Ni es nieve tardía ni alguien ha vaciado cojines por todo Logroño. El Parque del Ebro vuelve a cubrirse estos días de ese manto blanco tan reconocible como traicionero para quienes miran al cielo y acto seguido estornudan.
Son las ‘pelusas’ de cada primavera, esos pequeños copos que flotan en el aire y acaban acumulándose en caminos, bancos y rincones de la ribera. Un fenómeno tan habitual que ya casi forma parte del calendario, aunque no por ello resulte menos molesto para algunos.
Y este año, además, el contexto no juega a favor. Tras un invierno especialmente lluvioso, los expertos ya habían advertido de que la primavera iba a venir movida en este sentido. El doctor Ángel Blasco, jefe de sección de Alergología, lo resumía así: «Las previsiones hablan de una primavera intensa a nivel de síntomas», en una temporada que, además, se ha adelantado.
Las abundantes lluvias han favorecido el crecimiento de la vegetación y, con ello, una mayor producción de polen. Un cóctel que se traduce en más días de molestias y en una sensación generalizada de que la alergia cada vez dura más tiempo.
Mientras tanto, en el Parque del Ebro, la escena se repite: remolinos de ‘algodón’ cruzando los paseos, acumulaciones en los rincones y esa duda constante entre si la estampa es bonita o el inicio de otro estornudo.


