Hay una imagen que no consigo quitarme de la cabeza desde el pasado fin de semana. No es el gol de Anai Morales. Tampoco el paso en falso de Taliby en el tanto del Getafe B. Ni siquiera el corteo entrando por República Argentina entre humo, petardos, cánticos y chavales, que hace treinta años no habían nacido. Cantaban sin importarles el pasado, centrados en animar a su equipo, sin ser conscientes de que están construyendo la nueva memoria del fútbol riojano, que ya le pertenece a una nueva generación. Nada de esto me perturba como una imagen más pequeña.
La de cierta gente importante entrando casi de puntillas a Las Gaunas el pasado sábado. Como si todavía hiciera falta pedir perdón por ir al fútbol. Como si hubiera que disimular demasiado entusiasmo no vaya a ser que alguien piense que uno se ha posicionado. Y resulta fascinante porque la sociedad riojana -entre ellos algunos de sus votantes, por ejemplo-, mientras tanto, parece tenerlo bastante claro.
Casi 7.000 personas acudieron hace unos días a Las Gaunas para ver una semifinal prácticamente encarrilada tras el 0-2 de la ida. En Segunda Federación. Otra vez. Como hace tres temporadas contra el Guijuelo. Como ante el Marbella, que fue un lleno. Como tantas otras veces recientes en las que el fútbol riojano ha demostrado que sigue vivo cuando se le ofrece una mínima posibilidad de sentirse importante… Pero curiosamente cuando lo protagoniza la UDL. Hay un dato para respaldar esta afirmación: la SDL reunió hace apenas una temporada -el pasado 18 de mayo de 2025- «más de 2.000 espectadores» en otra semifinal por el ascenso a Primera Federación.

Acceso al estadio este sábado para ver el UD Logroñés – Getafe B. / FOTO: Fernando Díaz
En La Rioja resulta más sencillo discutir sobre el pasado que asumir lo que está ocurriendo delante de nuestros ojos, y aprovecharse de ello, como buen político. Pero estamos en La Rioja, la tierra donde quedar bien con todos es un arte que paraliza. Repartir afectos al estilo de la tan mencionada equidistancia como forma de supervivencia social. Como si elegir fuera siempre una pequeña traición.
Y así seguimos. Estoy casi seguro que los políticos que toman las decisiones viven el fútbol riojano en la intimidad de sus casas. «Un ascenso lo solucionaría todo», como llegó a decir Javier Merino, entonces concejal de Deportes, casi a modo de súplica para que otros le solucionaran su incapacidad para tomar decisiones respecto al fútbol riojano. Algunos políticos van al estadio, claro que van. Incluso viajan a ciertos desplazamientos. Y celebran goles, claro que celebran goles. Sienten el fútbol, por supuesto que lo sienten. Y alguno de ellos tendrá incluso la capacidad de reconocer cuál es el proyecto que hoy en día moviliza a la mayoría social futbolera de la región. Hasta que llega la hora de la verdad… y aparece el miedo.
Miedo a significarse. Miedo a que alguien se enfade. Miedo a decir las cosas como son. Como si apoyar el crecimiento de un proyecto futbolístico fuerte en La Rioja fuera equivalente a atacar al resto de clubes riojanos. Y no lo es.
No se está pidiendo que un alcalde salga con la bufanda al balcón del Ayuntamiento ni que el presidente del Gobierno de La Rioja haga de ultra en la grada de Preferencia. No va de eso. El problema no es de qué equipo es cada político. La cuestión más preocupante es si realmente comprenden su ciudad y su región. El problema es si nuestros dirigentes son capaces de entender la importancia estratégica que podría tener el fútbol para esta región. Y dudamos de su visión, incluso de su capacidad para tomar decisiones, si no logran discernir -sin necesidad de desgastarse tanto- qué proyecto está preparado para alcanzar el fútbol profesional.

El Fondo Sur este pasado sábado en el UD Logroñés – Getafe B. FOTO: Fernando Díaz
Es curioso recordar cómo hace seis años un entonces concejal llamado Conrado Escobar colocaba una bandera de la UD Logroñés en el balcón de su despacho en el Ayuntamiento mientras la ciudad soñaba con el ascenso a Segunda División. Algo natural. No tuvo miedo a decirlo. Tampoco es como para colgarle una medalla al valor. Simplemente quiso compartir la ilusión colectiva alrededor de un club que estaba a punto de devolver el fútbol profesional a La Rioja dos décadas después. Este sábado no estuvo por el fútbol apoyándole en el intento de alcanzar una final, quizás porque tampoco podía estar el domingo empujando para que un equipo de Logroño no bajara a Tercera Federación. Cálculos varios. Lo solventó en sus redes sociales el domingo a última hora: cuatro tuits para felicitar a la SDL. Ni uno, ni dos… cuatro. «Para que me lean», pensaría. A la UDL le dedicó un tuit. Tranquilidad, las matemáticas son sencillas: en caso de ascenso a Primera Federación le dedicará tres tuits más. 4 a 4.
Da la sensación de que cuanto más evidente es el respaldo social mayoritario que tiene la UD Logroñés -solo este club es capaz de vender 3.000 entradas en menos de doce horas-, más incómodo se le hace a la política riojana. Reconocer una realidad social no implica un posicionamiento. Aunque lo cierto es que debería preocuparnos que nuestros políticos no sean capaces de posicionarse respecto a los temas candentes de su ciudad o región. Envía un mensaje complicado para la Democracia: que da igual votar a uno, a otro o al de más allá. Porque al final todos son lo mismo, como vienen demostrando en el fútbol durante las últimas cuatro o cinco legislaturas.
Eso en el Ayuntamiento. Luego está el Palacete. Me resultó raro que el gabinete del presidente del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capellán, no creyera oportuno incluir en la agenda oficial del pasado sábado que el máximo representante de todos los riojanos iba a asistir al encuentro. Pero estuvo en el partido. Representando, como toca, a esa mayoría social riojana a la que le gusta el fútbol.

El palco de Las Gaunas durante la cita de este pasado sábado. FOTO: Fernando Díaz
¿Por qué cuesta tanto decir abiertamente que La Rioja necesita un proyecto fuerte en el fútbol profesional? ¿Por qué sigue dando miedo reconocer qué club ha conseguido movilizar durante años a la mayor masa social futbolera de la región? ¿Por qué parece más cómodo fingir que todo pesa exactamente igual cuando la realidad demuestra constantemente lo contrario? La equidistancia no es justa porque trata igual realidades profundamente diferentes.
La UD Logroñés se equivoca. Muchísimo, además. Más de lo que debería. Lleva tres años atrapada en una categoría impropia para su estructura, para su inversión y para su masa social. Ha tomado malas decisiones deportivas. Ha triturado entrenadores. Ha desesperado a su gente. Ha convertido el fracaso recurrente en una especie de costumbre enfermiza. Pero incluso en medio de todo eso, la sociedad riojana sigue respondiendo.
El fútbol no va solo de resultados. Va de identidad, de representación colectiva, de generar espacios comunes en una región pequeña que demasiadas veces parece incapaz de reconocerse a sí misma en algo compartido. Y para eso está precisamente el fútbol profesional cuando éste vuelva a llamar a la puerta.
Conrado Escobar no conoce su ciudad. Conoce a una parte de su ciudad. Gonzalo Capellán sí conoce su región, al dedillo, además. Y sin embargo al fútbol, ambos, como antes hicieron Concha Andreu y Hermoso de Mendoza, se aproximan sigilosamente, sin darse cuenta de que el tiempo pasa, también el de ellos dos, y seguimos estancados, cuando se sabe que La Rioja ha decidido desde tiempo dejar de tener miedo a decir qué proyecto quiere que la represente ahí fuera.
Si quieren, el domingo, lo podrán ver de nuevo. Otra vez. Entiendo que aceptarán la invitación-como casi siempre- y que lo dirán, como casi nunca.


