Gastronomía

Portales aviva el fuego de La Chispa Adecuada

FOTO: Fernando Díaz

Tres meses después de encender de nuevo los fogones en Portales, La Chispa Adecuada empieza a reconocerse en su nuevo escenario. Tras una complicada mudanza -por duradera- desde Saturnino Ulargui hasta su nueva ubicación, la apertura no ha estado exenta de continuos ajustes hasta encontrarse cómodos en su nueva casa, levantada con todo lujo de detalles.

El cambio ha sido más profundo de lo que parecía desde fuera. No ha sido solo una mudanza: ha sido casi empezar de cero. Con la salvedad de contar con la confianza y entusiasmo de sus clientes de toda la vida, los que hicieron de La Chispa su lugar de encuentro, y que esperaban con ánimo la vuelta a la actividad de un espacio que atiende desde inicio de 2026 en la principal artería logroñesa, en la calle Portales.

«Una locura». Así resumen Virginia García y Rubén Hernández el arranque. Un inicio marcado por el éxito… y por el vértigo. «El primer fin de semana fue un poco caótico…», recuerdan. Reconocen fallos, nervios y la sensación de no llegar a todo. Pero también comprensión. «El cliente entendió que aquello era un estreno», constatan pasado el tiempo.

FOTO:Fernando Díaz/RIOJAPRESS

El ‘boom’ inicial superó incluso lo que ellos mismos habían imaginado. “Sabíamos que había ganas de conocer el nuevo espacio, pero no tanto», confirma Jorge García. Y eso, en parte, con una estrategia clara desde el principio: no inflar expectativas. El equipo optó por la prudencia tras meses de retrasos y problemas en la obra -en pleno Casco Antiguo de Logroño-, intentando «tener todo controlado» y gestionar el flujo de gente desde la entrada. Tres meses después, La Chispa ha avivado como pocos la gastronomía en la calle Portales, gracias a esa gastronomía reconocible basada en el producto ecológico, riojano pero con una revisión del recetario que la hace más internacional con picantes y ácidos propios de otras latitudes.

El nuevo local ha traído consigo un cambio clave: la separación de espacios. Antes, la barra y las mesas se chocaban, ahora, con un mayor espacio, La Chispa presenta una zona de gastrobar, más informal y canalla, y un salón más reposado. «Creemos que el principal cambio, al menos el más visible, es que el comensal gana espacio», asegura el chef Óscar Torres. La amplitud, el confort… «el cambio es significativo». No buscaban tener mucha más gente —apenas cuatro comensales más que antes— sino tener el espacio adecuado para mejorar la experiencia. «Lo que queríamos es que la gente estuviese cómoda». Más distancia entre mesas, más accesibilidad, un servicio más amable.

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«Creemos que el tema de la barra todavía cuesta un poco», admite Jorge. Mientras el comedor funciona con naturalidad —reservas, comidas, cenas—, el gastrobar genera dudas. «La gente no sé si tiene miedo a venir aquí o es que no sabe aún que se puede venir a tomar un vino, una caña y un pincho». Para ello, anuncian cambios. «En nada vamos a tener una amplia carta de vinos por copas, y la semana que viene vamos a presentar un menú para la zona gastrobar por 25 euros con tres entrantes, un primero y dos segundos a elegir», anuncia Óscar.

Con el sello de La Chispa, es decir, rico, sano, reconocible, divertido… «Pero sin perder lo que ya hacemos para la barra: las croquetas, la ensaladilla rusa, las patatas bravas… Platos que no podíamos hacer todos los días en la antigua ubicación por temas de espacio y que ahora podemos servir sin problemas», indica Jorge.

El mensaje es claro: no hace falta sentarse «de manera seria». La propuesta sigue siendo reconocible. «Venir a tomarte una caña, pedirte una gilda, unas croquetas… y marcharte». Esa es la idea que ahora quieren reforzar. «Empezamos siendo eso, y ahora lo podemos hacer de nuevo porque tenemos dos espacios perfectamente delimitados», remarca Virginia.

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Las piezas encajan. Han comenzado a reservar mesas altas en el gastrobar, pronto llegarán las reservas on-line, la carta también es digital… Superado el primer impacto, el proyecto entra en una segunda fase: la de encontrarse. «El arranque ha sido un poco ‘sálvese quien pueda’… ahora sí que estamos empezando a tener todo más controlado», reconocen, «aunque ahora sentimos la incertidumbre de cómo será el verano en esta nueva ubicación, qué tipo de clientela tendremos…». Como apunta Jorge, «la incertidumbre lógica de todo cambio».

El objetivo ahora es entender al cliente, el ritmo de la calle y el comportamiento del negocio en un entorno muy distinto. «Tenemos que saber qué nos depara el verano… aquí pasa mucha más gente que antes». Portales no es Saturnino Ulargui, y eso obliga a adaptarse. Aun así, hay certezas. La clientela fiel ha respondido: «Está viniendo». Y, además, ha llegado público nuevo, algo que formaba parte del objetivo del traslado.

La cocina: revisar y luego crear

En cocina, Óscar lo tiene claro: primero ordenar, luego crecer. «Más que crear nuevos platos, lo que estamos es adaptando los antiguos». El cambio de espacio exige otra escala: platos más grandes, nueva vajilla, otra presentación.

La creatividad llegará, pero paso a paso. De momento, pequeñas incorporaciones como la tarta de chocolate conviven con una revisión general de la carta.

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En paralelo, ya asoman nuevas ideas: un menú más informal en el gastrobar —tres entrantes, principal y segundos a elegir— para atraer público entre semana. «Si funciona, igual se puede abrir también el miércoles», piensan en alto. Están abiertos a muchas cosas nuevas, como la de abrir para grandes grupos: «Lo cierto es que está funcionando muy bien».

En medio de este proceso de ajuste, hay algo que no cambia: la filosofía. La ambición no pasa por estrellas ni reconocimientos externos. «Cuando nos preguntan si vamos a por la estrella Michelin… decimos que no». La respuesta es directa. “El mejor premio es tener el restaurante lleno”. Es algo que tiene muy claro Óscar, y también el resto de socios. Y así es como se protege la identidad de un proyecto: «La Chispa sabe a humo, sabe a cítricos, sabe a ácidos… y seguiremos así». Misma esencia, nuevo envoltorio.

FOTO:Fernando Díaz/RIOJAPRESS

La sensación general es de aterrizaje, de quien llega a un nuevo lugar con muchas cosas en cajas y hay que organizar los espacios. El aprendizaje es constante, la calidad de la cocina persiste. «Necesitamos un periodo de tiempo para ver cómo se comporta la gente… y cómo nos comportamos nosotros», argumenta Jorge. Ese es el verdadero reto.

Porque La Chispa Adecuada ya no es la de antes, aunque siga siéndolo en la práctica. Ha cambiado el espacio, el flujo, el tipo de cliente. Y ahora toca ajustar todas las piezas. Las expectativas, de momento, se cumplen. «A partir de aquí solo puede ir a mejor», resume Óscar. Pero La Chispa ya está encendida, y ahora están avivando la llama de la buena cocina.

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