Estos días estamos los logroñeses, sobre todo los que vivimos cerca del Espolón, «disfrutando» de unas noches la mar de animadas, con música, alegría y altavoces a todo volumen, pasadas ya las diez en días laborables.
Sí, me refiero al llamado Festival Intercultural de las Naciones, que vuelve cada año para animarnos las tristes y anodinas vidas que tenemos. Del 21 de abril al 3 de mayo tenemos jaleo y ruido en esta plaza, que casi nunca se ve ya libre de jaimas o titiriteros para disfrute tranquilo de familias, niños o mayores. Un inacabable aroma a fritanga acompañado de música para amenizarnos por la noche a los que madrugamos.
Por lo visto, nuestro Consistorio es colaborador del evento, faltaría más. Si no, no se entendería la okupación de la plaza durante dos semanas para este sarao.
No es la primera vez, ni la última, que este espacio emblemático es asaltado para montar cualquier evento, ya sea para el «Pingostock», para una feria cervecera, para plantar unas jaimas con una supuesta artesanía local o, recuerdo, para realizar un asentamiento de varios días para protestar por el tema palestino. Cualquier excusa es válida para que El Espolón esté siempre lleno de tenderetes, carpas y personajillos varios.
El Espolón, otrora plaza de encuentro para el paseo y el disfrute tranquilo, es hoy un zoco por donde desfila lo más variopinto que uno pueda imaginar. Una pena.
Y lo del Espolón no es casualidad. La alcaldía y concejalías parece que tienen como objetivo, no el bienestar y la atención a las necesidades reales de los logroñeses (que poco o nada demandan «festivales» como este) sino el hacer cosas que aparenten mucho, con muchos fuegos de artificio, pero que se demuestran carentes de sentido. Y, lo que es peor, sin que respondan a nada de lo que los ciudadanos necesitan.
En este sentido podemos incluir cosas como carriles bici que nadie usa, aparcamientos en mitad de la calzada, patinetes sin control por aceras y calles, calles a oscuras por falta de iluminación, aceras cada vez más sucias (esto de la suciedad lo comentan los que vienen por Logroño cada cierto tiempo) o zonas enteras, como las peatonales de las Cien Tiendas, en permanente mal estado.
Hay zonas de Logroño que también sufren el ruido y los espectáculos constantes, como la zona de Murrieta, por no hablar de los residentes en el Casco Antiguo. Sí, Logroño es ya un parque temático de primer nivel, ya no solo por las despedidas de soltero, sino por el empeño de los que rigen la ciudad en convertirlo en un espectáculo permanente. Mientras nos quieren distraer con todo este teatro, lo importante, nuestro bienestar, sigue estando en segundo o tercer plano, si es que han pensado alguna vez en ello.
Yo sugiero, aunque me temo que caerá en saco roto, que todo aquello que suponga ruido y molestias para los ciudadanos (hay que suponer que al 95 por ciento de ellos este Festival y otros eventos similares les trae al pairo) se traslade a algún espacio a las afueras de Logroño. Así, quien quiera «jaleo», lo puede tener, pero sin molestar a esa inmensa mayoría que no quiere que le secuestren sus calles y plazas y les priven de su legítimo uso y disfrute.
Y, por último, también convendría que se repensase qué modelo de ciudad se quiere para el futuro. Una que sea una pista de circo con todo tipo de atracciones, o una acogedora, limpia y atractiva para vivir o visitar.
Solo con ponerse en el lugar de cualquier ciudadano medio, las cosas se verían de otra forma. Pero es cuestión de querer hacerlo.
*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.


