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La UD Logroñés juega contra el mal de altura

El mal de altura -también llamado soroche o mal agudo de montaña- es la reacción del cuerpo cuando un individuo asciende demasiado rápido a zonas con menos oxígeno disponible. No tiene nada que ver con estar más o menos en forma. Incluso deportistas entrenados lo pueden padecer. A mayor altitud, la presión atmosférica baja. El aire sigue teniendo aproximadamente el mismo porcentaje de oxígeno, pero cada respiración aporta menos oxígeno efectivo al organismo. El cuerpo intenta compensarlo, y la persona afectada respira más rápido, el corazón se acelera, pierde más líquidos, le resulta complicado poder descansar, y con los días, produce más glóbulos rojos. El problema llega cuando el ascenso es demasiado rápido y el cuerpo no tiene tiempo para aclimatarse.

Es en lo que ha estado trabajando toda esta semana Unai Mendia. Para evitarlo, claro. No quiere ni oír hablar de que la eliminatoria que se pone esta noche -a partir de las 20:15 horas- en juego está solventada. El 0-2 es un gran resultado. Y más si se tiene en cuenta que como tercero, la UD Logroñés, recibe a un Getafe B, que como cuarto, debe superar el resultado encajado en la ida porque en caso de empate al final de la prórroga, pasa el mejor clasificado en la temporada regular. Por tanto, solo a partir de los tres goles de diferencia pasarían los madrileños a la gran final.

El resultado cosechado en la ida es el mejor que ha conseguido esta entidad en toda su historia cada vez que ha jugado por ascender de categoría. Pero por delante quedan noventa minutos en los que puede pasar de todo. El Getafe B es un buen equipo. Dinámico, agresivo, fuerte, con carácter, joven y de calidad en las individualidades. Por tanto, virtudes de sobra para darle la vuelta a este marcador, con el añadido de que no tiene nada que perder, y por el contrario, sí mucho que ganar. Desde esa sensación de urgencia, los partidos en la cuarta categoría del fútbol español pueden descontrolarse.

Lo visto en Getafe -más allá del resultado- invita el optimismo. El equipo riojano fue mejor. En ningún momento el filial dio la sensación de poder superar a los riojanos, que controlaron la cita con nervio, tensión, ganando cada duelo, disputando cada balón, y resolviendo con acierto en las dos áreas, muy concentrados en su gran Talón de Aquiles durante la temporada: el balón parado. Es lo que quiere mantener vigente el técnico, que ha apretado las tuercas a los suyos durante toda la semana.

«Si no metemos el pie como en Getafe estaremos equivocados y acabaremos sufriendo». No le importa ni tan siquiera la amarilla recibida por Muguruza en la ida. De ver una segunda, su participación en la vuelta de una posible final estaría en riesgo. Con la tercera cartulina se cumple un partido de sanción durante estos playoffs. «Ni he pensado en eso. Solo quiero estar en la final», confirmaba el pasado jueves el técnico vasco. Y para ello, sabe que su equipo deberá rendir al máximo nivel, tal y como hizo el pasado domingo en tierras madrileñas.

Los síntomas más frecuentes del mal de altura, cuando éste se produce, suelen parecerse a una mezcla entre resaca y gripe leve. El típico dolor de cabeza, cierto mareo, náuseas, fatiga exagerada, sensación de falta de aire, pérdida de apetito e insomnio. Es precisamente lo que le sucedería a la UD Logroñés si este sábado acabara abruptamente la temporada. Los caminos de los playoffs son inescrutables. Y la duda, que acecha, puede retorcer voluntades. Se precisa de cierta fortuna, dando por hecho que el carácter competitivo se fijará más allá del 100% por parte de cada uno de los jugadores locales.

La UD Logroñés está ante la oportunidad de meterse de nuevo en una final por un ascenso. La dinámica es inmejorable. El equipo está bien. Nada hace sospechar que el mejor equipo local de la temporada en el Grupo 2 no vaya a marcar en casa, no vaya a defender una renta tan importante, no vaya a ser capaz de mantenerse en pie tras el buen resultado de la ida. Para ello, Mendia ha trabajado en lo táctico para evitar ciertos desajustes defensivos en los desmarques que desarrolla un rival que abusó en exceso del balón largo. Quizás el Getafe B tenga capacidad para cambiar de libreto y hacer otras cosas. Y Mendia exige a todos el mejor nivel para al menos no ponérselo fácil.

«Que si nos eliminan no sea por no haberlo dado todo». No es que Mendia se ponga una venda ante una posible herida. Es sencillamente la voz de sus experiencias. Ha estado en el otro lado, donde se encuentra el Getafe B. Y le salió bien. Tanto con el Rayo Vallecano como con el Teruel, por eso no se cansa de advertir a navegantes que nada está hecho y que quedan noventa minutos complicados para firmar una final. Si sobreviene el mal de altura llegarán los problemas y hasta alturas de temporada, estos son irreversibles.

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