El Rioja

La larga guarda del relevo

Fotos: Fernando Díaz/RIOJAPRESS

Miguel Ángel Rodríguez y su hija Silvia, primera y segunda generación de la bodega Vinícola Real 200 Monges, han protagonizado un hito en la historia de la Catas Underground al representar el legado de padre a hija en el mundo del vino. Un «honor» para uno; un «orgullo» para otra. Juntos han reflejado la evolución de una firma familiar que ha sabido cruzar fronteras dentro de la DOCa Rioja para dar con esas parcelas, con esas maduraciones, con ese potencial de envejecimiento.

Porque si algo caracteriza a esta bodega afincada en Albelda de Iregua, aunque con raíces en San Vicente y con proyectos en el Alto Najerilla es el potencial de guarda de sus vinos, tanto en lo que constituye los orígenes de la casa como en las referencias más experimentales. Todo ello se ha catado este miércoles en la tercera cita del VII ciclo organizado por NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin e Intranox y con los pinchos de Delicious Gastronomía como maridaje.

Una velada inaugurada con el Reserva Blanco 2013, un vino que llega de la zona de Badarán y que tiene detrás varios años de aprendizaje. «En los blancos quería encontrar frescura y longevidad, pero no lograba dar con la tecla correcta. Tenía que buscar las parcelas idóneas y fue allí, en la cuenca del río Najerilla, donde las encontré. Parcelas con las que empezamos comprando uva y vendiendo casi todo lo que elaborábamos porque queríamos seguir aprendiendo de esas viñas, de esas uvas. Así fue como conseguimos elaborar este blanco de guarda, fresco, intenso, con acidez y que mantiene los cítricos. Y a partir de ahí ampliamos la zona de trabajo a Cañas y Canillas», relataba Miguel Ángel.

Una particularidad de los blancos de la bodega son sus largas fermentaciones, que se prolongan entre dos y cuatro meses. «El vino empieza a fermentar en depósitos de acero inoxidable pero a mitad del proceso lo pasamos a barrica y ahí hace un tercio de la fermentación».

La mente inquieta del precursor de 200 Monges le llevó a elaborar también un rosado con la categoría de reserva cuya añada 2017 es la primera y única que está en el mercado, la misma que se ha catado al abrigo de El Calado. Un vino más reductivo donde destaca el mestizaje de zonas, desde el valle del Iregua a la Sonsierra y llegando al Alto Najerilla. En es caso, «mientras la viura (la uva mayoritaria) está fermentando, se introducen los racimos de garnacha enteros y se produce una especie de maceración carbónica». Una mezcla de parajes y territorios que también se ha catado en el Reserva Tinto 2015 y sobre la que Miguel Ángel hace una puntualización al respecto sobre la confluencia de factores que dan el éxito a un vino: «Ahora parece que todo en un vino depende del ‘terroir’ del que procede, pero se olvidan las manos del agricultor, la forma de conducción de ese viñedo, el manejo e incluso las condiciones ambientales de la propia bodega, que en nuestro caso son claves para asegurar que nuestros vinos no sufran evoluciones y ejercen de hilo conductor de todos nuestros vinos. Lo importante es estudiar esa viña y elaborarla durante años para aprender a interpretarla».

Tras un repaso por los vinos más emblemáticos de la bodega llegó el turno de las ‘Singularidades’ de 200 Monges. «Vinos que muchas veces no se reconocen dentro de Rioja», asegura Silvia. «¿Es un supurao?». ¿»¿Amontillado? ¿De Jerez?». «¿Esto no lo sitúo en Rioja?», se escuchaba entre el público antes de ver la ficha de cata del Maceración con pieles 2011. Un vino que proviene de una viña en Villar de Torre, a unos 750 metros de altitud y que «nace sin ser buscado». «En una parcela donde habitualmente hay presencia de botrytis aquel año no hubo nada, así que la uva iba madurando y cuando ya estaba pasificada la cogimos. La fermentamos como los tintos, con hollejos y sacamos el vino a unas barricas donde acabó de fermentar porque necesitábamos ese depósito. No teníamos ninguna esperanza en ese vino, pero cuando al cabo del tiempo lo probamos de las barricas vimos que tenía algo. Él solo hizo la crianza oxidativa y en alguna barrica llegó a formarse un velo. Es una auténtica rareza», relataba su creador ante unos asistentes expectantes.

Aunque para sorpresas también la del Vendimia de Invierno 2012, si bien padre e hija prefiere llamarlo vino de botrytis (se elabora con el 70 por ciento de uvas botrytizadas). «A diferencia del anterior, aquí no hay una pasificación por asolamiento, sino una desecación de la uva, una deshidratación por perder el agua. Lo que se consigue es un vino dulce pero todavía con acidez», apuntaba Silvia.

De aquellas ‘Singularidades’ se cató también la joya de la viña de «la Basi», también conocida como el Alto de Valdemorche, catalogada como Viñedo Singular. Un monovarietal de garnacha de Badarán del que continúan aprendiendo, probando con nuevos materiales y nuevos formatos de crianza, «siempre en busca de la mejor expresión e interpretación del ‘terroir'». La nueva generación de 200 Monges define esta parcela como un proyecto en desarrollo y es que aspiran a hacer un gran vino de guarda de ella. «Queremos aprender hasta qué momento se mantiene la frescura de la garnacha y que se convierta en algo diferenciador, por eso seguimos trabajando con este vino como aprendices», resalta Miguel Ángel, quien vive un aprendizaje todavía mayor: delegar en alguien en quien confías apostando por que los vinos «sean capaces de dejar un recuerdo».

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