definitiva.
La UD Logroñés ha aprendido durante años a convivir con las decepciones. Con los casi. Con los ascensos que parecían cercanos y terminaron escapándose. Con las eliminatorias que se recuerdan durante demasiado tiempo. Existe además una circunstancia única que convierte esta final en algo especial. La única vez que el club logró ascender, no pudo celebrarlo. Ocurrió en Málaga, durante la pandemia. La Rosaleda vacía. Las calles vacías. Murrieta vacía. No hubo abrazos colectivos. No hubo recibimientos. No hubo una ciudad festejando junto a sus futbolistas.

FOTO: Fernando Díaz
La UD Logroñés ascendió, sí. Pero nunca celebró realmente aquel ascenso. Y esa deuda emocional aparece inevitablemente cuando se acerca un partido como el de este sábado. Por eso la movilización social resulta tan significativa. Matapiñonera ha colgado el cartel de completo y no habrá taquillas abiertas este sábado. Más de setecientos aficionados riojanos acompañarán al equipo en Madrid. Otros miles seguirán el partido desde Logroño. La Ciudad Deportiva de Valdegastea volverá a convertirse en un pequeño Las Gaunas con pantalla gigante, restauración y ambiente de gran cita. Los bares de la ciudad llevan toda la semana gestionando reservas.
La final se jugará en Madrid, pero se vivirá simultáneamente en toda La Rioja. La UD Logroñés busca regresar a Primera Federación. Busca recuperar una categoría perdida hace tres temporadas. Busca dar estabilidad a un proyecto que ha crecido en instalaciones, cantera, masa social y sentimiento de pertenencia. Busca confirmar que el trabajo realizado durante los últimos años tiene continuidad. Todo en juego durante noventa minutos.
Busca la oportunidad de volver a celebrar. De hacerlo juntos. De cerrar definitivamente una etapa de frustraciones. De convertir una ciudad entera en una fiesta alrededor de un balón. Por delante quedan noventa minutos. Quizá ciento veinte. El fútbol nunca ofrece garantías. Lo único seguro es que todo lo vivido hasta ahora desemboca este sábado en Matapiñonera. Y que la UD Logroñés está a un solo partido de transformar años de espera en una alegría largamente aplazada.


