Tinta y tinto

La suerte de no depender

Regularización de inmigrantes en el Ayuntamiento de Logroño

Hay decisiones que no hacen ruido, pero dicen mucho. Esta semana hemos visto dos en La Rioja que, sin necesidad de grandes titulares, dibujan un mapa político bastante más interesante de lo que parece a simple vista. Por un lado, el Ayuntamiento de Logroño ha optado por seguir adelante con la gestión del proceso de regularización extraordinaria de inmigrantes, pese a la consigna lanzada desde la dirección nacional del PP. Por otro, el Gobierno de La Rioja ha respaldado el nuevo Plan Estatal de Vivienda, desmarcándose de la posición más ambigua -cuando no directamente crítica- que se ha visto en otros territorios gobernados por los populares.

Gonzalo Capellán y Conrado Escobar han hecho algo poco habitual en la política actual: priorizar el contexto local y regional sobre la estrategia nacional. Del primero no nos sorprende tanto, ya que es un conocido ‘verso libre’ que nunca se ata a los cambiantes designios semanales que intenta marcar Génova. En el caso del segundo, por una vez, parece que han pesado más las razones lógicas de la ciudad que las posibles broncas madrileñas. Ya veremos en la próxima inauguración de un carril bici si coincide con un acto del partido.

El asunto, en el fondo, tiene una explicación bastante menos romántica de lo que podría parecer: pueden hacerlo. Recordemos, querido lector, que el PP gobierna con mayoría absoluta tanto en Logroño como en La Rioja. No necesita negociar cada movimiento ni tiene que medir cada palabra pensando en el socio de turno, aunque alguno se empeñe en escuchar más voces de las que debería. Ninguno está obligado a tensionar el discurso para mantener un equilibrio inestable. En definitiva, que no dependen de Vox.

Ya lo adelantó Pablo Hermoso de Mendoza en un discurso de señor pronunciado en la sede del PSOE aquella noche electoral del 28 de mayo de 2023, cuando ya estaba claro que el Ayuntamiento de Logroño cambiaba de manos. Una frase que entonces sonó a despedida elegante y hoy suena casi a profecía: «Me parece muy interesante que el PP no tenga que depender de partidos extremos. Políticamente es algo muy relevante». Acababa de perder la Alcaldía, pero sentía que dentro de esa derrota había una victoria como sociedad. A veces, para ganar hay que perder.

Porque cuando no hay dependencia, hay margen. Y cuando hay margen, aparecen decisiones que no siempre encajan en el argumentario nacional, pero sí en la realidad de cada territorio o de cada ciudad y el contraste es evidente si uno mira fuera. Ahí está el caso de Extremadura, convertido en una especie de laboratorio político donde la dependencia de la extrema derecha ha desplazado el debate hacia conceptos tan difusos como esa supuesta «prioridad nacional» que nadie termina de concretar. Un eslogan en busca de problema. Porque lo cierto es que Extremadura es la comunidad con menor porcentaje de población extranjera de España (4,1 por ciento). Fenomenal. Soluciones inexistentes para problemas inexistentes.

Ese es el riesgo de gobernar condicionado: que la agenda política deja de responder a la realidad y pasa a responder a la necesidad de justificar acuerdos. En La Rioja, de momento, el guion es otro. Pero no está exento de matices. En Calahorra, por ejemplo, Mónica Arcéiz gobierna a un concejal de la mayoría absoluta. Podría apoyarse en Vox. Tiene dos ediles disponibles. Sin embargo, ha optado en varias ocasiones por buscar el respaldo del concejal de Izquierda Unida, quien sólo pide hacer algún conciertillo y asuntos menores para mejorar el día a día de sus vecinos.

Una decisión pragmática, pero también reveladora. Porque incluso sin depender formalmente de la extrema derecha, su presencia condiciona en la ciudad bimilenaria, marca el terreno de juego, introduce temas inesperados en la conversación y obliga a posicionarse sobre algo que realmente sólo existe cuando se habla de ello, pero que no puede estar más alejado de la realidad. Ahí es donde aparecen las dudas y ahí están algunas decisiones recientes respecto a los inmigrantes en Calahorra: incomodidad e incluso nerviosismo en la alcaldesa ante la aceptación del discurso xenófobo. Y es que no hace falta pactar para verse influido porque las encuestas siempre han hecho mucho daño y han sido focos de muchos nervios.

Esa es, quizá, la lección de fondo. La autonomía política no solo depende de los números, sino también del clima y de la capacidad de resistir la tentación de simplificar debates complejos en consignas fáciles. Bastaría con no comprar problemas ajenos para ofrecer soluciones rápidas. Y en eso, La Rioja sigue moviéndose en una especie de equilibrio tranquilo. Sin grandes gestos ni conflictos. Con esa tendencia tan propia a rebajar el volumen cuando fuera todo el mundo grita. La tierra con nombre de vino donde nunca pasa nada. O donde, cuando pasa, pasa así: sin aspavientos, sin épica… y con la sospecha de que, a veces, la verdadera suerte no es ganar, sino no tener que depender de según quién.

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