La Rioja

Cuidado animal a domicilio: “No son mascotas, son compañeros de vida»

Tamara Ojeda pasea perros y acompaña animales en sus propias casas mientras sus dueños trabajan, viajan o necesitan desconectar

Antes de sacar a pasear a un perro al que acaba de conocer, Tamara Ojeda prefiere sentarse un rato con él, observar cómo se mueve por la casa y esperar a que sea el propio animal quien decida acercarse. «Ellos también necesitan saber quién eres».

Habla despacio, como si todavía conservara algo de la calma que encontró hace unos años en un santuario de animales en Girona, rodeada de ovejas, cerdos y cabras rescatadas. Allí pasó un verano que, según cuenta, le cambió la vida.

Hasta entonces, su vida había sido muy distinta. Nacida en Logroño, Tamara estudió Administración y Dirección de Empresas en La Rioja y después se marchó a Madrid, donde trabajó durante años en marketing y comunicación. Una vida rápida, urbana, llena de horarios, objetivos y pantallas.

Pero algo se rompió después de la pandemia. «Fue un punto de inflexión muy grande. Empecé a replantearme muchas cosas: cómo vivía, qué necesitaba y hacia dónde quería ir».

En 2024 decidió irse como voluntaria a Gaia, un santuario de animales en Girona dedicado al rescate de animales considerados de granja. Allí convivió durante un mes con animales a los que, reconoce, nunca antes había mirado realmente de frente. «Cuando conectas con ellos y convives de cerca, te cambia la mirada. Te das cuenta de que buscan exactamente lo mismo que nosotros: tranquilidad, cariño y sentirse seguros».

Habla de aquel verano casi como quien recuerda un retiro espiritual. Naturaleza, silencio, rutinas lentas y días enteros dedicados simplemente a cuidar. «Volver después a la ciudad fue durísimo. Sentía otra vez el ruido mental, las prisas y el estrés constante».

Poco tiempo después regresó definitivamente a Logroño. Y casi sin buscarlo demasiado, apareció una idea. Una amiga le pidió que se quedara cuidando de sus perros durante un viaje. Luego llegaron otras personas. Después, recomendaciones. Así empezó a dedicarse al cuidado de mascotas a domicilio.

Hoy ofrece paseos, visitas y estancias en casa de los propios dueños. Un servicio que cada vez buscan más personas que prefieren evitar residencias o guarderías tradicionales para sus animales. «Muchos perros sufren cuando se separan de sus personas de referencia, y si además los sacas de su entorno, todo cambia para ellos».

Por eso Tamara insiste en mantener las rutinas: los paseos de siempre, el sofá de siempre, los olores de siempre. «Los animales son mucho de lugar seguro», dice.

Antes de aceptar cualquier cuidado, siempre realiza una primera toma de contacto. Quiere observar cómo se mueve el animal, cómo reacciona, cuánto tarda en acercarse. Habla de ellos casi como si hablara de personas tímidas a las que hay que dejar espacio. «Cada uno tiene su carácter, sus tiempos y también sus heridas».

En los últimos años, la relación entre personas y mascotas ha cambiado profundamente. Los animales ocupan un lugar cada vez más emocional dentro de las familias y alrededor de ellos han surgido nuevos servicios, seguros, hoteles y cuidadores especializados.

En ciudades como Logroño, donde todo eso todavía avanza lentamente, propuestas como la de Tamara comienzan a encontrar su hueco. Muchas de las personas que contactan con ella, cuenta, nunca habían dejado antes a sus animales con desconocidos. Otras necesitan ayuda para compaginar viajes, trabajo o simplemente unos días de descanso.

Porque sí, también existe cierto cansancio silencioso en quienes viven pendientes de horarios, paseos y cuidados constantes. «Hay gente que necesita desconectar un poco y sentirse tranquila sabiendo que su animal está bien», explica.

Pero más allá del trabajo, lo que permanece durante toda la conversación es la sensación de que Tamara no habla realmente de mascotas. Habla de compañía. De presencia. De una manera distinta de relacionarse con el tiempo. «Vivimos demasiado rápido. Un animal te obliga a parar, a observar y a estar».

Tamara reconoce que todavía está construyendo el proyecto y descubriendo hacia dónde puede crecer. «Estoy viendo poco a poco si funciona, si la gente lo necesita y cómo puedo enfocarlo», explica.

Mientras tanto, continúa recorriendo casas y paseos de Logroño con una idea muy clara en la cabeza: «Un animal no necesita grandes cosas. Necesita sentirse acompañado, tranquilo y querido».

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