Los vecinos del entorno de la antigua estación de autobuses de Logroño cumplirán el próximo viernes un mes exacto viviendo una situación que, en pleno siglo XXI, resulta difícil de asumir: la ausencia total de conexión a internet en sus hogares. En la manzana que abarca la Avenida de Pío XII y la calle Belchite, al menos 24 familias se han quedado sin servicio de fibra óptica tras la interrupción de la red vinculada a Movistar.
Lo que comenzó como una incidencia puntual el pasado 24 de marzo se ha convertido en un problema enquistado, sin fecha de resolución y con un cruce de responsabilidades entre administraciones y empresas que mantiene a los afectados en un limbo. Mientras tanto, la vida cotidiana -y laboral- de los vecinos se ha visto completamente alterada.
Carolina, una de las afectadas, trabaja en remoto y relata cómo la caída del servicio trastocó de inmediato su rutina: «Empecé compartiendo datos del teléfono al ordenador como para poder trabajar». Una solución provisional que, con el paso de los días, ha evidenciado sus limitaciones.
«Para nosotros internet no es un lujo. Es una necesidad primaria», subraya. La falta de conexión no solo impide teletrabajar con normalidad, sino que afecta a otros servicios básicos del hogar: «No tenemos televisión porque todo va con internet. Es como tener una pantalla negra».

La situación ha obligado a muchos vecinos a hacer «malabares», recurriendo a datos móviles de escasa cobertura o desplazándose a casas de familiares para poder cumplir con sus obligaciones laborales.
El origen del problema apunta a las obras de remodelación en la antigua estación de autobuses, un edificio de titularidad municipal en proceso de transformación urbanística. Según explican los vecinos, en ese espacio se ubicaban las cajas generales de fibra. «Les pidieron a las operadoras que las trasladaran, pero Telefónica no lo hizo», relata Carolina. Ante esta situación, y en el marco de las obras, dichas infraestructuras fueron retiradas, dejando sin servicio a toda la manzana sin previo aviso a los afectados.
El resultado es un escenario de incertidumbre en el que ninguna de las partes asume claramente la responsabilidad. Desde el Ayuntamiento se señala a la operadora, mientras que los clientes denuncian la falta de respuesta efectiva por parte del grupo Telefónica.
Sin soluciones… y con facturas
Uno de los aspectos que más indignación genera entre los afectados es que, pese a no disponer del servicio, continúan recibiendo las facturas mensuales. «Si no reclamas, no te descuentan nada», lamenta Carolina, que paga alrededor de 60 euros al mes por un paquete que incluye fibra y telefonía.
Las compensaciones ofrecidas, además, resultan irrisorias: «En el primer reclamo me dijeron que me devolvían tres euros». Una cantidad que, asegura, no responde a ningún cálculo claro y que ejemplifica la falta de transparencia en la gestión de la incidencia.
A ello se suma la dificultad para tramitar reclamaciones y la ausencia de alternativas provisionales. «Pregunté por un módem 5G o alguna solución temporal y me dijeron que no», explica.
Una salida bloqueada
Ante la falta de soluciones, muchos vecinos han optado por intentar cambiar de operador. Sin embargo, la estrategia tampoco está resultando sencilla. «Fuimos a Vodafone, pero tampoco podían conectarnos. Entendemos que el problema afecta a toda la infraestructura», señala.
Ahora, algunos esperan poder instalar servicio con Orange, aunque sin garantías de que la conexión pueda realizarse mientras persista el problema técnico en la zona. Lo más llamativo, según los afectados, es que desde la propia Movistar se les ha llegado a recomendar que cambien de compañía: «Es como si hubieran abandonado el servicio».
Lejos de ser un caso aislado, la incidencia afecta a toda una comunidad de vecinos que ya comienza a organizarse para dar una respuesta conjunta y la posibilidad de emprender acciones legales está sobre la mesa. «Estamos hablando con la administración de la comunidad para ver si podemos canalizar una reclamación conjunta e incluso acudir a un abogado», explica Carolina, que ya ha presentado una queja ante Consumo solicitando no solo la devolución de importes, sino también una compensación por los perjuicios ocasionados.
Mientras tanto, el día a día transcurre entre la incertidumbre y la frustración: «No sabemos quién es el culpable, pero a estas alturas eso ya da igual. Lo único que queremos es recuperar un servicio por el que estamos pagando».
Un mes después, la señal sigue sin volver y los routers continúan parpadeando en rojo en decenas de hogares logroñeses. Una imagen silenciosa que resume el desconcierto de un barrio desconectado.


