Darío Gómez (Ezcaray, 24 de febrero de 1996) nunca olvidará el pasado domingo. El pelotari se coló en la final del Manomanista tras derrotar a Larrazabal (22-8), ante casi 2.000 espectadores en un Adarraga entregado. Hacía 72 años desde que un riojano no llegaba a una final del Manomanista, la especialidad reina, que jugará ante Artola (31 de mayo, Navarra Arena). Casi tres generaciones, un cambio brutal de época, de sociedad, de mundo. Fue en 1954 cuando Barberito I alcanzó un último partido que no pudo disputar por lesión. Ahora, el delantero de ASPE iguala con el legendario Abel San Martín y analiza su gesta en NueveCuatroUno.
De camino a su pueblo un lunes por la tarde y en compañía de su hermano y entrenador Asier Gómez, el riojalteño nunca pierde su buen humor, su desparpajo de la Sierra de la Demanda: «He vivido mi pase a la final con muchísima emoción. Me quedo con la emoción que he visto en las caras de mis amigos y mis conocidos. Con eso me quedo. Quizá con el tiempo vas cogiendo estos momentos y los asimilas. Lo estoy disfrutando, todavía tengo que coger el móvil, contestar a la gente y agradecer a todos el apoyo y las muestras de cariño que he recibido. Más que asimilándolo, lo estoy disfrutando».

FOTO: Fernando Díaz
Al pelotari le salió un gran partido en el Día D, Hora H. Su intención desde el primer momento fue que Larrazabal saliera incómodo, para que no tocara pelota fácil. «Con la izquierda, le jugué de costado a pies, con la derecha coger altura, echar pared y me costó un poco más. Luego, enseguida traté de echar la dejada, el dos paredes, los movimientos que a él más le cuestan», analiza el riojalteño. Por otro lado, aporta otra clave: «Se vio que los tantos duros a él le costaba hacerme daño. Aguantábamos y veía que él, físicamente, iba a agotándose cada vez más. Se iba desesperando y le pude apretar más».
Fue un gran hito en el camino precedido por un gran torneo. El delantero de ASPE apeó a Elordi en octavos (22-6) y una vez en la liguilla de cuartos, venció a Jaka (10-22) y Altuna III (8-22). Tres campeones, casi nada. Posteriormente, en el tercer partido, donde le valía un solo tanto ante Laso para pasar, hizo 14. Pese a ese tropiezo, acabó primero de su Grupo A y de ahí, a las semifinales frente a Larrazabal. Había llegado dos veces entre los cuatro primeros (2020 y 2023), pero 2026 ha sido la definitiva. «Cada vez me creo un poco más mi juego del mano a mano, me creo que puedo competir con cualquiera», expresa, analizando su mejora.
«Eso te da una fuerza increíble para salir y sacar los dientes contra cualquiera», continúa. El suyo no ha sido un camino para nada fácil. Debutó hace casi once años, un 14 de junio de 2015 en el Adarraga logroñés y durante sus años iniciales, llegaron las dudas y los momentos difíciles. Sin embargo, a base de trabajo, de creer en su futuro, Darío ha abierto camino y se ha convertido en todo un especialista del Manomanista. Quizá en La Rioja, por herencia de Titín III, el Parejas y el Cuatro y Medio sean más queridos por la afición, pero la categoría reina, la máxima, es el Manomanista.

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Uno contra uno, con todo el frontón para él. Es la modalidad más exigente, la más dura, la que más leyendas ha forjado. Retegui, Olaizola, Martínez de Irujo, Altuna… nombres que quedarán ligados a los frontones por siempre. Y ahí, en ese palmarés donde solo figura Barberito I (1953), aspira a entrar Darío Gómez. En los últimos años, no ha hecho más que mejorar, en primer lugar en el plano físico: «Siempre he estado bien y en los últimos años, quizá he alcanzado un puntito por encima de los primeros».
Pero claro, no solo por fuerza bruta se llega a 22 y él lo sabe. Ha trabajado por pulir su juego, por hacerse más competitivo: «La izquierda es lo que más he mejorado, tengo mayor regularidad. Además, he tenido una gran continuidad con la derecha durante todo el año. Llevo todo un año donde no me dan problemas las manos, salvo algún pequeño golpe o algo así, sin importancia y eso te da mucha tranquilidad». Aun así, percibe más puntos de mejora: «Tengo que seguir haciendo daño con la derecha a bote, al terminar o al coger altura. Y con la izquierda, tener un puntito más de colmillo, mordiente al terminar adelante y poder acabar antes».
Iñaki Artola, un escollo complicado
Enfrente de Darío estará Iñaki Artola, un rival muy complicado. El de Alegia (1994) afronta su segunda final consecutiva, después de la que perdió frente a Altuna III en 2025. En esta ocasión, ha llegado a la final tras desbancar nada más y nada menos que a Unai Laso, quizá el gran favorito (22-13). Nunca tuvo opciones el errotarra ante un Iñaki con las ideas muy claras, que se colocó 16-2 arriba y prácticamente, sentenció el encuentro. Antes, en la liguilla de cuartos, cayó ante Larrazabal (17-22), pero venció a Peña II (22-19) y eliminó a Zabala (22-16) para cerrar su plaza en semifinales.
«Está jugando muy agresivo, cuando levanta la cabeza a medio frontis, da el paso adelante y ya no pierde la iniciativa. Está muy atento para ir hacia adelante, si quiero jugarle a los pies, tendré que hacerlo más bajo. También defenderme, buscar altura». Sin Laso, Darío es ya considerado por los expertos y la cátedra como el favorito al torneo. Sin embargo, él no se coloca esa presión: «Realmente no me siento favorito. Iñaki ya se vio de lo que es capaz, con la segunda parte contra Zabala y contra Laso ya demostró de lo que es capaz».
Llega su momento cumbre, el más importante de su carrera profesional, pero Darío no siente esa presión: «Me la he quitado al entrar en la final. Todavía queda mucho, lo de ayer está en la cabeza y hay que asimilarlo». Le tocará también conocer un frontón nuevo, el Navarra Arena, con capacidad para 3.000 espectadores y características diferentes. «Intentaré conocerlo este jueves y el miércoles que viene, en la elección de material. No estoy acostumbrado a un frontón así», explica.

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Con la máxima normalidad posible, tampoco prevé modificar en exceso sus entrenamientos. «Meteré algo más de carga y daré unas vueltas al quiosco de Ezcaray», demuestra. Son las de las fiestas de Santa Bárbara, muy especiales en el Municipio. Esta vez, el deportista las vivirá desde la barrera, aunque tratará de disfrutar. Y ya por último, ¿promete algo Darío si logra su primera txapela en Primera?. Pues de nuevo, se lo toma con humor: «No voy a hacer más, porque si no, igual me sale caro». Espontaneidad de un riojalteño al que no se le va a subir el éxito a la cabeza.


