La costura ha ‘tejido’ los retales necesarios para crear ese camino de vuelta a casa para la riojana Olga Camino. Trotamundos por naturaleza, esta ingeniera Técnico Agrícola formada en Logroño y criada en Lardero pasó una temporada trabajando en una escuela de esquí en Madrid para luego mudarse a Guadalajara. Allí, en tierras castellanas, fue donde descubrió su afán por la aguja y el hilo gracias a las clases de costura a las que se apuntó con las vecinas del lugar. Un nuevo cambio de rumbo en su vida laboral le llevó a cruzar el charco y estudiar patronaje y confección y diseño de moda en Buenos Aires. A su regreso en 2013, Madrid volvió a recibirla con los brazos abiertos y un proyecto ilusionante tras trabajar con varias empresas del sector: la creación de su propia marca de moda. Pero aún tenía un destino más esperándole y hace apenas un año volvió a hacer las maletas, esta vez para poner rumbo a casa y acompañada de su pareja Nacho Magro.
Con el paso de los años, Camino ha confeccionado una vida a 850 metros de altitud, rodeada de pinos y con un balcón al valle del Iregua y a todo el área metropolitana que alcanza su vista hasta topar con la Sierra de Cantabria. “Desde aquí todo se ve diferente. Es justo lo que buscábamos cuando vinimos a quedarnos en La Rioja y después de haber vivido en ciudades muy grandes. Que fuera un sitio tranquilo, aislado pero también bien conectado con la capital”. El próximo mes de mayo esta pareja cumplirá un año como residentes en la urbanización Moncalvillo Green de Sojuela.

Su pareja, entrenador personal, también lo tuvo fácil para trasladar su trabajo a este rincón de La Rioja y es que desarrolla su actividad de manera ‘online’. “Él es madrileño pero buscaba tener el monte cerca de casa, así que no dudamos en fijarnos en mi tierra a la hora de barajar destinos. La Rioja era nuestra primera opción porque aquí, además, tengo a mi familia, así que a principios de 2025 vinimos a esta zona a buscar casas. Si bien es cierto que el paso de mudarnos lo teníamos un poco más a largo plazo, el ‘boom’ de la venta de viviendas en la urbanización hizo que agilizáramos todo. Nosotros seguíamos en Madrid y recuerdo que pedimos cita un martes de finales de enero para ver seis casas ese mismo fin de semana. Cuando llegó la fecha ya se habían vendido cuatro, así que tuvimos que decidirnos. También ojeamos alguna casa de pueblo, de las de gran tamaño que requieren reforma, pero esta casa en Sojuela, pese a llevar 17 años construida, estaba para estrenar”, relata la propietaria.
La pareja firmó el contrato de arras con los dueños un 5 de febrero, el 6 de marzo compraron la vivienda y a principios de mayo ya estaban viviendo en ella. Entre tanto, Camino solicitó la ayuda del Plan Revive para adquirir vivienda en zonas rurales de La Rioja, asesorada por unas primas que previamente ya la habían pedido. “Fue todo muy rápido, en noviembre me la concedieron y en diciembre ya la recibí. Al final es un apoyo importante que siempre viene bien. Además, coincidiendo con la búsqueda de trabajo en la que me encontraba fue una ayuda económica todavía mejor recibida”.

Hace poocos meses comenzó dando clases de costura en Logroño y ahora ha ampliado su red de alumnas a los municipios de Sojuela, Nalda y Villamediana para dar este servicio en las zonas rurales y que estas personas no tengan que desplazarse a la capital. A su vez, trabaja con Ayuntamientos y asociaciones locales para realizar actividades formativas de este tipo. “Los talleres que imparto funcionan como un aula abierta, puede venir gente con nociones mínimas de costura y a la vez personas que entienden de patronaje, saben hacer prendas desde cero y quieren perfeccionar las técnicas o necesitan asesoramiento. La idea es juntarse, aprender unas de otras y, sobre todo, estrechar lazos intergeneracionales porque aquí vienen diversos perfiles de diferentes edades y diferentes condiciones sociales. Al principio tal vez les cuesta entablar relación, pero luego siempre crean nexos porque les une la misma tarea. Y al fin y al cabo se trata precisamente de eso, de promover la integración en las zonas rurales y crear a su vez una vía de escape, de desconexión para muchas personas”, remarca.
El proyecto de costura de Camino continúa con nuevas líneas de trabajo que se irán desarrollando próximamente y con la certeza de que a los pies del Moncalvillo tiene una buena perspectiva del recorrido que tomar. “Sé que si me hubiera dedicado a la moda en Madrid tendría que pasar doce horas fuera de casa y eso no era precisamente lo que buscaba. Hemos venido a Sojuela para disfrutar de esta casa, del paisaje y, en definitiva, de una vida más tranquila. Es cierto que echo de menos cosas de Madrid, pero nada es comparable a esto”.


