«¡Al lío!». Jesús Sáinz ya tiene listo su atomizador para tratar una de sus fincas de perales en Rincón de Soto con el nuevo producto para combatir el fuego bacteriano, o al menos eso es lo que se espera de esta nueva fórmula. «No tenemos precedentes porque hasta ahora las herramientas que teníamos para luchar contra la enfermedad eran completamente ineficaces, así que solo podemos confiar en que este tratamiento funcione de verdad», remarca subido en su Kubota antes de comenzar a recorrer las calles espolvoreando las ramas y hojas de los frutales, una labor que ya comenzó a mediado de marzo, un poco antes de que los árboles comenzaran a brotar.
El producto en cuestión es el denominado PEA-02, desarrollado en Bélgica y autorizado de manera excepcional por el Ministerio de agricultura en La Rioja, Aragón y Cataluña entre el 15 de marzo y el 12 de julio de este año. Se trata de un bacteriofago, por lo que los virus naturales son los que infectan y atacan a la bacteria causante del fuego bacteriano, la Erwinia amylovora.

«Ya nos han dicho que este tratamiento no es del todo definitivo, pero no tenemos otra alternativa a la que agarrarnos. Además, partimos de que este producto no se ha usado aquí, así que la enfermedad no es inmune a él y, por tanto, los resultados pueden ser mucho más efectivos y rápidos porque puede tener un impacto tremendo. Esperemos que funcione porque no nos queda otra», asegura Adolfo Nájera, presidente de la SAT Valle de Rincón y otro de los agricultores que han aplicado este producto..
El coste de este bacteriofago ronda los 124 euros por hectárea, teniendo en cuenta que para cada hectárea se emplean unos mil litros de agua con la que se mezcla el producto. «Es un coste más, sí, pero lo que es realmente caro es tener que pasar una y otra vez por tus fincas retirando ramas y tirando peras al suelo. Ahí sí que se pierde dinero», recalca Sáinz.

Jesús Sáinz sostiene una rama afectada por fuego bacteriano.
Una tarea que han tenido que hacer incluso durante el invierno, cuando se espera que el fuego frene sus ataques, si bien esta vez no ha sido así. «No se ha parado y hemos tenido que estar limpiando árboles. Sin embargo, para estar fechas debería haber vuelto a despertar la enfermedad pero las condiciones meteorológicas lo mantienen en parada: hace calor, pero no hay humedad ni aguadas a las mañanas, además de que sopla el viento, por lo que seca. Todo eso nos mantiene protegidos y llevamos ya más de un mes y no se ve nada, por suerte, más allá de las ramas viejas infectadas que tal vez no se vieron el año pasado y no se retiraron y ahora al mover los árboles otra vez se quedan desnudas. Así que tocará repasar de nuevo los árboles para limpiarlos», apunta Sáinz mientras retira unas ramas para dejar al descubierto la que está ataca por el fuego. «Mira, en este caso por debajo de donde ha salido la enfermedad ya han nacido los nuevos brotes por la enfermedad se ha parado un poco más arriba».

Rama afectada por fuego bacteriano.
Uno de los momentos críticos de infección es la floración y esta vez los agricultores de Rincón confían en que lo han superado gracias a esta novedosa aplicación: «La flor abrió rápido, pero lo que es el periodo de floración se prolongó durante más tiempo de lo normal porque las temperaturas bajaron. Eso hizo que aumentase el riesgo porque los árboles estaban expuestos durante más tiempo, pero la meteorología estuvo de nuestro lado y creemos que no afectó, y si lo hizo veremos los daños más tarde». Nada que ver a la situación del año anterior, cuando la lluvia no dio tregua ni durante el invierno ni durante la primavera.
En este sentido, no descartan dar más tratamientos antes de la fecha límite si la situación así lo requiere, ya que otro de los momentos críticos de infección es tras una tormenta de granizo que machaque los árboles. «No se volverá a tratar hasta que no haya otra situación de riesgo y entonces nos informarán a través de los boletines informativos».
A través de la mesa técnica del fuego bacteriano, creada el año pasado para coordinar un plan de actuación contra la enfermedad y constituida por fruticultores y técnicos, han propuesto que si con este bacteriofago no es suficiente se permita la aplicación bactericidas sistémicos. «Ya ocurre en el sector ganadero cuando aprueban productos de emergencia con un seguimiento protocolario de los veterinarios, por lo que queremos solicitar que también se pueda trasladar esa situación de emergencia a los perales. Antes de los 2000 aquí había bactericidas sistémicos que han funcionado bien y entonces no se conocía el fuego bacteriano, así que si la enfermedad continúa nos plantearemos solicitar su uso al Ministerio a través de la Consejería, siempre detrás de una argumentación técnica y sólida y con aplicaciones puntuales para no dejar residuos. En zonas de América, por ejemplo, se usan y están demostrando su efectividad y, aunque no sea del cien por cien, al menos no implican tener que quitar tanta masa vegetal», refleja Nájera .

Estos dos agricultores estiman que el año pasado se perdieron unas 140 hectáreas de perales, sin contar con todas las fincas que redujeron su masa vegetal y que también derivan en pérdida de producción. «Esta plantación en la que estamos igual está ya en un 40 por ciento de su producción habitual, la que solía recoger hace tres o cuatro años, y aún hay que quitar más ramas, así que ya veremos en cuánto se queda para esa campaña. Además, el otro problema añadido es que ya no se hacen nuevas plantaciones, por lo que el potencial productivo de la DOP sigue cayendo. Al principio replantábamos, pero a el fuego volvía a atacar a los pocos días porque se extiende más por los árboles jóvenes que por los viejos», indica Sáinz. De hecho, la última plantación la hizo la SAT hace dos años y, aunque a día de hoy evoluciona bien, reconocen que hasta el tercer o cuarto año que empieza la flor el riesgo es menor porque no existe ese momento crítico de infección. «Por eso es tan importante contar con productos que funcionen».
El cultivo de la pera sigue siendo rentable porque el fruto se venden bien y «hay una diferenciación de calidad con otras marcas y eso garantiza un buen mercado». «Es un cultivo que podría ser una buena salida para los agricultores riojanos, ahora que hay tantos problemas en otros sectores agrarios, pero es que ya no solo para agricultores, sino para almacenistas también. Las peras tienen bastante industria detrás porque una vez llegan del campo toca procesarlas, seleccionarlas, etiquetarlas, … Todo eso genera un valor añadido en la zona muy importante con puestos de trabajo. Lo pero que puede haber en un sector es la incertidumbre y en este caso es porque carecemos de herramientas para su gestión. Hay que proteger el cultivo para evitar que se abandone».


