Durante años, el relato sobre el mundo rural se ha simplificado hasta quedarse en una sola palabra: despoblación. Pero la realidad, cuando se mira de cerca, es bastante más compleja. Hay pueblos que pierden habitantes, sí, pero también personas que deciden llegar, quedarse o volver. El sociólogo Sergio Andrés Cabello, de la Universidad de La Rioja, lleva tiempo estudiando estos movimientos sobre el terreno y lo tiene claro: el problema ya no se explica solo con cifras. Tiene que ver con decisiones de vida… y con obstáculos muy concretos, como la vivienda o la movilidad.
– Si tuviera que resumir qué está pasando en los pueblos pequeños de La Rioja en los últimos diez años, ¿cuál sería?
– Por un lado, es evidente que la pérdida de población sigue siendo un hecho porque hay un escenario de envejecimiento de la población. El envejecimiento en los pueblos más pequeños es una cuestión ya de fallecimientos. Eso es una realidad. Pero, por otra parte, sí que es verdad que hay determinados perfiles, que en ningún caso son mayoritarios, dentro del escenario de lo que nos está ocurriendo en el medio rural, que sí toman la decisión de ir a vivir a estas localidades.
– Siempre se habla de despoblación, pero los datos muestran que algunos municipios crecen. ¿Estamos simplificando demasiado el problema?
– Sí, porque conviven varios procesos a la vez. La pérdida de población sigue existiendo, sobre todo por el envejecimiento, pero al mismo tiempo aparecen perfiles que deciden vivir en pueblos. Lo primero y más importante, bajo nuestro punto de vista, es que tú tomes la decisión de querer vivir en un pueblo. Si tú no te quieres ir a vivir a un pueblo, ya te pueden poner allí nuevas empresas o nuevos servicios que no vas a ir.

Luego ya hay diferentes perfiles. Encontramos un perfil muy mayoritario, dentro de esa gente que va o que vuelve, basado en el concepto del arraigo. Son personas que tienen una vinculación con esos municipios, que tienen claro que quieren ir a habitar a su pueblo, al pueblo del que proceden o al pueblo en el que han pasado sus vacaciones. Y luego hay otro perfil más paracaidista: personas que se van a uno que no conocen, pero porque la zona es atractiva o por lo que sea.
– ¿Quién es hoy la persona que decide quedarse o irse a vivir a un pueblo pequeño? ¿Ha cambiado ese perfil?
– Lo que tienen en común esos perfiles es que generalmente, en buena medida, no están vinculados a lo que podríamos denominar las actividades tradicionales del medio rural, sino que son perfiles muy vinculados a sectores servicios, con una fuerte presencia del teletrabajo y con un peso muy fuerte de la movilidad.
Y sí, es una decisión muy consciente. Hace unas décadas, cuando se puso otra vez de moda el tema del medio rural, había gente que sí que iba de una manera más bucólica. Ahora mismo, la grandísima mayoría que va al medio rural es muy consciente de la decisión que está tomando y de las carencias que tiene el medio rural.
– ¿Hasta qué punto el crecimiento de pueblos cercanos a Logroño responde más a un ‘efecto ciudad’ que a un verdadero retorno al mundo rural?
– En el caso de la corona metropolitana de Logroño, yo creo que responde a los parámetros clásicos o tradicionales de los núcleos metropolitanos. Ahí te encuentras con dos perfiles. Uno muy vinculado al precio de la vivienda, donde yo tengo la oportunidad de vivir en un entorno cercano a Logroño a precios más accesible. Y luego otro tipo de personas que también valoran el hecho de vivir en un entorno más reducido. Pero sí que es verdad que lo que hace que se disparen estos entornos muchas veces es el precio de la vivienda y nada más.

– ¿Por qué hay zonas, como la sierra, que siguen perdiendo población mientras otras de las mismas características resisten o crecen?
– Porque no es lo mismo hablar de municipios del valle o del entorno de las grandes vías de comunicación que hablar de zonas de sierra, de montaña, donde las accesibilidades y las comunicaciones son distintas.
Ahora bien, si una persona decide que se quiere ir a vivir, por ejemplo, a Viniegra de Abajo, sabe perfectamente a lo que se expone. Sabe que va a tener que bajar a Logroño algunos días o ir a otros sitios. Pero eso ya forma parte de su decisión. Lo importante es que quiere vivir allí.
El problema viene después, cuando ese proyecto de vida se complica por cuestiones como la familia, la crianza o la accesibilidad a determinados servicios. No es lo mismo tener hijos en un pueblo cerca de Calahorra o de Arnedo que tenerlos en lugares mucho más aislados.
– Más allá de los números, ¿cuál diría que es hoy el problema estructural de estos municipios?
– Para mí, ahora mismo, el factor determinante es la vivienda. Lo tengo clarísimo. Una cosa es que yo quiera vivir en el medio rural y otra es que yo pueda vivir en el medio rural por el tema del acceso a la vivienda. No le va a echar atrás a una persona el hecho de que su trabajo esté en Logroño. Tampoco que sepa que su hospital de referencia está a media hora o que sus hijos tengan que ir al instituto a la cabecera de comarca. Lo que le va a echar atrás, una vez que quiere vivir en el medio rural, es que no pueda acceder a la vivienda.

Si tengo una segunda residencia o si mis padres o mis abuelos tienen una vivienda en esa localidad, es más fácil. Eso ya te pone una autopista. Pero en el momento en el que tienes que salir al mercado, al alquiler o a la compra, se vuelve complicadísimo. Y además con una serie de problemáticas muy específicas: el tema de las herencias, muchísimos propietarios, gente que no se pone de acuerdo… hay una serie de situaciones propias de estos contextos que te dejan con muy pocas posibilidades. El mercado de la vivienda ahora mismo es complicadísimo estés en Logroño o estés en un pueblo.
– ¿Hay relevo generacional real o estamos parcheando la situación?
– Es muy difícil ya encontrar ese relevo en muchos sectores. Me da igual que hablemos de agricultura, de ganadería o de cualquier otro. El sector primario está como está. La ganadería sabemos hacia dónde ha ido y dónde está. Y en agricultura también vemos el escenario actual. La gente que se dedica a esas actividades responde a otros perfiles muy claros, especialmente personas de origen extranjero, inmigrantes, etcétera.
Por eso, junto a esos nuevos perfiles que llegan, a mí también me interesa mucho el perfil de la gente que se queda, que muchas veces olvidamos. Chicos y chicas que no se han ido a estudiar fuera, o que hacen un grado medio o un grado superior, que tienen cubiertas algunas necesidades básicas porque tienen vivienda familiar o pueden sacarse el carné, pero la cuestión es qué van a hacer en esos territorios, en qué van a trabajar. Ese colectivo me parece muy interesante y muy importante, especialmente en un territorio como La Rioja.
– ¿Hay ejemplos en La Rioja de pueblos que estén haciendo bien las cosas? ¿Qué están haciendo diferente?
– Cada sitio es un mundo. No tenemos una varita mágica para decir: vamos a ver cómo podemos solucionar esto. Sabemos que hay un factor muy importante, que es la decisión personal y a partir de ahí es donde tienes que empezar a trabajar para que se den las condiciones para que esa gente pueda hacer sus proyectos de vida ahí.
Hay casos muy específicos, como Sojuela, que se beneficia de varios factores: haber construido muchísimo, tener mucha oferta de vivienda, estar relativamente cerca de Logroño… pero Sojuela es un caso muy concreto.

Luego tienes municipios muy dinámicos o muy particulares, como Ezcaray, pero también es un caso muy específico, con todo lo que tiene, con el peso del turismo, de la segunda residencia. Por eso yo no me atrevería a poner un ejemplo general, porque lo que funciona en un lugar igual en otro no funciona.
– Si tuviera que priorizar tres medidas urgentes para fijar población en estos municipios, ¿cuáles serían?
– Diría que hay dos. La primera, superurgente, es el tema de la vivienda. Esa es la variable que hoy te condiciona todo. Si no tengo vivienda, no hay nada que hacer. Con los demás servicios te puedes mover, pero si no hay casas para vender o alquilar, ahí sí que te topas con un límite absoluto. Y en el mundo rural no es nada fácil encontrarla.
Luego, en segundo lugar, el tema de la movilidad. Hay que ver cómo facilitamos o cómo generamos soluciones. Es muy difícil, y seguramente muchas veces tendrá que ser prueba-error, pero la movilidad es clave. Ahora el hecho de que el trabajo esté en tu municipio no va a ser un factor determinante para que te quedes allí. Eso lo hemos visto hace mucho tiempo. Por ejemplo, con personas que trabajan en el sector público, como maestros o médicos, la grandísima mayoría no viven en los pueblos donde trabajan. Y pasa también en hostelería o en otros sectores que necesitan trabajadores en el medio rural y que tienen enormes dificultades para encontrarlos, precisamente porque nadie va a vivir allí.
La movilidad atraviesa todo esto. La gente que va hoy al medio rural no va a sentarse debajo de un árbol todo el día. Va a ir a comprar, va a llevar a los críos a actividades, va a salir, va a trabajar. Y lo tiene asumido.
– También insiste mucho en la importancia de las cabeceras de comarca.
– Sí, para nosotros eso es fundamental. El territorio se articula y se vertebra a partir de las cabeceras. En el momento en que la cabecera deja de funcionar, igual te deja de funcionar todo lo demás. Es un efecto dominó.
Por eso creemos que no solo hay que poner el foco en los municipios muy pequeños. También hay que mirar qué está pasando con las cabeceras y con otras localidades que vertebran territorio. Si esas cabeceras se deterioran, se resiente todo el entorno.


