Daniel Ortiz / Manuel M. Cascante.- Arsenio Escolar participa desde este jueves en el XX Congreso Editorial del Club Abierto de Editores (CLABE), que se celebra en Logroño y San Millán de la Cogolla. Una cita que, con la participación de más de un centenar de profesionales del sector, pondrá sobre la mesa algunos de sus grandes dilemas: la inteligencia del idioma, la inteligencia artificial y el papel de los medios en la era del español digital.
El presidente de CLABE reivindica para el universo mediático la esencia más noble del oficio: más transparencia y autocrítica. Y lo hace, además, admitiendo errores y lanzando un deseo al aire: menos prisas en el ejercicio de una profesión en constante cambio pero, tal vez, más necesaria que nunca en un contexto dominado por el ruido y las trincheras.

Arsenio Escolar, durante su intervención en un evento del Club Abierto de Editores. FOTO: CLABE.
– ¿Cuáles son los objetivos del congreso de CLABE que se celebra en La Rioja?
– Reivindicar un oficio que no atraviesa su mejor momento y, al mismo tiempo, hacer lo que llevamos haciendo desde hace veinte años: ponernos en común, reflexionar y analizar las grandes cuestiones de la profesión. Es una oportunidad especial porque vivimos un momento delicado como colectivo, como negocio y como sector con visibilidad pública.
– Habla de un oficio que no está bien visto. ¿Qué ha pasado para llegar a este punto?
– Si uno mira cualquier encuesta reciente, verá que el periodista no sale especialmente bien parado. Y yo digo a menudo que la mala prensa que tiene la prensa nos la hemos ganado. Seguramente suena duro, pero creo que hay que decirlo así. Hemos cometido errores, muchos errores. Nos hemos vuelto locos con algunas adaptaciones tecnológicas, con la obsesión por el tráfico de visitas, por llegar antes que nadie, y nos hemos dejado por el camino algunos principios básicos del oficio, como la comprobación, la verificación o la idea de que no siempre lo más importante es ser el primero, sino hacerlo bien.
– ¿Se hacía mejor periodismo antes?
– Con menos medios tecnológicos, probablemente sí. Antes había menos prisa. Hoy puedes consultar veinte fuentes, pero si no las verificas y doce de ellas son ‘charcos’, acabas intoxicando la información. La inmediatez ha cambiado los ritmos: antes el periódico era una foto fija al día; ahora hacemos cientos cada jornada. Y las prisas son enemigas de la calidad.
– ¿Hay vuelta atrás en esa tendencia?
– No. La revolución tecnológica es un viaje sin fin. Siempre habrá nuevas herramientas y tendremos que adaptarnos continuamente. Las prisas, de hecho, probablemente irán a más. Eso sí, siguen existiendo espacios para el periodismo reposado, especialmente en publicaciones especializadas. El ecosistema es muy diverso.

– Nunca ha sido tan fácil crear un medio, pero eso ha conllevado también la proliferación de verdaderos especialistas en la difusión de bulos y fango.
– Exacto. Antes fundar un medio requería muchos recursos; ahora puedes empezar con un blog y crecer hasta convertirlo en un negocio sostenible. Pero esa facilidad también permite crear pseudomedios y generar ruido. Ahí hay responsabilidad compartida: del lector y de los profesionales. Por eso desde CLABE defendemos herramientas como un registro de medios que garantice transparencia y evite la competencia desleal en un mercado tan estrecho como el nuestro.
– ¿La falta de claridad sobre quién está detrás de algunos grandes medios influye en esa desconfianza?
– Sin duda. En los grandes medios tradicionales hay más transparencia, pero en muchos nuevos no está tan claro quién es el propietario o cuáles son sus intereses. Eso incrementa el ruido y la desconfianza.
– El congreso aborda cómo conviven los medios de comunicación con la inteligencia artificial. Para usted, ¿dónde están las líneas rojas?
– La IA ya está teniendo un impacto comparable al que tuvo la primera gran ola de internet, es una revolución enorme. Las líneas rojas son claras y deberíamos empezar a trabajarlas entre todos. En primer lugar, transparencia: el usuario tiene derecho a saber cuándo se ha utilizado inteligencia artificial en un contenido de cualquier medio de comunicación que se precie. Y en segundo lugar, la IA se alimenta de grandes bases de datos de todo lo publicado, pero ¿qué certeza tenemos de que el depurado se hace bien? Como periodistas debemos obligarnos a realizar ciertas comprobaciones, incorporar estas cuestiones a los libros de estilo y establecer reglas claras.

– ¿Está tan mal el periodismo en España como percibe la gente en las encuestas sociológicas?
– No. En todos los sitios se cometen errores. Pero es cierto que algunos medios internacionales han sabido adaptarse mejor que otros. La clave está en una idea muy sencilla que tomo de Darwin: cuando cambia el hábitat, no sobreviven las especies más grandes ni las más inteligentes, sino las que mejor se adaptan al nuevo entorno. Y nuestro hábitat ha cambiado radicalmente con internet.
– ¿Le preocupa que los adolescentes lleguen antes a los creadores de contenido que a los medios convencionales? Creadores de contenido, por cierto, con audiencias millonarias.
– No me preocupa, pero sí que debe hacernos reflexionar. La tecnología acelera los cambios y el oficio evoluciona. Incluso, en CLABE hace años decidimos abrirnos a integrar perfiles como blogueros o ‘influencers’, siempre que desarrollen proyectos sostenibles. No sabemos si esa será, precisamente, la especie dominante. Pero debemos observarlos y aprender.
– ¿Está hoy el público mejor informado que antes?
– Tiene la posibilidad de estarlo. Nunca ha habido tantas fuentes, pero otra cosa es que las utilice. Muchos buscamos información que confirme nuestras ideas. Ese sesgo siempre ha existido, pero ahora es más fácil alimentarlo. Aun así, las posibilidades son mucho mayores que antes.
– ¿La regulación debe venir de dentro del sector o desde fuera?
– Ambas cosas. La Unión Europea ya ha hecho un reglamento de libertad de medios que incluye muchas de las cuestiones que ha defendido CLABE desde el principio. Esa normativa va, fundamentalmente, en la dirección de garantizar la independencia de los medios, que el público y los competidores conozcan la propiedad empresarial y sus principales vías de financiación. Debemos autorregularnos, pero no podemos exigir transparencia a otros y no aplicárnosla a nosotros mismos.
– Si tuviera que apostar, ¿cuál será el principal cambio en el ecosistema mediático de dentro de diez años? ¿Desaparecerá la prensa gratuita, la de pago, el papel…?
– Sinceramente, no lo sé. Nadie lo sabe. Durante años se ha anunciado la desaparición del papel. Puede que la prensa diaria en papel esté abocada a reducirse mucho, pero no conviene dar nada por seguro. Lo que sí sabemos es que todo cambia muy rápido. Modelos que parecían imposibles, como la prensa impresa gratuita (Escolar dirigió ’20 Minutos’), triunfaron durante un tiempo y luego se desplomaron. En este sector, todo es prueba y error. Y quien encuentre un modelo que funcione, tendrá ventaja… al menos durante un tiempo.


